Espectáculos

Las piedras de Tachuela para una interacción de sentidos

Por UNO

Por Enrique Pfaab pfaab.enrique@diariouno.net.ar Desde exponer sus esculturas en una plaza hasta montar una muestra en el Sheraton hay un atajo, "y ese atajo es el arte", dice Tachuela, el artista que casi ha olvidado su nombre. Desde mañana, a las 20.30, en el hotel cinco estrellas y como parte del ciclo Art & Wine by Sheraton, Tachuela expone Minimal Stones, una combinación de sus obras, enmarcadas con una estudiada interacción de imágenes, sonidos y sensaciones visuales. Tachuela, según el DNI, se apellida Delía y nació en Entre Ríos hace 37 años, "pero soy mendocino a esta altura. Vine con mi familia cuando tenía 15", cuenta. También dice que siempre lo han llamado Tachuela y que ahora, como uno de los escultores más reconocidos de la provincia, no le parece honesto despreciar ese apodo. "Además, todos me conocen así". Cuenta que su vida "siempre fue bastante desprolija". En realidad, podría decirse que no fue convencional, principalmente en su formación. "La mayoría cuenta que terminaron de estudiar. Yo debo decir que en un momento yo decidí terminar con el colegio". Por eso se lo puede definir como autodidacta y así es como se califica él mismo. Y también como artista, "y lo soy, porque no he podido evitarlo", remarca, confesando que ése ha sido su destino y que no reniega de él. "No he ido a universidades ni atelieres, pero siempre siempre trabajé con las manos". Porque Tachuela es artista y artesano hasta los tuétanos. "Durante muchos años viví de eso, de la artesanía, vendiendo en la plaza", recuerda. Creaba cosas útiles con sus dotes de herrero. Pero cierto día, hace no mucho tiempo, "necesité hacer cosas que no sirvieran" por el simple impulso de lo artístico, "y para profundizar la vida, arriesgando. Tener como objetivo la forma y no el dinero. Quise despojarme de ese objetivo", confiesa. Así fue que los sábados a la mañana se instalaba en la plaza pero ya no con sus obras artesanales, sino haciendo esculturas. Allí vendía sus esculturas y después vinieron las muestras individuales. Si bien el hierro fue su origen, después la piedra fue su material. "Elegí lo que tenía a la vista. En Entre Ríos la piedra no existe. Acá está en todas partes. Además en la piedra no hay nada imposible, no se ve lo imposible. No hay fronteras en ella", considera. De esculturas más pequeñas, como las que se verán en el Sheraton, a esculturas de 7.000 kilos, son parte de la creación de Tachuela. -¿Cómo llegó este hombre simple de la plaza al Sheraton, desde la venta callejera hasta que sus obras sean codiciadas por los sectores de alto poder adquisitivo? -Exige que te gestionés. Hay que tener cintura. Tener paciencia. Tener optimismo. Y hay que ver el arte rodeado de la gente que lo desea, pero desde el arte mismo. Después la gente que lo quiere aparece sola, aparecen los coleccionistas. El atajo está dado por el arte. Y no se trata de lo que la gente quiera, sino de lo que cada uno crea, y después aparecen las personas. Yo aprendí a relacionarme con empresarios, con embajadores, con gente de la cultura, pero todavía en este momento armo una exposición en el Sheraton y debo empujar mi auto para que arranque. Este es el oficio que amo. Y esto está dado porque el obrero busca en el arte algo que todavía no está resuelto, aprender a recogerte en los momentos difíciles. -¿Sentís lo que hacés como un trabajo? -Yo no he podido evitar ser lo que soy. Lo que hago no está dentro de las propuestas educativas, no está dentro del estándar de vida convencional. Yo respeto todas las actividades de la vida, pero hay diferencias entre ser artista y ser un docente, un médico o un contador. Todos trabajan y piensan disfrutar la vida después de jubilarse. El artista no imagina la vida sin su trabajo. -Quién es exitoso en otros órdenes de la vida, ¿busca en el artista algo que él no pudo ser? -El arte permite acceder a otros niveles. Hay quienes compran porque disfrutan el arte y hay quienes compran como una forma de inversión. Sin ir más lejos, obras mías que vendí hace siete años hoy valen siete u ocho veces más de lo que costaban. Pero no hay dudas, entrar en la sala de un empresario que tiene obras de arte no es lo mismo que ingresar a una que no las tiene. Tachuela tiene un lenguaje rico, fluido. Sabe contar y explicar. "Tuve que aprender. Tuve que leer mucho. Tuve que aprender a explicar lo que hacía. Tuve que decir quién era. Estudié música durante cuatro años y eso también me ayudó. Pero especialmente entiendo que la palabra es libertad, es el ejercicio de pensar. Antes no quería explicarle a nadie quién era y qué era lo mío. Ahora es parte de lo que hago", sentencia. Esencialmente, Tachuela ejerce el arte de conjugar. Esculpe y muestra. Crea y muestra. Busca y muestra lo que encuentra. Conjuga lo ancestral con lo moderno. No se queda quieto. Busca formas, nuevos caminos, sin temores. Hace que valga la pena ver, en definitiva. Minimal Stones Muestra 17 piedras talladas, enmarcadas en un espectáculo audiovisual Artista Tachuela Inauguración mañana, a las 20.30 Dónde hotel Sheraton (Primitivo de la Reta 1009, Ciudad) Entradas $140, con degustación de vinos. Dos de las obras serán subastadas a beneficio de Fundavita

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