Reconocido en su tierra y emocionado por ello, el ilustrador recibió ayer de manos del gobernador Pérez este honor a 50 años del inicio de su carrera.

El maestro Juan Giménez ya es Embajador Cultural de Mendoza

Por UNO

Selva Florencia [email protected]

Afable, gracioso, alabado mundialmente, pero por sobre todo, humilde. El maestro de la ilustración de ciencia ficción Juan Giménez volvió a su tierra natal y fue recibido con honores por el Gobierno provincial, quien lo nombró Embajador Cultural.

Ayer al mediodía, en el marco del Primer Mercado de Ilustración de Mendoza (MIME), el maestro fue honrado por el gobernador Francisco Paco Pérez, en presencia de decenas de dibujantes locales que participan en el encuentro, el cual busca motorizar la industria del dibujo.

El acto estuvo plagado de emoción, sobre todo porque Giménez aprovechó para recordar sus inicios, aquellos que lo tuvieron como asistente de agencias de publicidad y que lo llevó a crear un perrito que aparecería en uno de los primeros comerciales de la tienda Maxi.

Diario UNO  dialogó con el maestro, quien a pesar de todos los logros y reconocimientos que ha cosechado en 50 años de carrera sigue siendo tan accesible como cualquier vecino.

–¿Qué le provoca recibir este honor del Gobierno mendocino?–Toda la emoción del mundo. Hice una síntesis porque mi profesión ha sido bastante marginada en cuanto a los reconocimientos, dado que se trabaja en soledad y los resultados son lejanos. Nunca sabemos, hasta que pasa un cierto tiempo, si nuestros trabajos son aceptados o no. Claro que ahora con la tecnología eso ha cambiado. Gracias a internet y las redes sociales uno anuncia lo que está haciendo y la gente responde.

–¿Cuál sigue siendo su nexo con Mendoza y cada cuánto la visita?–Tengo a toda mi familia aquí, de parte de mi mujer, Silvia. Ella es parte de esta historia también porque es quien me acompañó y me permitió dedicarme enteramente a esto. Ahora, después de tantos años, parece que algo he hecho bien (risas). Ese es el nexo. Además, en Mendoza tengo a mis amigos, que me da un placer enorme verlos, especialmente cuando me hacen un asadito.

–Muchos artistas mendocinos que tuvieron que irse de la provincia para hacer sus carreras afuera de a poco empiezan a volver. Quino ya compró una casa aquí, Arístides Vargas piensa en reinstalarse también. ¿Piensa en eso usted?–Es una lucha. Pero todo indicaría que sí. Hay que recuperar cosas que son valiosas, como la familia y los nexos. Sobre todo mientras podemos, porque la edad no perdona. Eso es lo que estoy tratando de hacer. Estoy regresando cada vez más seguido. Antes pasaban dos o tres años sin que pisara Mendoza, ahora prácticamente vengo cada ocho meses.

–Habló sobre el avance de lo digital, sin embargo el talento no tiene remplazo en su profesión...–Algo de mágico hay. El talento no lo es todo tampoco, pero es un conjunto de elementos. Es algo difícil de definir. Cuando uno ve algo que ya está hecho debe buscarle la vuelta de tuerca para darle su toque personal. Esa es la búsqueda. Cuando me fui a Europa, con la intención de dar a conocer mi trabajo, yo pensaba: “¿Qué les voy a mostrar a ellos, si ya lo han hecho todo?”. Sin embargo, había cosas con las que pude sorprender. El factor suerte también tuvo mucho que ver, porque yo mandé una serie de dibujos y el editor estaba feliz en el momento en que las vio, porque recién venía de vacaciones (risas).

–¿Y de dónde viene esa fascinación por la ciencia ficción, por los monstruos y los astronautas...?–Es escapismo (risas). Habría que preguntárselo a un psicólogo. La tierra firme nunca me gustó. Yo pensaba cómo sería un planeta lejano y empezaba a dibujarlo, me pasaba el día entero. Ahora, con la tecnología puedo saber cómo es un traje espacial y eso me ayuda a dibujarlo. La respuesta es que quería escaparme de la tierra, de mis profesores, de la vida diaria de un tipo que estaba agobiado por tener que estudiar cosas horribles, como matemáticas. Sin embargo, con los años descubrí que todo lo que estudié me sirvió: matemáticas, química... Es increíble.

–¿Cuál es el consejo para los ilustradores mendocinos?–Hay que arriesgarse. Pensar en que el horizonte es mucho más grande del que uno se imagina y que cada trabajo que uno hace es único. Yo no sabía lo que tenía para ofrecer, pero era único. Tienen que pensar en viajar, conocer y arriesgarse. Dibujar en paredes, en piso, donde sea. No hay que esperar.