No fue su salto a la fama pero sí su presentación al gran público. La primera vez que mostró "sus gracias": ese perfil de "aparato" querible y de perdedor atolondrado que al final siempre gana y -más importante- nos gana con sus metidas de pata y sus buenas intenciones, fue con la película se llamaba Generación X (Reality Bites, 1994).Aquel film buscaba retratar en formato de comedia romántica aquellos jóvenes escépticos pero sensibles de los '90 (tan descreídos de las grandes ideologías como de las supuestas bondades del mercado y el fin de las utopías según Fukuyama), que tuvieron su exponente masivo en Kurt Cobain y Nirvana, pero también más exactamente en una serie de películas, libros y canciones de corte alternativo que le dieron imagen y voz al fenómeno.
Generación X no estuvo, evidentemente, entre los exponentes más "genuinos" (estaba pensado más como producto de la industria que como artesanal fresco generacional), pero no dejó de tener su encanto. Sobretodo en relación a su pareja protagónica (Winona Ryder y Ethan Hawke en la cumbre de su irrupción joven) y -muy especialmente- respecto al tercero en discordia, Ben Stiller, el actor que cumple hoy 50 años.Hoy, poco más de dos décadas después, se lo puede felicitar por haber encabezado -desde las entrañas mismas de Hollywood- una manera de hacer cine más cerca del humor negro e incorrecto que del pacato o para toda la familia; más reivindicador del perdedor incurable que del ganador natural. Es un estilo que hoy podrá ser norma, pero que en aquel entonces, apenas era una tendencia con más potencial que realidad.
"Mi sentido del humor es un poco cínico. Probablemente por haber crecido en la industria y conocerla de cerca", decía Stiller en 1994 durante el estreno de aquella Generación X que terminó dirigiendo y que, vista desde hoy, anticipó varios de sus talentos que luego serían de consumo masivo. A saber: el de mostrar un costado poco romántico de la vida que al final termina prevaleciendo; el de encarnar al tipo que no gana por lindo o por idealista sino por cargoso; y el de saber asumirse como un aparato total que se vale del humor negro para reírse de sí mismo y recién después de los demás."Siempre me gustó buscar la humillación detrás de mis personajes", reconoce el actor de Locos por Mary, Mi novia Polly, Zoolander, Los Fockers y otras películas que contaban con personajes capaces de tocar el más bajo fondo de la propia degradación personal. Es recurrente, por ejemplo, la escena de Ben Stiller encerrado involuntariamente en un baño de visitas y sufriendo las más terribles y vergonzosas calamidades. Pero aún así, sale indemne en la consideración de sus seguidores. ¿Por qué? Tal vez porque pocos se había animado a mostrar en la pantalla grande la consumación de los miedos masculinos más importantes (de la eyaculación precoz a la impotencia, no falta ninguno) sin el salvoconducto de ser, al menos, un irreverente o un rebelde sino, más bien, todo lo contrario: un ansioso silvestre y vulgar que mete la pata en cada paso que da."Cuando miro para atrás, me doy cuenta de que efectivamente desarrollé una larga carrera", dijo a propósito de su inminente cincuenta aniversario. "En todos estos años pude hacer y mostrar muchas cosas y que encima la gente lo acepte. Estoy muy agradecido", subrayó este hijo de actores famosos (su padre fue conocido entre otras cosas por ser el padre de George Costanza en Seinfeld) que desde chico tuvo contacto fluído con el mundo del espectáculo y sus códigos. "Mis padres solía ofrecer grandes fiestas de fin de año. Y no tenían problema para invitar a toda clase de gente. Mucha gente cool que siempre me deslumbraba y me enseñaba cosas", recordó. "Por eso, al revés de otros, considero una bendición rara el haber tenido padres 'famosos'. Porque, por un lado, en las audiciones sentía el prejuicio de tener que rendir más que los demás. Pero, por el otro, me obligaba asistir más preparado que los demás".Así, la primera entrada de Ben Stiller al mundo del espectáculo no fue por el lado de la actuación sino por el de la escritura, la producción, la dirección y la conducción histriónica frente a cámara. Así fue que MTV, impresionado por sus productos logrados con muy bajo presupuesto, le ofreció un programa (The Ben Stiller Show) que tuvo una buena repercusión en Estados Unidos. Y que le sirvió de trampolín para dirigir la citada Generación X y, en seguida, El hombre del cable, que fue un fracaso pese a contar con un Jim Carrey oscuro en el papel de villano. "Ese un momento bisagra en mi carrera", cuenta hoy, "porque me obligó a actuar otra vez. Y quizás sin ese fracaso no lo hubiese hecho". ¿Qué hubiera sido de Ben Stiller sin la decepción de El hombre del cable? