Siete años sin Pappo

Por UNO

Guitarrista, cantante y compositor, creador de Pappos Blues  y Riff, integró grupos primigenios del rock nacional, como Los Gatos, Los Abuelos de la Nada o La Pesada del Rock and Roll, y llegó a tocar con músicos de la envergadura de John Bonham, Lemmy Kilmister y el legendario B. B. King. 

Había nacido en la localidad santafesina de Santa Isabel el 10 de marzo de 1950, pero su vida transcurrió y latió en el barrio La Paternal. En la madrugada del 25 de febrero de 2005, Norberto Napolitano fue atropellado por un auto en el kilómetro 71 de la ruta 5, en Luján, cuando manejaba su Harley, tras haberse resbalado cuando iba cerca de su hijo, Luciano, líder de la banda Lovorne. 

Tocó con B.B.King en el Madison Square Garden; compartió escenarios y estudios de grabación con Peter Green y Lemmy, líder de Motorhead, y dejó su sello también en Conexión N° 5 y en Manal.

"El Carpo" tenía ribetes temibles, que eran los más adorables a la vez, a veces por su humor tosco y otras por la crudeza de sus ideas, sobre todo musicales. Pappo no transaba con otra cosa que no fuese rock and roll. Creó el heavy argentino y pocos más que Ricardo Iorio pudieron rendirle debido homenaje. Con el blues hizo maravillas porque su guitarra no buscaba virtuosismo: fue un hito del buen gusto y la fuerza de las notas.

Tuvo el hit Mi Vieja gracias al programa de Tato Bores, y aunque él lo odiaba, admitía que le dio la popularidad tardía que hubiera merecido mucho antes.Tuvo su paso por Carola Casini, una novela donde Adrián Suar supo ver dotes actorales en El Carpo aunque casi hiciera de si mismo. Y vino Buscando Un Amor, el álbum más celebrado y quizás más prolijo de Pappo, aunque el boom hubiera sido con Blues local.

El Tren de la Hora 16, Hombre Suburbano, Susy Cadillac, Desconfío, pero también el colosal sonido de Riff quedan en la memoria de muchos. Como un dios, Pappo fue despedido por su culto, una caravana de motoqueros (y ciclistas y peatones) hasta el cementerio de La Chacarita al grito de un cerrado "Pappo no se va". Fue el día en que al más duro metalero le cayó un mar de lágrimas. 

La voz y las letras de Pappo fueron reconocidas en su justa medida por pocos o tardíamente. Mirá No detenga su motor, el sello Riff más emocionante, y a la vez letras que iban mucho más hondo de lo que parecía.

Hincha del Ciclón, de Gibson y de Harley Davidson, compartió su pasión por la grasa de motor, las mujeres, el wishky y las seis cuerdas. Desde su muerte, su historiade vida  llegó al papel gracias al profundo y leal trabajo de Sergio Marchi, en El Hombre Suburbano, cuyas ediciones se agotan una y otra vez, acaso porque entra en el mundo del Carpo con respeto a la esencia del artista y la persona que convivían en él. (Otra obra, de Fernando García y José Bellas, 100 veces Pappo, es en cambio más anecdótica y pasatista.)

Pappo intenso: Susy Cadillac (Riff)

Las mujeres morían por él. Se peleaba con amigos y enemigos. Fue a buscar inspiración a Inglaterra en años gloriosos y volvió. B.B. King lo salvó del alcoholismo, una enfermedad con la que Pappo luchó toda su vida. Coqueteó con los vicios, supo callar multitudes como volverlas encendidas, como durante los conciertos de Riff, que fueron prohibidos porque esos sonidos sencillamente desquiciaban a la gente en una época donde nada de eso se había oído antes. Amigo de Miguel Abuelo, peleaban con los hippies de Plaza Francia en épocas floridas pero oscuras de la Patria. 

Pappo fue el primer prócer del rock que se llevó el nuevo milenio. Hoy, siete años después, guiña una luz de cabaret, vibra una cuerda de Gibson, y llora el blues y el metal argentino. ¡Pappo, volvé!