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El director periodístico de Diario UNO tuvo su lanzamiento oficial en la Feria del Libro en compañía de un libro “hermano”, Traiciones de la memoria, que cuenta la misma historia, aunque desde la perspectiva y con el enfoque de H

Jaime Correas presentó su novela "Los falsificadores de Borges"

Por UNO

Por Fernando G. Toledo

Un camino de laberintos, esos que tanto fascinaban a Borges, parece haber recorrido un conjunto de hermosos y casi secretos poemas del genial escritor argentino para llegar hasta la noche de este miércoles, cuando de manera a ratos tácita, a ratos explícita, fueron los protagonistas de la presentación de la novela de un autor mendocino en la 37ª Feria del Libro de Buenos Aires.

Esta novela, titulada precisamente, Los falsificadores de Borges, y escrita por el director periodístico de Diario UNO, Jaime Correas, tuvo su lanzamiento oficial en el gigantesco encuentro editorial porteño, en compañía de un libro “hermano”, Traiciones de la memoria, que cuenta la misma historia, aunque desde la perspectiva y con el enfoque de Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano que también estuvo presente anoche, en este acto organizado por el sello editor de ambos volúmenes.

Pero la presentación, que unió digamos “protocolarmente” a Correas y a Abad Faciolince en un mismo acto es sólo la superficie del lazo que une al mendocino con el colombiano. Y es que ese lazo, cuya autoría podemos atribuir al propio Jorge Luis Borges, tiene que ver con una serie de sonetos inéditos del autor de Los conjurados que publicó el director de UNO en su etapa de estudiante universitario, y que por un camino ciertamente laberíntico terminó a un médico colombiano que decidió copiar a mano uno de ellos y guardarlo en su bolsillo.Allí estaba cuando a este médico, Héctor Abad Gómez, padre de Faciolince, lo acribillaron a balazos en la calle Argentina de Medellín en 1987. Fue Héctor Abad Faciolince quien contó en su exitoso libro El olvido que seremos los promenores de la muerte y dio a conocer este soneto en 2007 (de cuyo primer verso tomó el título para su obra), dando pie luego a una verdadera polémica literaria acerca de la autenticidad borgeana de tal poema que llevó al escritor, por esos recovecos del laberinto y por la intermediación de algunos pintorescos personajes (en especial el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio), a tomar contacto con Jaime Correas, quien sin saberlo tenía la punta del hilo de Ariadna que iba a permitir escapar de ese dedálico enredo con visos de intriga.

En la presentación de Los falsificadores de Borges y de Traiciones de la memoria, que se realizó en la sala Alfonsina Storni del predio La Rural donde se realiza la Feria, estuvo presente, como coordinador, el periodista Horacio Bilbao, quien ya había dado a conocer periodísticamente esta historia en el suplemento Ñ de Clarín y que se congratuló por ver, un par de años después, los frutos literarios de tal peripecia borgeana, dados a la imprenta y puestos a consideración del público.

A la hora de hablar de esta historia en la que el recuerdo de su padre asesinado cobra un peso particular, Abad Faciolince reflexionó sobre la precariedad de los recuerdos y de cómo, cuando olvidamos ciertos hechos, éstos, que fueron en su momento un presente casi palpable, corren el riesgo de convertirse en casi nada. Esa idea fue la que lo ha llevado a la costumbre de componer un diario personal que muchas veces le permitió, y en este caso en particular, rescatar algunos sucesos de su vida tan cruciales.

Correas, por su parte, agradeció el modo azaroso en que se vio involucrado en esta historia, incluso cómo el propio Abad Faciolince lo llevó a advertir que formaba parte de ella sin saberlo, y repasó el largo proceso de investigación que encaró para escribir su “novela de no-ficción”, que incluyó el hecho de intentar conseguir pruebas de la autenticidad de los sonetos de Borges, algo que, cuando los publicó en 1987 en Mendoza, no había hecho, a pesar de que esa edición fue la que, de algún modo, echa a andar esta historia que combina la estética encumbrada de la poesía del escritor argentino, la vil realidad colombiana de los años 80, la curiosa fruición paródica y apócrifa de Alvarado Tenorio y la desesperación insaciable de Abad Faciolince por develar la verdad de esta historia, que significaba de algún modo un homenaje a su padre, trágicamente asesinado. 

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