La columna de Bernardo Stamateas

"No seré perfecto pero me amo"

Por UNO

Nadie es perfecto ni mejor, ni peor, que nadie. Todos nos equivocamos alguna vez pero también somos seres humanos que van madurando y evolucionando con el tiempo. O al menos, así debería ser. Pero cuando no nos aceptamos tal y como somos y hay algún aspecto de nosotros mismos que nos desagrada, por temor a ser rechazados por los demás, recurrimos a las máscaras (actitudes que ocultan eso que no nos gusta).

Lo cierto es no necesitamos usar máscaras. Todos podemos descubrir y aceptar amorosamente nuestras propias debilidades. Algunos se enfocan en los defectos ajenos para desviar la mirada de su propia desnudez (que ocultan debajo de una máscara). Pero otros se aman a sí mismos de manera equilibrada, se aceptan y solamente compiten con ellos mismos para avanzar en el camino de la vida.

Para no caer en la necesidad de usar máscaras, ocasionales o permanentes, tenemos que sanar estas tres áreas:

El niño/la niña interior
Tengamos la edad que tengamos, necesitamos activar nuestro niño/nuestra niña interior. Se trata de la capacidad de jugar y divertirnos que teníamos de chicos, y la mayoría de nosotros perdimos con el tiempo debido a los golpes de la vida, las obligaciones y, en especial, los miedos. Muchos se convierten en seres humanos llenos de emociones negativas que surgen en medio de un conflicto. Es fundamental sanar dichas emociones para volver a ser esos niños que se mueven por la vida con alegría y entusiasmo, que no viven en el ayer sino en el presente, que olvidan rápidamente y saben perdonar y seguir adelante.

El adulto/La adulta
Mientras el niño juega, el adulto se dedica a conquistar. Dicha capacidad también tiene que ser restaurada en nuestra vida. Sin dejar de jugar y divertirnos, cuando llegamos a grandes, debemos conquistar. ¿Qué significa esto? Ir siempre por más. Mucha gente anula esta capacidad y se vuelve ineficaz por temor. Por eso, es importantísimo sanarse a nivel emocional.

La capacidad de ser padre/madre
¿Qué hace un padre, una madre? Da. Además de jugar y conquistar, tenemos que activar la capacidad de cuidar a otras personas. Y todo lo que hacemos por alguien, alguien más lo hará por nosotros. Es la famosa “ley de siembra y cosecha” en acción. Todo lo que sembramos (bueno o malo), en algún momento, lo vamos a cosechar. Por tal motivo, escojamos sembrar cosas positivas en los demás. No hay nada más maravilloso que ser un mentor que deja huella en la vida de los demás. ¿Qué hace un mentor? Capacita, enseña, imparte, cuida, contiene, se interesa.

Estos tres roles funcionando juntos nos alejan de la necesidad de ocultarnos detrás de una máscara y ser lo que en realidad no somos. Alguien que sabe que no es perfecto pero, aun así, decide amarse tal cual es (porque se conoce y se acepta con luces y sombras) es, sin duda, alguien capaz de transformar el clima del lugar donde se encuentre: su hogar, su trabajo, su barrio, etc. Como resultado, suelta todo su potencial interior, lo mejor de sí mismo, y nunca precisa usar una máscara por miedo a ser rechazado.

Temas relacionados: