Por Carolina Baroffio
El Flaco Suárez lleva al Independencia su genial obra sobre el clásico cuento. En esta entrevista revela que su propia hija fue una Cenicienta en la vida real.
La Cenicienta tiene la culpa
“Yo amo el teatro para chicos”, repite Ernesto, el Flaco, Suárez a modo de obviedad si uno se deja llevar por los éxitos que marcan su dilatada carrera escénica a nivel local, nacional e internacional.
Pero para completar su verdad, el popular teatrista asume: “Mis obras para adultos tienen mucho para los chicos. Cuando trabajo en Los Angelitos van muchas familias a verme y los chicos me sorprenden porque no se duermen. Será porque odio ese teatro didáctico que trata al niño como si fuera tonto. Los chicos son 100 veces más vivos que nosotros porque la sociedad todavía no los atontó”.
Así de visceral se muestra el Flaco en la charla con Escenario & Tendencias, en la que se deja descubrir nostálgico, un poco extenuado, optimista y desafiante a la vez. Es a propósito del estreno infantil de Cenicienta, este domingo en el Independencia.
–¿Cómo llega la propuesta de hacer una obra infantil en esta época y en el Independencia?
–Creo que el director del teatro ha apostado a las producciones locales. Nunca se había dado que el teatro Independencia junte fondos para coproducir con elencos locales. En esta gestión de Fabricio Centorbi eso es para destacar.
–Antes, en 2008, vos tuviste una experiencia similar junto a tu elenco El Taller, aunque en vacaciones de invierno, con Don Quijote...
–Sí, era una versión muy loca que hicimos con el teatro. Fue un éxito. Y ahora los chicos de El Taller vienen de un festival internacional en Necochea, llevaron Una de piratas y ganaron un montón de premios (mejor obra, mejor actriz y mejor actor).
–Justamente con uno de tus clásicos infantiles. ¿En quién pensás a la hora de montar una obra para niños?
–En mí. Hago obras con personas y para personas. Aparte, en mi vida cotidiana intento que el humor esté presente siempre. El sentido del humor me acompaña en todo momento. En vez de contar pálidas, cuento cuentos. Eso lo heredé de mi vieja, que cuando no había comida en casa decía: “Hoy vamos a comer aire”. Y nos robaba una carcajada. Heredé de ella y del cine italiano esto de contar historias dramáticas desde el humor.
–¿Y qué es lo que te atrapa de los cuentos de hadas como La Cenicienta?
–Me gusta mostrar otra mirada, esa que menos se difunde o que está detrás de la bella historia de amor. En el caso de Cenicienta, casarse con un príncipe azul, que hoy sería casarse con un tipo con plata, no siempre es sinónimo de felicidad. A veces te trae problemas. Fijáte lo que le pasó a mi hija mayor, Laurita, que hoy tiene 37 años. Protagonizó su propio cuento de hadas. Se casó con un conde francés, bajando de unas escalinatas alucinantes, en un castillo increíble. El casamiento duró seis días, así que el traje que me llevé no me alcanzó. Pero fijate que a los seis meses se separó. El tipo era joven, lindo y con mucha plata, pero se iba de pezca o a cazar y la dejaba sola. Ella no aguantó. Ahora está casada con un futbolista sin tanta plata (Marcelo Morales), vive en Buenos Aires y es feliz. Así que mi hija fue una Cenicienta.
–¿Cómo te tomás este estreno en una época atípica para la convocatoria infantil?
–Es un desafío, no se hace casi nada hasta las vacaciones de invierno porque cuesta muchísimo que la gente lleve a los niños al teatro. Ya, de por sí, cuesta mantener una sala independiente. Te cuento el lunes cómo nos fue.
–La pérdida de convocatoria del teatro se debe, entre otras cosas, a la educación. Vos, ¿seguís dando clases?
–No, ya me jubilé. Éste es el último año que vivo (...). En serio, este año quiero vivir, después ya no. Ya he hecho demasiado daño (risas).
–No te creo. O es que estás llegando a viejo...
–¿Ves que te ponés agresiva?
–Vos estás hablando de la muerte, yo no...
–No, no...está bien, qué voy a morirme, me queda todavía... Lo que pasa es que estoy un poco desubicado. Soy otro tipo de jubilado. Igual, manejo la Práctica Escénica en la Universidad de Cuyo, me especializo en la improvisación en espacios abiertos y el espacio como estímulo para crear. Esto mismo lo hago en Córdoba y en Colombia. Igual, extraño darle clases a los niños porque aprendo mucho de ellos.
Sobre su Cenicienta
Tuvo que pasar una vida de maltratos familiares, logró salir de la tristeza de su hogar, colgar el delantal y acudir a una fiesta que cambiaría rotundamente su existencia. Sería uno de sus zapatitos lo que la llevaría a cumplir el sueño de encontrar la salvación gracias al amor de su príncipe azul. La Cenicienta es un personaje inmortal, tiene casi cinco siglos de vida y su recuerdo está intacto en el inconsciente colectivo.
El teatro primero, el cine y la televisión después, sus relatos parecen ser una mina de oro para la conquista del público menudo. Tal es así que el mes pasado se estrenaron en la calle Corrientes porteña tres obras diferentes basadas en este cuento de hadas.
Y la versión que hace 15 años escribió Ernesto Suárez viene a sumar una nueva reflexión sobre la bella y desgraciada joven. Ese libro del Flaco, que incluía La Caperucita Roja y Hansel y Gretel, será reditado en breve. Mientras, mañana, domingo 20, sube a escena su Cenicienta en el teatro Independencia. Dará funciones todos los domingos hasta fines de abril.
“La Cenicienta es una historia dramática, terrible, y como todo cuento viene con moraleja. La chica pobre que se casa con un muchacho con plata. Encima instala ese prejuicio de que las madrastras son malas”, explica el teatrista.
Por eso, dice que en su adaptación “muestro que la Cenicienta también tiene la culpa. Ella, como sus hermanastras, quiere casarse con un príncipe azul, aunque no puede competir porque es la sirvienta de la casa. Para no sacarle la magia al cuento, convierto al hada madrina en un hado padrino (que soy yo), entre trucho y real, que le muestra que fue todo un sueño y que ese príncipe es en su vida real Pedro, el hijo del leñador”.
Respecto a la fecha de estreno, alejada a las vacaciones de invierno, el actor y director considera: “No debería ser atípico este estreno infantil, debería haber funciones de teatro todos los domingos del año. Y que las vacaciones sean simplemente una continuidad del trabajo escénico de todo el año”. Así las cosas, esta tarde dominguera se juega por conquistar la decisión de los padres para que lleven a sus hijos al teatro. “La gente se daría cuenta que el teatro es una cosa lindísima, que los chicos tienen más participación activa”, propone.
Ficha técnica
Elenco: El Taller
Género: infantil.
Dirección: Ernesto Suárez.
Estreno: domingo 20, a las 17, en el teatro Indepenencia (Chile y Espejo, Ciudad).
Entrada: $20.



