El histórico grupo británico de hard rock toca por primera vez en Mendoza. Ian Astbury cuenta en esta entrevista cómo será el show.

The Cult, un lujito

Por UNO

–Han venido muchas veces a nuestro país. ¿Qué recuerdan del público?

–¿Qué hay que recordar? Es decir, amamos Argentina, es un largo vuelo y vamos porque amamos tocar ahí. Estamos emocionados por hacerlo nuevamente y conocer diferentes ciudades. De todos modos, en una situación de entrevista me parece que la gente está más interesada en leer acerca de otras cosas de la banda, no sobre qué opinamos nosotros del público. ¿No tenés otra pregunta sobre mí o sobre la banda?

–Claro, tengo muchas...

–Bueno, haceme una de esas preguntas, una buena pregunta...

Empezar de este modo una entrevista con un personaje como Ian Astbury, líder de la legendaria banda The Cult y nada menos que el frontman que The Doors eligió para remplazar al semidiós Jim Morrison en su regreso, es casi escalofriante.

Afortunadamente, la charla con el vocalista, cuyo grupo toca hoy en Mendoza en el estadio El Santo, tuvo un abrupto giro hacia un rumbo ameno, cordial y divertido luego de esa desafiante bisagra que planteó Astbury.

–Ok. La banda ha tenido una evolución sonora a través de las décadas del ’80 y el ’90, con una actualización constante que produjo que el público también se renueve. ¿Cuál es la búsqueda sonora en esta nueva década?–¿Qué estamos buscando ahora?... Esa sí es una buena pregunta.

A partir de allí, Ian Astbury dio su aprobación y se predispuso a hablar resueltamente de todo. De los nuevos formatos de difusión con los que The Cult ha experimentado el tono oscuro que han tomado su hard rock, los productos pop como Justin Bieber, su amor por la cultura japonesa, el cine, la música y fundamentalmente, cómo sobrevivir en el ambiente siendo una estrella de rock durante 30 años.

–Pienso que no hay una búsqueda. En realidad no estamos buscando nada, la idea es intentar capturar lo que nuestra experiencia es en este momento. En realidad no estás buscando cosas, estás escuchando, esperás y escuchás hasta que surja. Creo que eso es un modo interesante de expresión porque es como frenar la mente y esperar, y cuando algo sucede lo tirás adentro. Lo más importante es exponerse uno mismo a muchas influencias y fuentes diferentes. Así, cuando tenés que sacar algo de adentro dejás de mirar, dejás de escuchar, dejás de viajar y simplemente te detenés para dejarlo salir solo. Es enfocar las influencias y esperar para que ver que sale de eso. Ahora estamos escribiendo nueva música y suena diferente, pienso que suena oscura, bastante oscura.

–Tuve esa sensación al escucharla... ¿Es un retorno a su período gótico, un regreso al lado oscuro?–No, no podemos volver a ningún período. Nadie puede. Es imposible volver a hacer algo que ya hicimos porque hoy somos gente diferente. Somos una suma de lo que van viviendo nuestros corazones, nuestra imaginación y estamos abiertos a los cambios en el medio ambiente que nos rodea, por eso también cambiamos nosotros. Y es totalmente diferente lo que sentimos y vemos hoy con lo que vimos y sentimos antes. Nunca podríamos hacer esos discos de nuevo, es imposible. Si quisiéramos hacer nuevamente esa música, que ya está hecha, tal vez las quejas de algunos fans puedan inducirnos a eso, pero no creo que todos esperen lo mismo. Todo el mundo evoluciona.

–¿Por qué eligieron estos nuevos formatos encapsulados para su música?–Son extraños o, en realidad, no tan extraños sino únicos. Son formas frescas, es la visión del siglo XXI. El CD es un formato del siglo XX, así como otros formatos. Ahora, en nuestros días, los archivos digitales son la forma en la que gente ve la música. Cada vez más. Por eso accedí a esta forma de entrega y, además, los elementos visuales se han convertido en algo realmente importante. Quisimos acercarnos a esa tendencia. En Estados Unidos y Europa todas las tiendas de discos están cerrando, es muy difícil comprar un disco. Estaba en Nueva York y todo estaba cerrado, tal vez encontraba alguna pequeña tienda independiente, pero las grandes casas no estaban.

