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Piquín, el día después

Lo ocurrido con Hernán Piquín el sábado en el Bustelo concitó la crítica de varios sectores y el apoyo de otros. El bailarín se retiró del escenario enojado por los flashes que el público disparaba, incluso pese a la advertencia de la producción de que no lo hicieran.

Lo que sigue es una crítica del espectáculo y una reserña sobre lo ocurrido (por Cristina Alfonso), y la palabra del productor del Show (Oscar Abraham)

Critica del espectáculo: Por Cristina Alfonso

Si bien con Hernán Piquín y Cecilia Figaredo hubo ante todo danza resuelta con arte y pasión, que atrapó in crescendo a dos mil asistentes, el final de Pasión Tango se quebró abruptamente. 

Piquín abandonó el sábado el escenario del Auditorio Ángel Bustelo, rendido y decepcionado por la irrupción constante y peligrosa de los flashes por parte de un público no habituado a esta clase de propuestas y más bien compenetrado de un sentir extra-artístico. La pasión terminó adoleciendo…

Los elementos que definieron el arte de Piquín y su programa consagrado al tango, fueron, como siempre, sutiles y elevados. Uno de ellos fue el carácter de la música, que opuso la guardia nueva a la vieja, los tonos melancólicos al ritmo vivaz y al espíritu alegre.

La interdependencia creativa de los diferentes lenguajes –textual, musical y coreográfico– a cargo de Laura Roatta y Margarita Fernández resultó inteligente. Aprovecharon con buen gusto y sin reiteraciones todas las posibilidades de combinaciones inherentes al tango, sobre todo en las obras destinadas a las tres parejas de bailarines que integraron el grupo. Por otro lado, en las propuestas destinadas a Piquín y a Figaredo supieron romper los moldes del tango tradicional, exaltando sus posibilidades estéticas sobre una base de técnica clásica, para asimilar luego el movimiento contemporáneo al tratamiento armónico y rítmico, por ejemplo, de un Piazzolla. Constituyó una curiosidad la incorporación de una samba a los sesenta minutos destinados al género tanguero. El ensamble Figaredo- Piquín fue perfecto.

Como epílogo, vale decir que Piquín es un bailarín completo, dueño de una importante presencia persuasiva y de una gestualidad acomodada sin imposturas. Además, muy hábil para jugar con el énfasis. Lástima que su torrente pasional en los últimos segundos rompiera su cauce.

Opinión: Entre dos artes, por Cristina Alfonso

El hecho publicitario, en este caso, marcó notoriamente al hecho artístico hasta tal punto, que este último, terminó quebrándose. Presentar a Hernán Piquín como “la estrella del ‘Bailando por un sueño’” y no como “la figura de la danza”, o “el protagonista de Aniceto”, o el exintegrante del Ballet de Julio Bocca, tuvo sus consecuencias.

La publicidad, con su función pragmática y con la intención de cambiar las actitudes de los diferentes públicos a los que ha de llegar, muchas veces construye un discurso persuasivo que se aparta de los contenidos puramente artísticos, del intimismo del alma creadora y del sentimiento individual. Dicha publicidad, respondiendo al reconocimiento obtenido por Piquín a través de sus entregas artísticas televisivas en cuotas de lo que podría llamarse “arte aplicado”, a diferencia del “arte por sí mismo”, generó dos tipos de público: el habitué y el que no lo es. El artista también generó dos tipos de arte: el arte de expertos minoritarios (para un público teatral) y el arte de masas (para un público televisivo). Un arte desconectado y un arte conectado. Un arte con fin en sí mismo y otro como medio. Un arte sublimado y un arte cotidiano. 

Es así como, al confluir sus dos públicos con sus diferencias actitudinales, sólo modificables a largo plazo, se vio alterada la tradición del gran arte de Piquín.

Opinión: Nada de divismos, por Oscar Abraham (productor del show)

En más de cinco oportunidades anunciaron que no se puede sacar fotos con flash y un grupo de personas controlaban con láser al público. En el último tramo de la obra, sacan una foto justo cuando Piquín está haciendo una piruta muy difícil, lo desconcentra y se va del escenario enojado.

Esto no pasó en Rivadavia, ante un teatro también lleno. Es más, Piquín agradeció el respeto y se prestó para sacarse todas las fotos con sus fans una vez finalizada la función. Nada de divismos, es una persona humilde y honesta, no es una estrellita.

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