Llegan a las salas de cine de Mendoza Megamente, Cazador de demonios y Ágora.

Los estrenos de la semana

Por UNO

Megamente

Megamente, dirigida por Tom McGrath y escrita por Alan J. Schoolcraft y Brent Simons nos

presenta una nueva propuesta para el tradicional y adorado género de los superhéroes. A través de

la animación, esta película nos transmite un mensaje directo, para hacernos ver que hasta el ser

más oscuro busca siempre algo de cariño.

Los villanos en el cine han escrito su propia historia, una que está llena de momentos y

personajes inolvidables. Por supuesto, los súper héroes no podrían ser lo que son, si no tuvieran a

su lado a ese antagonista capaz de hacerlo todo por impedir su triunfo. En esta cinta, precisamente

los malos se convierten en los protagonistas, dándole todo un giro a la lógica de lo que solemos

ver en la pantalla.

Qué mejor que esta nueva mirada se haga a través de la animación y del humor. Porque si algo

abunda en esta película son momentos llenos de diversión. Puede que a nivel técnico y visual no le

llegue ni a los tobillos a la película de animación del año:

Toy Story 3, pero lo que es cierto es que su historia, su guión y sus voces –a cargo de

estrellas de la talla de Brad Pitt y Tina Fey - le dan el toque perfecto para convertirla en una

película que garantiza el 100% de retribución en diversión y carcajadas.

La historia relata la vida entre el bien y el mal de Megamente y Metro Man, dos superhéroes

enviados a la Tierra cuando apenas eran unos recién nacidos. Ambos crecen en lados opuestos. Por un

lado, Megamente es objeto de burlas de los demás niños, mientras que Metro Man es adoptado por una

familia adinerada convirtiéndolo en el chico más popular de la escuela. Al crecer, Megamente se

convierte en un villano; pero todos sus planes se van al traste cuando entra en acción Metro Man,

quien fácilmente se viste con la capa del héroe de Metro City. Un día y cuando Megamente

sorprendentemente logra vencer a su archirrival, todo esta trama da un giro inesperado, en la cual

este villano se encontrará en el más misterioso dilema, pues jamás pensó que el triunfo que siempre

quiso generara en él algo tan inesperado.

Una historia perfecta para compartir en familia, pues la moraleja que deja luego de

disfrutarla le cae bien a personas de cualquier edad.

Cazador de demonios

Fiel al género de "espada y hechicería", esta película hace pasar un buen rato,  pero

carece de ritmo y consistencia. Lo más valioso, sin embargo, la actuación de James Purefoy quien

hace honor a la valentía, fuerza y personalidad del personaje de Solomon Kane.

A pesar de que muchas veces afirmemos que no nos gustan esta clase de cintas, siempre

terminan por regalarnos momentos de entretenimiento auténticos y con mucha acción.

Esta película en particular tiene varios puntos a favor. El primero, James Purefoy y Pete

Postlethwaite, que en esta oportunidad hacen un gran trabajo, otorgándole a la película cierta

categoría. En segundo lugar está la cinematografía, a cargo de Dan Laustsen, que regala imágenes

fabulosas de una historia ambientada en una época que siempre será atractiva y cargada de mística.

La cinta está basada en el personaje de Solomon Kane, creado por el escritor Robert E.

Howard, uno de los autores referentes más importantes de este género y cerebro también de la famosa

historia de

Conan el Bárbaro.

Solomon es un hombre oscuro y solitario, que carga con la cruz de un pasado sombrío y

violento, además de estar constantemente en carrera contra los espíritus malignos que quieren

apoderarse de su alma. Su propósito en la vida es combatir el mal a toda costa con sus armas; una

daga, un estoque y dos mosquetes, aunque sus más mortales sean su espíritu y un talismán vudú. A

través de una aventura llena de batallas y misterios, Solomon tendrá que luchar contra el poder de

Malachi, un ser tenebroso que ha acabado con todo a su paso y que ahora busca a toda costa,

apoderarse del alma de este gran guerrero y su más duro rival.

Una película perfecta para los amantes del género y pasable para quien entre al cine con el

deseo de dos horas de acción y aventura desinteresado.

Ágora

Siglo IV. Hipatia de Alejandría, hija de Teón -el director de la Biblioteca- dirige una

escuela filosófica donde imparte clases de esta disciplina, de matemáticas y de astronomía. Mujer

brillante y entregada a la ciencia, por la que ha renunciado a casarse, le toca vivir una época

convulsa. El imperio romano da signos de decadencia, la religión pagana va a menos, y en cambio ha

surgido un pujante cristianismo, que ya no sufre la persecución de antaño.

La película, dirigida por el español Alejandro Amenábar (Tesis, Mar Adentro), es una de ideas en contra del fanatismo y como éste es capaz de

silenciar y destruir el espíritu de la humanidad, y también sobre cómo un mensaje pacifista, como

el que profesó Jesucristo, puede tergiversarse al extremo de cegar a sus más fervientes devotos en

la eterna batalla de "mi dios es mejor que el tuyo".

El año es el 391 D.C. El Imperio romano está a punto de colapsar mientras el cristianismo

cobra una fuerza abrumadora. En Egipto, la filósofa y profesora "Hypatia" (Rachel Weisz) se encarga

de cuidar los textos de la biblioteca de Alexandria mientras estudia las órbitas de los planetas

para refutar científicamente que la Tierra sea el centro del universo.