Aeroplanos. Uno de los clásicos de Carlos Gorostiza tiene nueva versión con Mario Pasik y Rodolfo Ranni en los roles protagónicos. En su paso por Mendoza, el Tano ofreció un repaso de su carrera

Ranni toma vuelo en su nueva visita a Mendoza

Por UNO

Por Gabriel Sotelo

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La historia comienza en 1937, en Triesta, una ciudad ubicada en el Norte de Italia. En ese momento, un niño vio la luz. Sus padres decidieron llamarlo Rodolfo. Una infancia en medio de la guerra fue la que protagonizó este joven. A los 10 años sus padres decidieron cambiar de discurso ¿Cómo? Es que pasaron de escuchar a Mussolini hablando desde el balcón a escuchar a Perón hablando desde otro balcón. 

Claro, tras la guerra viene la pobreza y los Ranni no querían eso para sus hijos, por lo que la familia abandonó Italia y se radicó en la Argentina.

Así empieza el libro de vida del gran Rodolfo el Tano Ranni. Hoy, el destino –y el trabajo– lo regresa a Mendoza. El actor, protagonista de célebres novelas como Malandras o películas como Señora de nadie, encara una gira nacional con la obra  Aeroplanos, que lo lleva a actuar por primera vez junto con Mario Pasik. La pieza, uno de los clásicos de Carlos Gorostiza, se presentará hoy en Rivadavia y mañana, en un hotel céntrico.

Antes de trasladarse al Este, el Tano y Pasik visitaron la redacción de UNO. Su espera se hizo desear hasta que, pasado el mediodía, de un auto blanco con vidrios polarizados descendió el reconocido actor. Zapatillas, bermudas, una remera y una camisa sobrepuesta mostraron a un distendido Ranni que se prestó a una charla íntima con Diario UNO.

–Es la primera vez que trabajás junto con Mario Pasik ¿Cómo es la relación? 

–Es excelente. Llevarse bien es muy importante para poder afrontar giras tan largas como ésta. Imaginate que hasta fines de setiembre vamos a estar viajando.

–La obra “Aeroplanos” habla sobre el paso del tiempo ¿Cómo te relacionás con eso en tu vida personal?

–Me ha agarrado con un dolor de cadera (risas). No, la verdad que bien, nunca he pensado mucho en la edad ni en esas cosas.

–¿Cómo empezó tu vida actoral?

–Fue una vez que mi madre me había puesto en penitencia. Entonces, la llamé a la habitación donde estaba castigado y me senté en su regazo. Ahí le hablé un rato, levanté la vista y vi que estaba llorando. Entonces, me di cuenta de que esto era lo mío, podía convencer a la gente con lo que actuaba. Fue todo falso, toda una actuación y resultó (risas).

–Declaraste en un momento que actuabas para ganar plata...

–Es que yo pensé que los actores ganaban buena guita. Después me di cuenta de que era todo una farsa, pero ya había empezado con esto (risas). También empecé a actuar cuando se murió mi papá. De alguna manera, usé el teatro para escaparme un poco de ese dolor. El teatro me contuvo.

–¿Cuándo te diste cuenta de que eras famoso?

–Realmente, el momento exacto no me acuerdo. El otro día lo hablaba con Ricardo Darín y nos reíamos. Es que cuando te cruzás a alguien y te dice que le hacés acordar a su papá o a algún familiar, ahí listo, ahí ya entraste en su familia. La gente te saluda por la calle y sos como un familiar más.

–En Triesta, antes de venirte, ¿fuiste monaguillo?

–Sí, y acá en Argentina un tiempo también. Era para jugar al fútbol con los otros chicos y comer hostias (risas). Igual, ahora estoy bastante alejado de la Iglesia. Soy de la vieja liturgia, no me gusta eso de tener que ir y darle un beso a un tipo que tengo al lado. A mí siempre me gustaron mucho las misas cantadas, donde se teatralizaba un poco, de ahí puede haber venido mi amor por la profesión. Ahora, el papa Francisco trata de acercar la Iglesia al pueblo, eso está muy bien.

–¿Cómo surgió tu amor por la cocina?

–Eso fue gracias a mi viejo. Yo lo veía a él cocinar. Es algo muy creativo, donde influyen la sensibilidad y el amor. Yo no podría cocinar para 500 personas, porque se despersonaliza el plato.

–¿Te gustaría tener tu propio restorán? ¿Mendoza te inspira en ese sentido? Por sus vinos, comidas...

–Sí, es una fantasía que tengo. Pero mi restorán sería uno chico, con cinco o seis mesas, nada más. Igual eso va a ser cuando sea grande, todavía tengo mucho trecho como actor. Y la verdad que al vino de Mendoza prefiero tomarlo a que me inspire (risas).

Dos funciones

Este viernes, a las 21.30, en el teatro Ducal (Rivadavia). Sábado, a las 21.30, en el salón Fader del hotel Sheraton (Primitivo de la Reta 1009, Ciudad).

Entradas 

Tienen un valor de $200 para la función de hoy y de $250 para la de mañana. Los socios de Migo Club tienen el beneficio de 2x1 en tickets. Auspicia Radio Nihuil (AM 680)