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es lo que pasó luego. Porque uno de los siguientes papeles que aceptó luego fue nada menos que el de Ted, el hombre eternamente enamorado de la chica de sus sueños en Locos por Mary, la película de los hermanos Farrelly que -no es exagerado decirlo- le cambió la vida. "El genio de los Farrelly Brothers -destaca hoy- es que logran que termines haciendo cosas que recién después, cuando ves la película, tomás conciencia que hiciste". Las famosas escenas del "gel para el pelo" (que termina en el jopo de Cameron Diaz) o la del "incidente" con el cierre relámpago en el baño marcaron hacia adelante una de las principales rasgos y talentos de Stiller como actor: el de autoflagelarse involuntariamente o protagonizar las situaciones más vergonzosas que se pueden imaginar, y resultar gracioso con eso. "Tengo un montón de energía de carácter nervioso", evaluó después de éxitos mundiales como Mi novia Polly (con Jennifer Aniston), Zoolander (con su amigo Owen Wilson), La familia de mi novia (y sus secuelas alrededor de los Fockers, siempre con Robert De Niro como el suegro más temido) o Una noche en el museo (que viene siendo su último gran "tanque" a la fecha). "Trabajar duro y fuerte es la mejor manera que encontré de canalizar toda esa energía", declaró.El reconocimiento del público, no hay duda, le llega de a montones. Pero, ¿y el de sus pares? "No tengo el deseo ferviente de ser tomado seriamente como actor. No tengo un plan maestro en ese sentido ni me preocupa", le reconoció hace un tiempo a la revista New Yorker, donde fue destacado como "el mayor comediante del mundo". Y donde, Judd Apatow, director de Virgen a los 40 y productor de muchísimos films que mostraron una nueva cara de la comedia hollywoodense (Superbad y Ligeramente embarazada, entre otras), no dudó en colocarlo entre los primeros responsables de esa renovación: "Supone para todos nosotros el punto de inicio de la comedia moderna", destacó con generosidad. Su mujer, la actriz Christine Taylor, reveló, sin embargo, que algo de esa falta de reconocimiento en premios mayores (el Oscar, por ejemplo) le molesta en un punto: "Siempre le digo que mire todo lo que ha hecho, que es una carrera increíble. Y él lo ve, pero se pregunta: '¿Me respetan de verdad mis colegas? Nunca me nominan a premios…'".En efecto, hay una filmografía "paralela" de Stiller (aquellas películas que dirigió o que protagonizó con un tono más oscuro, caso Los excéntricos Tenembaum) que muestran que hay otras facetas suyas además del atolondrado perdedor que se podrían explotar más. "Todos relacionan a Ben con las payasadas, y sin embargo cuenta con el talento y la capacidad para controlar una película y hacer otras cosas", destacó su amigo Robert Downey Jr.Como sea, y a punto de estrenar la secuela de Zoolander, cuyo trailer viene rompiendo récords de visitas en Youtube, seguramente le ronde en la cabeza a Ben Stiller lo que ya dijo una vez: "Cada tanto me pregunto qué hubiera pasado si hubieses insistido con otras facetas de mi trabajo y no sólo con la comedia. Pero después también entiendo que tuve esta gran oportunidad de ser feliz haciendo reír en mis películas."Se viene Zoolander 2 La parodia al mundo de la moda protagonizada por Ben Stiller y Owen Wilson tuvo una gran recepción al momento de su estreno (2001). Aquel primer Zoolander exageraba hasta el absurdo toda la frivolidad y estupidez que suele rodear ese ámbito, aunque mostraba cierto cariño por esos dos personajes (uno rubio, otro morocho) que terminaban siendo más cálidos y queribles de lo que el primer prejuicio denunciaba. Quince años después, y visto que Zoolander permaneció en la rotación televisiva y no dejó de ser comentada por quienes la fueron descubriendo, Stiller se decidió por sacar una secuela, también con Owen como su coequiper rival, y con Penélope Cruz como motorizada nueva compañera. El gran Will Ferrell, por su parte, reincidirá en el rol de villano. El trailer, distribuido por Paramount Pictures, superó los 52 millones de visitas en una semana, lo que lo erigió como el trailer de comedia más visto desde que existe YouTube. El estreno del film se espera para mediados de febrero.


