Por Fernando G. Toledo (texto) y Paola Piquer (video)
No han de ser pocos los que hayan sentido alguna vez, transidos por un cuento magnífico de Jorge Luis Borges, el secreto deseo de formar parte de la trama de alguna de esas narraciones. Ser, por caso, el noctámbulo que descubre una página enciclopédica que da cuenta de fantásticos reinos, como en Tlön, Uqbar, Orbius Tertius. O ser el detective Erik Lönnrot, que en La muerte y la brújula desentraña una serie laberíntica de asesinatos enlazados por crípticas sentencias. O ser el que revela por vez primera el informe de Brodie, en el cuento homónimo. Ser, en suma, la pieza de un suceso que merezca ser contado.
A Jaime Correas el azar le deparó tal destino. El director periodístico de Diario UNO, y también escritor, acabó formando parte de una trama de cuño borgeano en la que el propio autor de El Aleph jugaba su parte, arrastrando a muchos otros hacia una compleja historia frente a la cual Correas no tuvo otra opción más que darle la forma de una novela, titulada Los falsificadores de Borges. En ella, un médico asesinado en Medellín porta en su bolsillo un poema inédito de Borges. La autenticidad de ese poema, corazón del libro, llevará a los personajes (Héctor Abad Faciolince, hijo del asesinado, y Jaime Correas entre ellos) por una fascinante historia en la que, una vez más, la realidad supera a la ficción.
Los falsificadores de Borges (Alfaguara) será presentado este miércoles a las 20.30 en la Feria del Libro de Buenos Aires. Antes de ello, el periodista y escritor mendocino nos deja espiar en esta historia cuyos límites (los que separan lo que se cuenta en el libro y los que lo exceden) casi no existen.
–La historia de Los falsificadores de Borges tiene muchos comienzos. ¿Por cuál empezamos?
–La historia tiene un comienzo en la década del ’80, cuando un grupo de estudiantes y yo estábamos en la carrera de Letras de la UNC, y con motivo del fallecimiento de Borges publicamos unos poemas inéditos de él que habíamos conseguido por contactos que se cuentan en la novela. Tiene otro comienzo cuando esos poemas vuelan y uno de ellos cae en el bolsillo de un médico de Colombia que es asesinado en Medellín. Tiene un comienzo más cuando el hijo de ese médico, 20 años después de ese asesinato, empieza a investigar para saber si ese poema que llevaba en el bolsillo su padre asesinado era efectivamente de Borges. El médico se llamaba Héctor Abad Gómez y el hijo es Héctor Abad Faciolince, un escritor muy importante de Colombia que escribe un libro llamado El olvido que seremos (un fragmento de uno de los versos del poema). Y finalmente tiene otro comienzo cuando Abad Faciolince me llama por teléfono un día para saber si yo soy el autor de ese poema de Borges, por una serie de sucesos que lo llevan a pensar en eso y que también están en la novela–La novela, entonces, habla de un soneto de Borges que es el corazón de la novela, pero ese poema no aparece en ningún libro...
–Esta novela se va a presentar en la Feria del Libro de Buenos Aires junto a un libro de Héctor Abad Faciolince que se llama Traiciones de la memoria, donde él cuenta esta misma historia pero en otra clave, en la de un libro de viajes y de crónica periodística. En estos dos libros se demuestra la autenticidad de estos poemas borgeanos. Hay algo que yo creía y que finalmente no ha sido así, y es que para cualquiera que lea esos poemas se dará cuenta de que son de Borges. En los dos libros, tanto en el mío como el de Abad Faciolince, se dan las pruebas. Entre ellas, fotos del día en que Borges entregó los poemas inéditos a Guillermo Roux, a Franca Beer y al poeta francés Jean-Dominique Rey, poemas que llegaron a nosotros.



