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Mank: la historia detrás de la leyenda de El ciudadano

Aseguran que Mank, estrenada el pasado viernes en Netflix conseguirá varias nominaciones en los próximos premios Oscar

Cuando Jack, el padre del cineasta David Fincher (Seven, El club de la pelea y las series House of Cards y Mindhunter, entre muchos títulos) se jubiló, decidió a modo de reto personal escribir el guion de una película, que resultó ser Mank, estrenada el pasado viernes en Netflix. Fallecido en el 2003, Jack no pudo ver su nombre en los créditos de esta cinta, que todos auguran conseguirá varias nominaciones en los próximos premios Oscar.

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Durante muchos años el director de Perdida buscó la manera de llevarlo a la pantalla grande, propósito que siempre se le negaba por la reticencia de la industria cinematográfica a producir filmes en blanco y negro. Y en el caso de Mank esa exigencia no se debía a un capricho preciosista del realizador, sino que debía ser de esa manera ya que homenajea a El ciudadano (Citizen Kane, 1941), ópera prima de Orson Welles, incluida en varias listas como la mejor película de todos los tiempos, aunque esos listados por lo general estaban hechos por críticos sólo de Estados Unidos que dejaban de lado obras memorables del cine asiático, americano o europeo. Sin embargo, es sin dudas una obra que cambió la manera de narrar en el cine y que influyó e inspiró a varias generaciones de directores.

Pero en esta cinta ni siquiera se menciona a El Ciudadano y Orson Welles, el idolatrado realizador, sólo aparece en pocas escenas, porque el centro de esta historia es Mank, el guionista Herman J. Mankiewicz, de quien ya no quedan dudas que fue el autor del guion de ese filme, porque la mordacidad de sus líneas y de sus diálogos hacían inconfundible su estilo. Welles, cuya mayor experiencia hasta ese momento eran el teatro (muchos de los actores y productores de su compañía, la Mercury Theatre Company, fueron parte de El ciudadano) y la radio. En 1938 había revolucionado al país con su versión radial de La guerra de los mundos de H.G. Wells, que causó pánico entre los oyentes, muchos de los cuales creyeron que realmente estaba sucediendo una invasión extraterrestre. A sus 25 años y con una soberbia que para algunos no lo abandonó nunca, hizo que Mankiewicz renunciara al crédito de su guion para llevarse él la gloria.

Fue también Welles quien se reservó el rol central de su obra, Charles Foster Kane, un poderoso magnate de medios periodísticos. Era un secreto a voces que ese personaje estaba inspirado William Randolph Hearst, millonario dueño de varios medios que ejercía una fuerte influencia en la política y, obviamente, en el cine, ya que su amante era la actriz Marion Davis, que a pesar de ser muy talentosa siempre tuvo su carrera en tela en juicio por las intervenciones de su influyente pareja.

Además existe un hecho determinante para probar la autoría de Mank, tal como lo explica Pauline Kael (una de las más primeras mujeres críticas de cine en Estados Unidos y una de sus plumas más notables) en su libro Ciudadano Kane, que originalmente publicara en 1971 como un extenso artículo en el periódico The New Yorker. La autora allí hace mención a que Hearst no conocía personalmente a Welles, pero si a Mankiewicz, sobre todo por su amistad con Marion Davies. El guionista era un habitué a la mesa del millonario –en parte como un bufón de esa particular corte-quien luego vio en ese guion una profunda traición.

La película de Fincher sigue el momento en que Mankiewicz (Gary Oldman –Las horas más oscuras, Drácula), que se había quebrado una pierna, es prácticamente recluido para que concluya en 60 días el guion. La reclusión era esencial para este hombre, ya que las apuestas y el alcohol eran una enorme distracción, aunque no le impidieron ser parte de unas 70 películas y no pocos clásicos, desde los hermanos Marx hasta Los caballeros las prefieren rubias.

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A partir de allí, el guion y estética de Mank se acercan deliberadamente a la obra a la que rinde homenaje, con esos saltos narrativos que para Welles eran más cómodos, ya que le recordaban las escenas del teatro. Aquí este ir y venir desde el presente en que Mank escribe sus textos a los años anteriores que podrían haber inspirado el guion, permiten perfilar la relación del protagonista no sólo con Hearts (Charles Dance, el mismo de Juego de Tronos y The Crown) sino con sus colegas –maravillosa escena donde conviven e improvisan un guion los más destacados talentos de aquella época. También a partir de su figura se ponen en relieve los entrecruzamientos del poder político y mediático. Fincher no se conforma con mostrar el mostrar el lado más oscuro o cuestionable de la industria cinematográfica, sino que muestra la funcionalidad que ésta tenía para el poder político y económico. Una realidad que no deja de ser actual.

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Quienes no hayan visto la película de Welles verán este filme como una biopic donde los nombres son solo de personajes, cuando desde Louis B. Mayer (Arliss Howard) hasta Irving Thalberg (Ferdinand Kingsley) son parte de la historia del cine norteamericano. En algunos casos personas famosas en su época son mencionadas solo por su primer nombre, como en la escena en que Hearts busca “a Louella”, en referencia a Louella Parsons, periodista pionera de espectáculos. Fue temida y odiada por su columna en uno de los diarios de Hearts, su jefe, donde los chismes de las estrellas eran la comidilla y en más de una ocasión fue la encargada de sobornar o presionar a rivales en nombre del poderoso magnate.

La precisión de Fincher va desde la tipografía de los créditos iniciales a la banda sonora y, sin perder su estilo tras la cámara, se permite una forma de filmar como en los años 40 del siglo pasado. Con la coincidencia de que él mismo es afecto a emplear el plano detalle, se da el gusto de recrear la escena de la bola de cristal que cae del moribundo Kane en la película de Welles, en este caso con una botella que la mano de Mankiewicz deja caer. Un homenaje audiovisual que emocionará a los cinéfilos.

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Otro acierto de Fincher es mostrar la relación que Mank tuvo con Marion Davies (una estupenda Amanda Seyfried), dos “marginales” en un mundo de poderosos que no siempre saben cómo moverse en esas oscuras aguas. Mank temía sobre todo que su guion la lastimara a ella más que a nadie y el vínculo que refleja la pantalla da cuenta del por qué de ese temor.

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Que Mank haya sido el autor de todo o parte del guion de El ciudadano no desmerece el rol de Welles como director, pero esa incógnita –con visos de injusticia- es el origen de este relato que devuelve el brillo a una figura que, al lado de la de Welles, permaneció prácticamente ignorada. Al menos hasta ahora.

Mank (2020) Netflix Tráiler Oficial Subtitulado