Vecinos de la casa en donde vivió desde hace mas de 60 años Ernesto Sábato, recordaban en la mañana del sábado la figura del escritor que falleció a los 99 años.
Los aledaños a la casa en donde Ernesto Sábato vivió desde hace mas de 60 años Ernesto Sábato, recordaban esta mañana la figura del escritor que falleció esta madrugada a los 99 años.
Las anécdotas que cuentan sus vecinos
Adrián Robledo recordó que "cuando Sábato cumplió 80 años yo era repartidor de diarios".
Indicó que en esa oportunidad, el escritor "que estaba quemando a las 6 de la mañana, en la entrada de la casa, unas pinturas que había hecho, me invitó a desayunar y lo que más me llamó la atención fue la cantidad de libros que tenía".
"Me acuerdo que le pregunté dónde estaban las paredes de la casa porque iban desde el piso hasta el techo los libros, y después que me invitó a desayunar, me dijo que cumplía 80 años y me regaló una pintura que aún conservo".
Robledo señaló que "no hablamos nada de literatura" sino que "me insistía con que estaba mayor y que tomara el café con leche que me sirvió".
Destacó que también lo vio en otras oportunidades caminando por el barrio junto con Matilde -su esposa fallecida- "pero hacía mucho tiempo que no salía de la casa, se sabía que estaba enfermo y que venían familiares a visitarlo, aunque había algunas chicas que lo estaban cuidando".
Por su parte, Víctor Correira, amigo personal de Sabato, indicó antes de acercarse al domicilio del escritor que "Sabato estaba mal, pero siempre fue ese hombre excelente que a cada instante nos dio una lección de dignidad".
"Lo conocí hace 30 años, yo tenía un negocio a la vuelta de su casa que reparaba televisores y Matilde me traía las cosas para arreglar", recordó.
"En una oportunidad, vino con Ernesto y empezamos a hablar sobre la obra del Club de Leones, y fue él quien me pidió si lo podría convertir en su ahijado y hacerlo leonino, cosa que así ocurrió".
Destacó que "a partir de ese momento, comenzamos una amistad a tal punto que una vez, cuando vine a verlo y le toqué el timbre para entrar a su casa, me premió diciéndome `usted es amigo, no tiene que anunciarse, sino solo pasar`".
Los vecinos recuerdan el gran dolor de Sabato cuando murió su hijo Jorge en un accidente automovilístico y coinciden en afirmar que -a partir de ese momento- no fueron tantas las salidas públicas por el barrio y que cada vez que lo hacía, sólo recibía muestras de afecto de quienes lo conocían por años.
En otro orden, en el Club Atlético Defensores de Santos Lugares, ubicado en Langeri al 3100, frente a la casa de Ernesto Sabato, están realizando los preparativos para montar, desde las 17 de hoy, la capilla ardiente que funcionará hasta las 24.
Hasta ese momento, las instalaciones del club se mantienen cerradas, en tanto funcionarios del Partido de Tres de Febrero se hicieron presentes para interesarse sobre la organización del velatorio.



