Por Selva Florencia Manzur
El músico inglés actuó en el Arena Maipú frente a más de 1.500 personas. Arrancó con insultos al presidente sirio, Assad, y arengó al público a no respetar las ubicaciones para estar más cerca del escenario. Galería de fotos.
Morrissey rompió las barreras con el público y dio un recital inolvidable en Mendoza
Morrissey subió a escena a las 21.10 del martes y, antes de cantar canción alguna, hizo una declaración de peso sin siquiera abrir la boca. El músico se paró en el medio del escenario junto a sus cuatro músicos, quienes lucían remeras rojas con la inscripción "Assad is shit" (Assad es una mierda), en referencia al presidente sirio cuyo pueblo se ha levantado y le exige que se retire del Gobierno. Ese conflicto ya sumó 7.500 muertos.
Y aunque parezca poco ortodoxo, ese es el estilo Morrissey: por momentos oscuro, melancólico y romántico y, por otros, shockeante y comprometido. En el show, a esos elementos se le sumó la magistralidad de su voz y la excelencia de los músicos que lo acompañaron. Al público, sin embargo, le costó entrar en calor y demostrarle verdadera emoción al británico, aunque sí cantaron sus canciones y se animaron a decirle cosas como "¡te amo!", cuando él les acercó el micrófono.
Durante la hora y media que duró el recital se escucharon Everyday is like sunday, You have killed me, Alma matters, One Day Goodbye Will Be Farewell, I will see you in far-off places y Irish blood English heart, entre otras. Como es costumbre en sus shows, Steven Patrick incluyó temas de su carrera solista, pero también le dio a sus seguidores de antaño temas de su ex banda, The Smiths, como I know its over y la famosísima How soon is now.
El recital fue excelente, tanto por lo musical como por la energía del músico. Eso sí, fiel a su estilo: nada de saltar, bailar, abrazarse con el guitarrista de turno o cualquier otro recurso trillado de los recitales de rock. No. Morrissey se expresa y le pone pasión a sus canciones con la voz, sus gestos y hasta sus manos. La pasión viene desde el momento en que escribió sus canciones para el mundo, y sus fans lo saben.
“No tiene que haber barreras”
Lo que no imaginaban esos fans es que llegaría el día de tenerlo en Mendoza (en Maipú nada menos) y tan cerca. Pero eso no fue suficiente para el cantante, quien desde que arrancó el show lanzó frases como: “Si quieres estar más cerca, entonces debes estar más cerca” y “no deberían existir barreras”. Sin embargo, no fue sino hasta que uno de sus músicos dijo en español que Morrissey quería que todos se acercaran al escenario, que la gente empezó a saltar las vallas y el show tomó fuerza.
Y así, con el calor de todos esos fans juntos, con los de entradas de $400 al lado de los de entradas de $150 (porque en la música esos detalles nunca deberían importar) empezó otro recital: con rock, nostalgia e interacción entre artista y público.“¡Mendoza, Mendoza, Mendoza!”, se animó a gritarnos y también preguntó de dónde eran los que estaban más cerca del escenario. “Brasil”, “Panamá”, “Chile”, “Perú”, le contestaban, a lo que él respondió: “¡Dios! ¿Nadie de Argentina?”. Claro, había muchos turistas.
Pero los mendocinos estaban y se hicieron sentir, por ejemplo, cuando se sacó la camisa (algo que suele hacer) y cuando le pidieron durante varios minutos que volviera para cantar un bis, con aplausos y gritos. Incluso, más de uno gritó desaforadamente cuando el inglés contó: “He venido a Mendoza y no tengo vino. Si ustedes tienen, me lo tomo con gusto”. El bis tuvo una sola canción y, rápido como llegó, el artista se fue. Pero esta no es una excepción, sus shows suelen ser más breves aún.
Un original solo de bajo, un baterista eximio, y un claro mensaje de que Meat is murder (la carne es asesinato) también son elementos a destacar.
En conclusión, se puede decir que Morrissey llegó y conquistó. A su manera, pero conquistó. Los mendocinos ya no pueden quejarse de que no los visitan artistas internacionales de calidad.



