Carolina Baroffio[email protected]
Abel Pintos era un adolescente del interior de la provincia de Buenos Aires que asomaba su nariz entre bombos y charangos de Cosquín para deslumbrar al público de 1998 con su primer disco bajo el brazo (Para cantar he nacido). Con el empuje que le daría su padrino artístico, León Gieco, Abel escribiría esa página imborrable cuando un día de enero debió subir más de una vez al escenario del festival máximo del folclore argentino. Tenía entonces 13 años y no se conformaba con ser una joven promesa del folclore joven. A fuerza de talento y rebeldía, Abel Pintos pretendía convertirse, con el tiempo, en un artista popular.
Hoy, después de dedicar todos los días de los 14 años que transcurrieron y con siete discos testimoniales de su propio crecimiento, el cantautor cumplió su misión. Él asegura que fue gracias a Reevolución, su nuevo trabajo que entregará al público mendocino el próximo jueves en el Bustelo. “Es un disco que me está transformando en el artista popular que yo siempre quise ser”, se sincera en esta entrevista exclusiva que mantuvo con Escenario & tendencias.
–Reevolución, el séptimo disco de tu carrera, viene con muy buenas críticas y apenas salió se convirtió en Disco de Oro, premio que recibiste arriba del escenario de Cosquín, el verano pasado...–Todo eso lo vivo con mucha felicidad porque es un disco que sigue estando muy conectado con mis cosas personales. Cada disco que yo grabé hasta hoy representó muy bien cada etapa de mi vida. Y Reevolución continúa con eso. Por otro lado, es muy exitoso desde lo comercial, tiene mucha repercusión, sus cortes de difusión son tan conocidos como las otras canciones. Entonces es un disco bisagra que me está transformando en el artista popular que yo siempre quise ser y que quiero ser toda mi carrera. Siempre quise que mi música fuera respetada, querida.
–Esa cuestión de llegar al público masivo...–Es que lo popular es masivo. Pienso que los géneros lo único que hacen es encasillarnos, porque son como etiquetas. Cuando uno puede trascender ese género que eligió musicalmente para pasar a ser un músico popular, todo el pueblo o más gente que tiene otras preferencias musicales acepta la versión del género que uno eligió, lo escucha y lo hace parte de su vida. Eso es lo popular.
–¿Y cómo definirías esa música en esta etapa de popularidad de tu carrera?–Soy un músico folclorista pero no tradicionalista. Mis referentes son tradición hoy, después de una carrera de 40 años. Cuando eran jóvenes como yo, mis referentes estaban en lo mismo que yo, amaban el folclore, pero tenían su propia idea y su propia versión del género. Hoy, al pasar el tiempo, esa versión es una tradición, porque la tradición se hace con el tiempo. Yo espero poder lograr lo mismo, así como lo logró Daniel Toro, el Chango Farías Gómez o Hernán Figueroa Reyes, jóvenes en su momento que cantaban folclore, pero no de la forma que se veía cantando en esos tiempos, sino con su propio estilo.
–¿Eso abre puertas al público joven?–Lo que en realidad hace eso es demostrar a todos, independientemente de los gustos musicales y de las generaciones a la que pertenezcan cada uno, que la música folclórica es muy rica, que tiene mucha posibilidad para explotar y para explorar todavía. Le quita un poco lo acartonado de otras épocas del género. Demuestra que toda la música se puede mezclar perfectamente sin perder la esencia del género que uno eligió. Aparte, me crié musicalmente al lado de (León) Gieco, que tiene un público multigeneracional.
–Supongo que el desafío, visto así, debe ser mayor...–Sí, claro, es un desafío y una búsqueda constante, pero no es conflictivo porque en realidad ese desafío nace desde un deseo muy puro y muy profundo: es el amor que uno siente por lo que hace.
–Búsqueda va por buen camino, viéndote hacer tu primer Luna Park, tras 14 años de trayectoria, con invitados que precisamente no tienen mucho que ver con el folclore tradicional...–Fue un momento de mucha felicidad porque volví a sentir que este disco está logrando darme la popularidad que yo siempre quise. En el Luna invité a cantar a Guadalupe Farías Gómez, sobrina del Chango y cantante folclórica, también canté con Marcela Morelo y también invité a tocar la guitarra a Juanchi Baleirón, el líder de Los Pericos. La gente lo vivió con la misma intensidad que yo, eso significa que a la gente que me acompaña en mi carrera le gusta la música, más allá de los géneros. Me llena de felicidad saber que les gusta lo que transmito, porque lo hago desde lo más profundo de mi corazón.
–En esta misión cumplida mucho tienen que ver tu hermano Ariel y tu guitarrista, Marcelo Predacino. ¿Cómo es el proceso de composición en tu música?–Marcelo y Ariel potencian lo que yo les cuento como intención de algo musical. Le dan forma a lo que quiero cantar. Yo compongo las canciones y después me junto con ellos para hacer los demos. Recuerdos, ideas, párrafos escritos... no escribo de forma sistemática, el proceso de composición de una canción es tan complejo como los sentimientos.
–¿Y cómo sobrellevás el título que te ganaste en este último tiempo de “galán” del folclore joven?–Yo me siento muy feliz de poder cantar las cosas que nacen en mi alma y que amo profundamente. Todo el resto son títulos. Me honra que me llamen “galán”, “ídolo” o “referente”, es muy halagador, pero no es lo más importante para mí.


