Sorprendido con el éxito

Por UNO

La sala del Auditorio Juan Victoria está ocupada porque a la noche hay función y el ensayo debe trasladarse a uno de los pasillos del lugar. La Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de San Juan repasa, bajo las órdenes de su director, Claudio Sánchez Feces, el repertorio clásico que inaugurará el ciclo de conciertos y charlas con Gustavo Santaolalla presentado por el Plan Nacional Igualdad Cultural.

Se incorpora un coro y los niños y jóvenes suman más de 300. De repente, comienzan los murmullos y llega Santaolalla para incorporarse a la práctica. Fotos, abrazos, algunas risas. Un día antes del concierto y de la charla que dará el artista, los nervios le dan paso a la alegría.

"Esto se dispara a partir de un proyecto súper lindo que se llama Iguazú en Concierto donde se convoca a músicos jóvenes de todo el mundo y del que yo fui padrino este año", explica el músico a la mañana siguiente en una distendida charla en un hotel de la capital sanjuanina.

"Siempre tuve una relación con la música desde la espiritualidad", dirá luego el artista, productor y compositor, que quiso ser sacerdote y fue monaguillo pero al que los Beatles le terminaron por marcar su vocación. El mismo que a los 12 años tuvo su primera guitarra eléctrica, a los 16 firmó su primer contrato y hoy trabaja junto a algunos de los más grandes músicos del rock latino, toca con Bajofondo, ganó dos Oscar y hasta fue nominado a un Emmy (ver recuadro).

–¿Qué hizo que, entre tantos compromisos, participaras de este proyecto?– La experiencia me parece que es muy importante, pero me encantan también los frutos de la inexperiencia. Siempre me gustó trabajar con gente joven, hace 20 años que trabajo con Café Tacvba, por ejemplo. Es muy motivante y forma parte de lo que pretendo hacer con lo que hago, que es afectar positivamente a la gente. Me di cuenta que para los chicos era muy inspirador ver a una persona de Ciudad Jardín, provincia de Buenos Aires, que se inició ahí soñando. Cómo con lo tuyo y con determinadas pautas pueden lograrse cosas. Esto de alguna manera es transmitir tu experiencia y eso me reconforta. Además siempre busco excusas para venir a la Argentina.

–¿Qué te gustaría que recordaran los chicos de estos encuentros?–Vivir el presente y a full. Algo básico para cualquier cosa que hagas. Es difícil hacerlo todo el tiempo pero hay que intentarlo. Soy un ferviente creyente en eso que dicen que se trata en un 80% de transpiración y en un 20% de inspiración. Como dijo Picasso: "Espero que la inspiración me encuentre trabajando.” Hay que laburar en lo tuyo y eventualmente la inspiración aparece.

Cuenta Santaolalla que, muchas veces, chicos que recién empezaban en la música le han pedido consejos y llegó a la conclusión de que hay tres cosas fundamentales. "Primero, una disciplina, una ética en el trabajo que hacés. Luego, encontrar una visión, tu voz, quién sos en lo que hacés. A veces, encontrar quién sos empieza imitando a otra gente y después le das tu estilo. Y una vez que tenés esas dos cosas, la última es mantenerte fiel a esa visión, a eso que descubriste, mantener esa ética de trabajo. Hay que tener mucho cuidado con eso porque hay cosas que directamente te pueden descarrilar y sacarte de tu camino. Tenés que ajustarte el cinturón y a veces decir que no", afirma el músico.

–¿Te costó llegar a la claridad de este esquema de trabajo? ¿Fue mucho el aprendizaje?–Me pasó que hice muchas cosas en mi vida sin poderlas articular verbalmente. Eso me lo dio el tiempo. Fue totalmente intuitivo. Cuando mezclaba el folklore con otras cosas no pensaba que buscaba una identidad. Sabía que quería hacer eso pero no lo podía expresar en palabras. Ahora lo puedo explicar mejor, por eso está bueno lo de las charlas porque puedo desglosar y pensar lo que pasó, porque, hice una cosa y no otra.

–Al hacer conscientes estas pautas, ¿te fue más fácil decir no?–En realidad nunca me costó demasiado decir que no porque es como un feeling de acá (se toca el corazón). Hay cosas a las que he dicho que sí pensando que no y siempre resultaron mal. Fueron pocas y nunca por suerte se llegaron a concretar. Siempre busqué la manera de salirme y me dije: "Si vos sabías que no iba."