–¿Puede ser parte de una lenta muerte de la industria musical?–No es la industria musical. Son los empresarios, los tipos de los negocios. Por eso se están quedando afuera. Porque han sido muy avaros y codiciosos. No estaban prestando atención a lo que estaba pasando, no estaban escuchando a la audiencia y no estaban prestando atención al desarrollo de la tecnología. Es como un perro que sentado en la ruta ve que un auto lo está por golpear y no se mueve... así les pasó a estos tipos, esto estaba tan en sus narices... y no lo vieron. El comportamiento de la gente se los anunció, ellos lo dejaron pasar y ahora lo sufren.

–Ustedes vivieron el vinilo, el cassette, el CD y ahora el MP3 y iTunes. ¿Qué debe hacer un músico para sobrevivir a esos cambios por tres décadas?–Prestar atención al entorno. Es muy importante. No es que al hacer música el resto sea irrelevante. Todo es relevante, y más si hacés música que querés que sea relevante. Para eso tenés que estar atento a lo que está pasando a tu alrededor.

–¿Y las relaciones fuera del escenario con los otros miembros de la banda?–¿Qué hay? (ríe a carcajadas) ¿Qué querés saber? Esa es una pregunta muy grande. Bueno, en realidad, ¿sabés qué?, no es tan importante, no pasa nada. Tenés que entender que no estamos chequeando los archivos, simplemente vivimos nuestras vidas, no nos objetamos nada y nos concentramos en lo que hacemos. Tenemos buenas relaciones entre nosotros, la mayor parte del tiempo estamos tocando juntos o componiendo o en el estudio, y después cada uno tiene tiempo para sus proyectos, sus amigos, su familia o viajes. En general estamos bastante ocupados.

–¿Cómo es subirse a un escenario a esta altura, todavía hay nervios?–No, no me pongo nervioso, es diferente, estoy muy concentrado. Cada vez es diferente, es diferente el público, las salas, todo. A veces tocamos en lugares abiertos, después en cerrados. Lo que intentamos evitar es tocar a la luz del día, nos gusta más tocar de noche. Somos una “banda de noche”. O mejor, no somos una “banda de verano”, somos una “banda de invierno”. Nos sentimos mejores y somos mejores en esos ambientes.

–¿Cómo es el show que traen?–Estamos tocando unas 20 canciones, algunas de las cuales la gente nunca escuchó en vivo antes. Y recorremos los distintos álbumes, nuevos y viejos. Ya no hacemos más eso de tocar los hits, ahora tocamos para los fans temas que no escucharon antes. Queremos hacer un set interesante y poderoso. Es un buen momento para escuchar a The Cult, la banda está muy bien y muy fuerte.

–¿Qué opinás de fenómenos pop como el de Justin Bieber?–Es un buen chico haciendo sus cosas. Él es una estrella de pop fabricada y si no te gusta su música, no la escuches. Simple. Los fans del rock siempre se quejan de la música pop, siempre se van quejar. La cosa es: ¿a quién le importa? Digo, es simple y fácil, no la escuches. Hay que buscar en el corazón para ver qué pasa y ver qué hacer con el odio que hay dentro. Entiendo que no estén de acuerdo con la música comercial, que sólo está hecha para ganar dinero. Hay algo de verdad en eso porque no hay sentimiento, es como la prostitución o la pornografía. Así somos los humanos, somos codiciosos.

 

Sobre el recital

Ian Astbury y el guitarrista Billy Duffy son los dos miembros originales del grupo que nació en 1983. La banda vino cinco veces al país y será su primera actuación en Mendoza.

El grupo local Chancho Va es el telonero. Las entradas se venden en Nevada, Le Club y Chamu (San Martín). En El Santo cuestan $250.

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