Por Lucio A. Ortiz
La noticia duele como una herida con el filo de un cuchillo, se siente la daga ingresando a la carne atravesando vísceras y alertando a su vez las neuronas, haciendo un cosquilleo en los lagrimales. Y surge clara y dulce la melodía bella que dice: “Muchacha ojos de papel, ¿a dónde vas?”.
Y lo veo reproducido en mil pantallas a la vez, cantando, pronunciando poesías y diciendo: “Muchacha pequeños pies, no corras más, quédate hasta el alba”. El Flaco Spinetta rogaba que esa piba no se fuera y le pedía: “Sueña un sueño despacito entre mi manos, hasta que por la ventana suba el sol”.
Saliendo de la adolescencia y pidiendo permiso para ser mayor de edad, había escrito los versos más bonitos del rock nacional. En Almendra consumaba esa letra que sería reclamada en cada recital y que, durante muchos años, la negaba para darle lugar a sus nuevas creaciones. El Flaco de Pescado rabioso, el que se hacía Invisible, el que brillaba en Jade exclamaba: “Y no hables más, muchacha, corazón de tiza, cuando todo duerma te robaré un color”.
El Flaco en la resurrección de Almendra en Andes Talleres, el que soportó la mala onda en La Falda, ese que colgaba su melodía en el Gran Rex, se transformaba y se volvía a reinventar. Hasta el que vi parado en Necochea y España, y se prendió a charlar junto a mi amigo Marcelo. El que nos presentó a su compañera Carolina Peleriti, mientras la gente pasaba al lado y no lo reconocía. El momento quedó estampado en un autógrafo sobre la tapa de El Gráfico: “Para mi amigo Marcelo”, firmado: “El Flaco que pasó inadvertido”.
Hasta para un autógrafo era poeta.
Este Flaco que le dio música a generaciones de pibes que ya son abuelos tuvo su Alma de Diamante, fue al Valle Interior, vio a Los Niños que escriben en el cielo, fue Kamikaze, fue al Bajo Belgrano, estuvo con Don Lucero, cantó La la la y hasta fue Socio del desierto.
Y ahora, Flaco, nos queda la música y la belleza de los versos.
“Duerme un poco y yo, entre tanto, construiré un castillo con tu vientre, hasta que el sol, muchacha, te haga reír, hasta llorar, hasta llorar...”.Flaco, ahora que dormís, te robaré un color.


