Espectaculos Lunes, 26 de noviembre de 2018

El viaje de madurez de Bradley Cooper

Su mayor confesión personal la ha hecho en su ópera prima 'Ha nacido una estrella' en la que habla de su lucha contra las adicciones y la idea de que el amor no lo cura todo.

En 2011 Clint Eastwood iba a dirigir la tercera versión de la película Ha nacido una estrella. Beyoncé interpretaría el papel que ya habían encarnado Judy Garland y Barbra Streisand en los dos filmes anteriores y el director de Sin perdón le ofreció el protagonista masculino, el de la estrella ya asentada y madura, a Bradley Cooper, quien estaba en plena cresta de su éxito, en mitad de la trilogía Resacón en Las Vegas. Pero el actor lo rechazó. Lo dudó unos instantes, y le dijo que no a Eastwood: a los 36 años que tenía entonces "no había vivido bastante".

Ese mismo 2011, la revista People nombraba a Bradley Cooper el hombre más sexy del mundo y su repercusión mediática estaba por las nubes tanto por sus películas de taquilla millonaria como por su relación con la actriz Renée Zellweger que había empezado supuestamente —porque nunca llegaron a dar una confirmación oficial— tras el rodaje de Expediente 39, tres años antes. Ese mismo año, en cuanto acabó el rodaje de Resacón 2 voló de Tailandia a su casa en Filadelfia para seguir cuidando de su padre, enfermo de cáncer de pulmón. Dos semanas después, moría en sus brazos. En aquel instante, su vida cambió por completo. Su manera de mirar el mundo y moverse en él, también. Y eso incluía su trabajo y su lugar y aspiraciones en la industria.

Cambió las grandes producciones por películas pequeñas, con éxito desigual, pero que le han dado el prestigio que buscaba, con amigos que antes consideraba ídolos (Eastwood, Robert De Niro) y tres nominaciones al Oscar incluidas, por El lado bueno de las cosas, La gran estafa americana y El francotirador. También interpretó en Broadway el papel por el que empezó a soñar ser actor con solo 12 años: El hombre elefante. Aunque en su vida personal continuó la persecución de los paparazis, atraídos por el secretismo y la fama de sus novias: tras Zellweger, mantuvo una relación de dos años con Zoe Saldana, después con la modelo Suki Waterhouse hasta que en 2015 conoció a su actual pareja, la modelo rusa, Irina Shayk, ex de Cristiano Ronaldo, con quien el año pasado tuvo una hija, Lea.

En las entrevistas, Cooper siempre se blinda en cuanto intuye una pregunta personal, no solo sobre su vida romántica, sino sobre cualquier cuestión que vaya más allá de su trabajo. Durante un tiempo no fue así, en los años alrededor de su despegue, entre 2009 y poco después de ese 2011 afortunado y fatídico, se prodigó en los medios hablando sobre su sobriedad. Reveló que en 2004, después de tocar fondo, dejó el alcohol y las drogas a los que creía estar enganchado por una cuestión de inseguridad y baja autoestima en sus primeros años en Hollywood. "Me preocupaba tanto lo que otros pensaran de mí, cómo me presentaba al mundo, cómo sobreviviría a mi día a día. Siempre me sentía como un extraño. Solo vivía dentro de mi cabeza. Pensaba que no iba a estar a la altura de mi potencial y me asustaba. Pensé que iba a arruinar mi vida", confesó en The Hollywood Reporter en 2012.

Después, limitó cada vez más sus entrevistas. Cooper estaba totalmente volcado en su carrera, en vivir todo lo que le faltaba cuando Eastwood le ofreció el papel de Ha nacido una estrella. Pero en 2015 sintió que ya podía interpretarlo. "Sinceramente, lo pude ver en mi cara, lo sentía", le dijo a The New York Times en una entrevista este verano, semanas antes del estreno mundial de Ha nacido una estrella, la película que Eastwood iba a dirigir y, que al final, el propio Bradley Cooper convirtió en su ópera prima detrás de las cámaras, pero también frente a ellas. La película que podría llevarle a los Oscar junto a su coprotagonista femenina, la cantante Lady Gaga. La presenta ahora como su mayor confesión personal porque todo en ella habla de él: desde su visión del arte corrompido por el negocio, a la lucha contra las adicciones y la idea de que el amor no lo cura todo.

"Las historias que se ven en esta película salen de un lugar profundamente personal y es la única manera que conozco para comunicarme con la gente", decía en esa misma entrevista en The New York Times, justificando y escudando su privacidad y también su forma de entender el cine. "No conozco a Martin Scorsese como ser humano, ni quiero conocerle, pero creo que sus películas son muy, muy personales y me afectan", continuaba. "Y mi esperanza es que creando esta historia [Ha nacido una estrella] aprendas mucho de mí".

Una pareja discreta

Poco se sabe de la discreta vida que llevan Bradley Cooper e Irina Shayk. Comenzaron su relación la primavera de 2015. Ella acababa de romper su relación con Cristiano Ronaldo, que le reportó mucha fama pero poco amor como ella misma confesó después. Esa ha sido una de las pocas ocasiones en que la modelo rusa ha hablado de sus sentimientos. Tan en secreto llevó todo que cuando se quedó embarazada de su hija Lea intentó ocultarlo hasta que en el desfile de Victoria's Secret su figura quedó en evidencia.

La pareja no suele prodigarse en actos sociales. Viven a caballo entre Los Ángeles y Nueva York y las pocas veces en que se dejan ver es empujando el carrito de su niña. Irina se ha mantenido en un segundo plano durante la promoción de la película Ha nacido una estrella en la que el actor se ha paseado por las alfombras rojas de la mano de Lady Gaga.

Que se sepa no se han casado aunque ella lleva desde hace más de un año un espectacular anillo de compromiso.

Fuente: El País

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