Hablar de su propio camino lo remite inevitablemente a figuras que se fueron cruzando en la ruta y que, de una u otra manera, se unieron a ese recorrido. Entre ellas, está su gran "hermano del alma", León Gieco. "Con León tengo una gran historia de estas de no salirse del camino. Él vino a aprender conmigo guitarra y cuando llegó era como si nos conociéramos de toda la vida", recuerda Santaolalla. "Los pibes que venían se sabía que no era porque querían ir al Collegium Musicum, venían porque eran fans de Arco Iris. Además, hasta el día de hoy no sé ni leer ni escribir música, pero creo que enseñar algo es transmitir lo que vos sabés, y como yo sabía tocar creé mi propio sistema. Cuando terminamos la clase León tocó dos temas de él. Yo le dije: '¿Qué te voy a dar clases? Tenemos que hacer un disco'. Justo explotó 'Mañanas campestres', y yo no tenía mucho tiempo. Tardamos en hacer el disco y en ese lapso él tuvo una propuesta de RCA Victor para grabar canciones de los Bee Gees en español. Yo le dije: 'Vos hacé lo que quieras pero si grabás ese disco acá no vengas más, no soy más tu amigo'. Ahora lo pienso y digo: "¡Qué cruel!" Él venía de Cañada Rosquín, trabajaba en Entel todos los días, y tenía la posibilidad de firmar un contrato. Se pasó tres días sin poder dormir pensándolo pero yo creía que con eso iba a quedar pegado y después ¿Cómo remontás ese barrilete?”.

–¿Recordás vos algún consejo, alguna palabra que te haya quedando resonando? Tal vez Leda Valladares.–Sí, de Leda mil. Es una de mis gurúes total. Una gran maestra por su actitud de vida. Era impresionante el uso que tenía de la palabra porque era una mina que nació en una familia bien, tucumana, y empezó a tocar blues con el ukelele hasta que un día escuchó una baguala por la ventana y dijo: ¿Qué es eso? De alguna manera formó parte de una revolución y de una postura frente al mundo en la relación que tenía con María Elena Walsh. Se fueron a París, conocieron a Sartre. Después se metió de lleno a recopilar canciones mientras escribía las suyas. Ella tiene un álbum que para mí es una Biblia que se llama Folklore de rancho y rascacielos. Fue una persona súper radicalizada en sus visiones y no dispuesta a transar con nada. Ella me impactó mucho, al igual que León. Es mi hermano, un referente y una persona que me marcó y me marca muchísimo. Son dos de las influencias más importantes de mi vida.

–Después de tocar con tanta gente, ¿qué sentís cuando llegas a algún lado como pasa acá y te encontrás con chicos que nunca viste pero están ensayando con partituras tus canciones?–Todavía no lo creo, me resulta raro, te soy totalmente sincero. Es como que no termino de creer todo lo que me pasó y me pasa. No me termina de caer el 20, te lo juro. Quizás eso también me da una actitud más relajada respecto a todo. Para mí, el éxito es cuando hacés algo y conectás con mucha gente. Uno sabe que eso que hace, si bien pasa a través de uno, viene de un lugar que no se sabe bien cuál es, entonces hacerte cargo de eso y creerte el éxito como tuyo nada más, es algo medio tonto. Hay una ecuación que se cree que es que si uno tiene éxito tiene que volverse necio o estúpido. A mucha gente le llama la atención conocer a León y ver cómo es con todos los logros que tiene. Nosotros nunca entendimos por qué la ecuación tenía que ser éxito igual necio. En mi caso gané dos Oscar y me parece increíble, porque nunca hice nada por eso. Encima en las partituras hay cosas que yo no entiendo y digo: "Uy, ¿esta es mi música? Qué groso."

