Espectaculos Lunes, 19 de febrero de 2018

La actriz Mónica Lairana compite con "La cama" en Berlín

La actriz y cineasta argentina Mónica Lairana estrenará este martes en el 68vo. Festival Internacional de Cine de Berlín "La cama", un filme sobre "la desesperación, la soledad y el final del amor" que compite por el Premio GWFF a la Mejor Ópera Prima del certamen alemán con la demoledora historia de una pareja que afronta el drama de su separación, tras 30 años de matrimonio, mientras desarman el hogar y se reparten sus pertenencias.

Seleccionada para la sección Forum de la Berlinale, donde tendrá su estreno mundial, la ópera prima de Lairana está protagonizada por Sandra Sandrini -hija del recordado comediante Luis Sandrini- y Alejo Mango, cuyos personajes pasan sus últimas horas juntos durante un caluroso verano encerrados en la casa familiar que ya está en venta, mientras la desmantelan, dividen sus pertenencias y se despiden.

La cama. Debut en la dirección de la actriz y cineasta Monica Lairana.

La cama. Debut en la dirección de la actriz y cineasta Monica Lairana.

El primer largometraje de la directora de "Rosa" y "María", cortos multipremiados estrenados en los festivales de Cannes y Rotterdam, pone la mirada "en la intimidad de las horas finales de esa convivencia, donde ya no hay guerra, lucha ni reproches, sino simplemente aceptación. Y donde el otro tiene que empezar obligatoriamente a convertirse en un ser ajeno".

La primera película de la ganadora del Cóndor de Plata 2016 a la Mejor Actriz de Reparto (por su interpretación en "El Patrón, radiografía de un crimen") fue filmada en la ciudad de Buenos Aires, en colaboración con Alemania, Brasil y Holanda, y con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y la Agencia Nacional de Cinema de Brasil (Ancine).

"Mi propia separación fue el punto de partida para el relato. La experiencia de un dolor desgarrador como nunca había sentido. Eso me hizo pensar cuánto más doloroso podía ser una ruptura como esa en parejas de muchos años de convivencia. Como cineasta fue creciendo en mi el interés por narrar el quiebre de una pareja que se separa después de toda una vida juntos", afirmó Lairana en diálogo con la agencia Télam.

-¿Por qué condensaste el drama en dos días y dentro de una sola locación?

-La idea era detener el mundo exterior por un instante, donde el único mundo posible fueran ellos dos atravesando la última travesía juntos. Quise retratar el proceso de disolución y desmantelamiento de la relación pero sin escenas de discusiones ni peleas, sino poniendo el foco en los pequeños gestos y miradas, en las sensaciones, y en la maravilla de la vida ordinaria y cotidiana. Sobre todo, quise detener la mirada en los cuerpos de los protagonistas. Porque son sus cuerpos los que son arrasados por sus emociones.

-¿Qué rol ocupa la desnudez en tu película?

-Me interesa indagar en el tipo de desnudo no idealizado, que busca su esencia más allá de los conceptos de belleza. Quería retratar cuerpos reales, con los vestigios naturales del paso del tiempo. Filmar la plenitud de sus pliegues, sus arrugas, sus sexos naturalmente expuestos ante la cámara, por la fuerza y el poder de lo verdadero y natural que aportan al film. Son los cuerpos desnudos además los que nos conducen a otros niveles de lectura sugeridos sutilmente, como el temor a la vejez. Y yo quería que mis protagonistas se enfrentaran al otro y así mismos en esa situación compleja y dolorosa, despojados de todo, en carne viva.

-¿Qué tipo de puesta en escena elegiste para representar el dolor que sufren tus protagonistas?

-Me propuse especialmente ubicar al espectador en la situación de voyeur, como un testigo que observa toda esa intimidad a cierta distancia. Quería profundizar su sensación de estar espiando la intimidad de mis personajes en sus actividades más privadas. Comer, coger, ducharse, vestirse, llorar, dormir. El relato crece en la medida que el espectador asume su rol de voyeur y se involucra casi sin darse cuenta con esa intimidad que observa. Con ese propósito opté por el registro desde una óptica y una puesta en escena en cierta forma ligadas al cine de observación. Un estilo de cámara que capta acontecimientos íntimos pero sin intervenir en ellos, desde una distancia autoimpuesta para conseguir un tipo de narración cinematográfica con mucha sensación de verdad.

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