Un periodista de espectáculos de UNO, que presenció las asambleas, da su punto de vista sobre la decisión de los artistas de no salir a escena durante la segunda noche.

Los “no” rostros de la Vendimia, desde adentro

Por UNO

Yo estuve ahí desde el principio. En el medio, en los camarines. Escuché versiones de público, deactores, de funcionarios, de delegados, de técnicos, de todos los que pude consultar. Vi rostros

desilusionados de uno y otro lado del escenario. Público mojado, harto de esperar por la fiesta,

harto de esperar alguna explicación. Actores y bailarines con ojos llorosos, con ganas de salir a

mostrar lo mejor de sí, a dar todo por lo que han trabajado y ensayado en los últimos meses. Y en

el medio, los responsables, calzándose en la cintura los mejores eufemismos para eludir una vez más

el conflicto que se les abalanzaba para resolver todo a último momento y, como siempre, atarlo con

alambre.

Los artistas querían dar la fiesta, estaban listos. Pero así no, con incumplimientos no.

Toleraron un ensayo general y un primer Acto Central con escenarios que tambaleaban, luces que

pendían de hilos, cables mojados. Y siguieron. Pero ahora la cosa había cambiado, durante días les

dijeron que había demoras en las dos entradas que les corresponden a cada uno, pero que "estaban",

que ya se las iban a dar. Ellos aguantaron y confiaron, siempre ha sido así, es un "derecho

adquirido" por años de tradición, es parte del procedimiento habitual desafectar de la venta unas

1.500 entradas para que el staff de 700 artistas pueda entregar a sus seres queridos. Por eso el

sábado salieron a escena y la Vendimia fue lo que siempre ha sido, una fiesta. Pero el domingo se

abusaron de su confianza, cuando iban llegando al teatro griego, uno a uno, los artistas se

enteraron de que no les habían guardado esas localidades, que habían sido vendidas. Ahí se desató

el huracán, porque el problema no era los $24 de los dos tickets, sino que ya estaban agotados, que

no les avisaron con tiempo y que sus familiares, a esta altura, no podrían ir a verlos.

Se reunieron y por asamblea decidieron que hasta que no tuvieran una respuesta no saldrían a

escena. La moción tuvo el apoyo de los narradores y músicos de la fiesta, quienes se sumaron a la

postura de actores y bailarines. Mientras, cerca de las 22, de a poco algunos se iban cambiando y

preparando para su momento de gloria. Era notorio, no se aguantaban las ganas, sabían que tarde o

temprano esto se resolvería y la Vendimia, como siempre, "saldría".

Pero no fue así, la inoperancia de la gestión, la negligencia en el trato con los artistas,

la inviabilidad de las propuestas como manotazos de ahogados produjeron el resultado que todos

conocemos: la cancelación de las dos repeticiones de Los rostros de la Vendimia.

Ahora dicen que los artistas le faltaron el respeto al pueblo y a los turistas, que fue culpa

de un grupo reducido, que esto los tomó por sorpresa. Yo vi que no fue así. Yo vi que le faltaron

el respeto a los artistas, vi cómo Scollo les pedía disculpas y hacía responsable a la Secretaría

de Cultura, vi como el subsecretario de Hacienda Granado culpaba al Coordinador de Vendimia Daniel

López, y vi que eran cientos los bailarines y actores que estaban reunidos debatiendo de forma

democrática cómo podían hacer para que todo se solucione rápido y poder dar el espectáculo.

Los responsables, ni siquiera con la apremiante realidad de un año electoral pudieron

negociar a tiempo con los bailarines. Cuando se produjo el acuerdo final la lluvia se sumó al

tenebroso paisaje y, una vez que Scollo asumió la responsabilidad frente al público, los artistas

ya listos para salir a escena se asomaron y se toparon con un anfiteatro hostil, lógicamente. Una

vez más los rostros de dolor, de gente que se alejaba con el peor humor protegiéndose del agua,

vociferando contra artistas y funcionarios, y de artistas que desde el escenario mojado

contemplaban impotentes un éxodo irrefrenable que los señalaba con el dedo como los principales

responsables. Es imperdonable que esto haya sucedido. Y es más imperdonable que los verdaderos

culpables de esta situación no den la cara ni asuman su error como corresponde.