Claudia Piñeiro, famosa por las versiones cinematográficas de sus exitosas novelas, llega hoy al encuentro literario de la Feria del Libro.

“En todos lados es muy difícil vivir de los derechos de autor”

Por UNO

Selva Florencia [email protected]

Hace unos 20 años, Claudia Piñeiro iba en un avión y se sentía completamente miserable con su trabajo de contadora. Vio el aviso de un concurso de novela y decidió participar. Quedó entre las finalistas y desde ese momento cambió la calculadora por la máquina de escribir.

En 2005 obtuvo el premio Novela Clarín por Las viudas de los jueves. Esa historia se sitúa en un country de Buenos Aires y vino a satisfacer las ansias por un policial que tuviera alguna semejanza con el caso de María Marta García Belsunce.

Desde entonces, la escritora se ha especializado en el género policial, aunque no de forma consciente. Entre sus novelas más exitosas se cuentan Betibú, Las grietas de Jara y Tuya.

Hoy y mañana, Piñeiro estará en la Feria del Libro de Mendoza. Primero, presentará su último trabajo, llamado Un comunista en calzoncillos, mientras que mañana participará de un panel sobre la novela en el cine.Escenario dialogó con la autora de 54 años sobre qué la inspira, cómo es vivir de escritora y por qué sus libros tienen éxito en la pantalla grande.

–¿Cómo surge la inspiración para Un comunista en calzoncillos?–Todo empezó como un ejercicio sobre la memoria. Me pidieron un texto para un 24 de marzo que hablara sobre qué estábamos haciendo cuando ocurrió el Golpe de Estado. Yo escribí sobre una chica que va caminando hacia el colegio, que está en el libro, y se va a encontrar con una amiga, quien le va a decir algo muy diferente a lo que le dijeron en su casa sobre el Golpe. Después, me puse a pensar que, en realidad, ese día yo no había ido a la escuela y empecé a investigar sobre esos días de mi infancia. Ese fue el disparador mediante el cual empezaron a surgir imágenes y recuerdos. De esa duda sobre el recuerdo empezaron a aparecer las imágenes para esta historia.

–Se la define como tu novela más personal, ¿la sentís así?–Todas las novelas tienen elementos míos. En algunas son más fáciles de identificar que en otras. En Las grietas de Jara la gente lo nota menos porque el protagonista es un hombre y, sin embargo, tiene muchas cosas mías. De todas formas, este libro tiene claramente un componente autobiográfico porque las fotos que aparecen son de mi papá y yo. No son otros. Evidentemente, es una historia personal, pero tiene elementos de ficción. No es que todo lo que dice el libro pasó de esa manera.

–Tus libros se traducen muy bien al lenguaje cinematográfico, ¿qué atrae a los cineastas a elegir tus libros como fuente?–Siempre que escribo una novela, el disparador es una imagen. Con mi último libro, fue la chica que salía de la escuela e iba caminando. Siempre veo una imagen y busco las palabras para contarlo. Como lo que escribo se basa en imágenes, el que lee lo vuelve a armar como una imagen y quizás eso lo hace cinematográfico. Sin embargo, esto es un error en ese sentido porque, por ejemplo, ahora están haciendo la película de Tuya, con Jorge Marrale, Andrea Pietra y Juanita Viale. Esa novela, todo el mundo siempre ha dicho que es una película. Sin embargo, es el monólogo de una mujer. Por eso, yo siempre supe que el director que la agarrara iba a tener serios problemas para hacer el guion. La historia transcurre adentro de la cabeza de la protagonista y según lo que ella va viendo. No es muy fácil pasar de un formato a otro.

–Debe existir en vos ese miedo a que la gente piense que la película no es tan buena como el libro...–Peor sería que pensaran que la película es mucho mejor que el libro. Eso sería más grave (risas). Yo soy dramaturga también, entonces estoy acostumbrada a entregar un texto y que con eso la otra persona inicie un proceso de representación que va a resultar en otra cosa. Los actores, el director, el iluminador: todos, le ponen valor agregado. Todas las adaptaciones requieren de cambios. Tengo amigos escritores que esto no lo pueden tolerar. Si el pasaje fuera textual, la película fracasaría. Yo tengo un desprendimiento que me permite ir al cine a sorprenderme con lo que hizo otro en base a mi historia.

–Fuiste contadora por muchos años, ¿fue difícil abandonar aquello por una carrera nueva?–Siempre escribí, lo que no entendía era que uno pudiera dedicarse a escribir para vivir. De todas formas, en la Argentina y en todos lados es muy difícil vivir de los derechos de autor. En aquel momento, el trabajo que yo tenía ocupaba todo mi tiempo, pero no estaba dentro de mis posibilidades dedicarme a escribir como forma de vida. Cuando participo de mi primer concurso y quedo entre las finalistas, se produce el quiebre. Pero, en realidad, siempre me sucedió que me era más fácil decir algo escribiendo que oralmente.

–¿Y qué otros proyectos emprendés, además de la escritura, para poder vivir de esta profesión?–Hace unos 10 años que doy talleres literarios, aunque por un problema de salud, en este último año no pude. Doy conferencias, que cuando tenemos suerte, nos las pagan. Trabajo en Radio Continental y escribo notas para distintos medios periodísticos.

–Los nombres de tus libros son muy intrigantes, ¿los elegís vos? –No ha sido igual en todos los casos. Tuya y Betibú tienen de título el mismo nombre con el que estaba guardado en mi computadora el archivo de Word. Siempre se llamaron así. Las viudas de los jueves, cuando la terminé, tenía un título que no me gustaba. Entonces, hice una lista de 58 títulos posibles hasta que llegué. En el caso de Un comunista en calzoncillos, me pasó que fui a un foro, en el que nos invitaban a leer algo. Yo elegí leer una parte de este libro que aún no terminaba. Ese año estaba invitado Alfonso Cueto, que es un escritor peruano, y cuando terminé, se me acercó y me dijo: “Me gustó mucho eso que leíste de ese comunista en calzoncillos”. Ni bien me lo dijo, me percaté de que ese era el título, porque condensaba mucho del libro en una frase. Ahora, justamente, estoy terminando una novela que aún no tiene título.

–¿Estás en pleno proceso de nombrarla entonces?–El que tiene, no termina de convencerme, pero he cambiado la forma. Lo que hago ahora es encarar la etapa de corrección pensando en que el título ya está en la novela. De manera que, al revisarla, encuentre en alguna frase o párrafo lo que busco para nombrarla. Lo termino encontrando en lo que ya escribí.