El grabador se apaga y mientras Gustavo se prepara para las fotos se acerca y sigue, siempre sonriendo: "Y sólo te conté la mitad de las cosas con las que estoy. Estoy con la música de un video juego, cerrando una peli con Guillermo del Toro, trabajando en Arrabal, el musical de Bajofondo..." Sus proyectos, sus viajes, sus compromisos no lo abruman. Horas después estará solo con la guitarra en el escenario. Resuenan bien hondo los rasguidos, los sutiles punteos en la guitarra de un tipo que, pese a ser tan público, logra cerrar los ojos y crear –y compartir– un mundo musical íntimo, privado. Su imagen es imponente, el silencio suena más que nunca y el espacio ahora sólo lo ocupa la profundidad de su arte. «

El nuevo disco de bajofondoSantaolalla está terminando un nuevo disco con Bajofondo y está más que entusiasmado. "En 2012 vamos a cumplir diez años que venimos tocando con la misma gente arriba y abajo del escenario. Somos una cooperativa. El que sale el año que viene va a ser el primer álbum que hacemos sin invitados. Sí hemos tenido soporte orquestal con Alejandro Terán, con quien ya habíamos grabado en Mar dulce (2007). El disco, si bien no tiene una historia, como no la tienen Sargent Pepper ni Pet Sounds, tiene, un concepto. Musicalmente, creo que es el que abarca más estilos y hay un montón de cosas nuevas, desde las canciones y desde lo instrumental. Es para mí de lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Tiene un peso groso, son 22 temas, es como doble pero en uno", detalla el músico.

–¿Con Bajofondo volvió la adrenalina de la escena?–Sí, lo adoro. Tocar con Bajofondo es lo que más me gusta en la vida. Además de la respuesta que tenemos en todos lados. Tocar en lugares como Corea, donde fuimos por tercera vez este año y el año que viene vamos de nuevo y somos Disco de oro República Checa, Alemania, Inglaterra. Una de las cosas que tiene Bajofondo es que podemos tocar en el Royal Opera House de Copenhague o en cualquier otro lado. La banda es multigeneracional y nuestra audiencia también lo es. Estamos en un momento como banda y como grupo humano muy groso y con una nueva compañía, Sony Masterworks, que nos va a distribuir en nuevos lugares, ya que tenemos por contrato como territorios principales Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. Así que va haber un empuje del grupo en esos mercados.

– Y esto, como siempre lo has buscado, te conecta con tu ser argentino.– Por supuesto. Siempre lo he hecho desde Arco Iris hasta acá.

 Ahora va por el Emmy

El 23 de septiembre se entregarán los Emmy, premios otorgados a lo mejor de la televisión estadounidense. Gustavo Santaolalla, quien compuso el tema original con el que abre la serie Hell on Wheels, está nominado. Cuenta que es su primer trabajo en televisión y que lo convocó uno de los productores que lleva a su hija al mismo colegio que la suya y que era fan de su música.

"La serie se basa en la construcción del primer ferrocarril transcontinental y eso ocurre cuando la esclavitud ha sido abolida y ha terminado la guerra entre el norte y el sur pero todavía hay african americans discriminados y una gran mezcla de gente. La serie ya va por la segunda temporada", describe el músico y agrega: "Fue mi primer trabajo en televisión y yo me había olvidado que habíamos enviado la música para consideración hasta que un día abro Yahoo y en las noticias veo que se habían anunciado las nominaciones. Entré a mi mail y tenía el correo del papá de la compañera de mi hija Luna felicitándome por la nominación."

Invitada especialImpulsado por el Ministerio de Planificación y la Secretaría de Cultura de la Nación, el ciclo de conciertos con Gustavo Santaolalla en el marco del Plan Nacional Igualdad Cultural comenzó en San Juan el miércoles pasado, hoy se lleva a cabo en Palpalá, Jujuy, y el sábado repetirá en Tecnópolis. Siempre con entrada libre y gratuita, sujeta a la capacidad de cada lugar, consta de una charla con Santaolalla coordinada por Andrea Merenzon, directora artística del Festival Internacional Iguazú en Concierto, algunas canciones interpretadas por el músico con su guitarra y, en una segunda parte, la ejecución por la Orquesta Infanto Juvenil de piezas clásicas y populares y de dos temas de Santaolalla junto con el músico, quien hacia el final, también oficia de director. En San Juan el artista interpretó, entre otras canciones, “Ando Rodando”, “Río de las penas”, dedicada a Mercedes Sosa, “Zamba” (que no tocaba desde hacía 40 años), “Vecinos” y “Mañanas campestres”, con una nueva “vecina”, Cecilia Pumpean, de 15 años, quien el día anterior, finalizado el ensayo, se acercó al músico y con la guitarra le cantó esa canción que, finalmente, compartieron en el concierto. Entre la orquesta y los coros, fueron 350 niños y jóvenes de entre 6 y 25 años quienes participaron de la presentación.

FUENTE: Tiempo Argentino