El ex baterista de Los Enanitos Verdes dio una entrevista exclusiva a UNO donde cuenta cómo transcurren sus días alejado de los grandes escenarios.

El ex enano Piccolo después del rock

Por UNO

Hace poco más de un año, Diario UNO contaba en primicia el alejamiento del baterista Daniel Piccolode Los Enanitos Verdes, banda mendocina con una importante trayectoria internacional. Desde ese día

el batero fue el más buscado por la prensa para que contara los motivos por los cuales dejaba el

grupo, del cual era socio fundador. Los esfuerzos de los periodistas fueron en vano, ya que según

cuenta el propio músico "no estaba atravesando un buen momento para dar notas".

Esos días terminaron y ahora está más que feliz de poder disfrutar de sus hijos, sus padres y

sus amigos. En esta entrevista exclusiva cuenta cómo sigue su vida alejado de los escenarios

internacionales y convertido en un empresario, ya que es dueño de uno de los jardines de infantes

de más renombre de la Ciudad de Mendoza y, además, está proyectando un complejo turístico en

nuestra cordillera.

–¿Cuándo empezó a tocar la batería?

–A los 20 años, y a los dos meses de que me compré una ya estaba tocando con Los Enanos.

–¿Desde pequeño soñó con ser músico?

–Siempre quise ser baterista, pero de chico pretendía ser patrullero, bombero y todas esas

cosas que uno quiere ser cuando es un niño. También quería ser arquero de fútbol y de hecho lo fui.

Fui a la Lepra y me probaron, y alguien me comentó que no me iban a llamar porque el arquero era el

hijo del entrenador. No me acuerdo quién era el DT en ese momento. Te hablo de muchos años atrás.

Pero era un buen arquero y me llamaban de los clubes de todos los barrios (risas). Cuando ya era

más grande trabajaba en la casa de música Hoffman, con Marciano Cantero, y allí compré mi batería.

En realidad yo empecé trabajando en la carpintería de mi viejo y todas las quincenas le llevaba

plata para comprar mi primera batería. No fallé ni una quincena y al parecer eso le dio confianza a

Hoffman y cuando le quedó una vacante me llamó para que atendiera al público. Fue una etapa muy

linda de mi vida. Después abrieron una empresa de sonido e iluminación, y nos puso a Marciano y a

mí a laburar en eso. Le poníamos mucha polenta. Después vino el auge de Los Enanos y el resto de la

historia la conoce todo el mundo.

–¿Y cómo es su vida alejado de los grandes escenarios y de los fans que le dejan cientos de

mensajes en su cuenta de Facebook?

–Muy tranquila. Estoy pasando el mejor momento de mi vida y disfrutando a pleno de mis hijos.

Además, una cosa que extrañaba cuando estábamos en México o Estados Unidos era ir a la cancha. Yo

soy Leproso y ahora no falto a un solo partido. Me pongo la camiseta y la gorrita, y me voy a la

cancha con mis hijos.

–¿Pero no extraña a Los Enanos?

–No te puedo negar eso. Fueron 30 años y obviamente hay cosas que extraño. Pero si pongo

cosas en la balanza, sé que la decisión que tomé fue la correcta. Era más la angustia que sentía

cuando me tenía que ir de gira que lo que me puede provocar saber que Los Enanos están tocando a

tres cuadras de mi casa sin mí. Hace poco tocaron en el Bustelo y yo vivo a unas cuadras de ahí...

–En ese concierto el público aclamó su presencia, se habrá enterado por los diarios...

–No leo notas sobre la banda porque tengo que terminar de cortar el cordón.

–Pero cuando entrevisté para esa ocasión a Marciano Cantero dijo que estaba bien la relación

entre ustedes.

–Sí, con Marciano está todo bien. Con él me escribo y tengo la esperanza de que algún

día hagamos algo juntos. A mí siempre me costó salir de viaje y dejar a mis hijos, pero había

motivos económicos y artísticos por los que lo hacía. Después empecé a dejar de disfrutar y no

rendía lo que tenía que rendir y eso no me tenía contento.

–Pero no se ha retirado completamente de la música, ahora toca en La Piedra.

–Soy músico invitado. Les aclaré a los chicos de La Piedra que yo no voy a viajar con ellos

porque no quiero volver a pasar lo que viví con Los Enanos. Me tira más ser invitado y no ser tan

protagonista. Quiero ver la música desde otro lado. Quizá del lado que la veía cuando empezamos con

Los Enanos. La única deuda que me ha quedado en mi vida artística es la de ser un músico estable en

un lugar fijo, tocar en un sitio tranquilo mientras la gente come, por ejemplo. Muchos músicos

tuvieron que empezar laburando como bandas estables en restoranes y lugares así. A nosotros con Los

Enanos eso no nos pasó porque nos fuimos a Buenos Aires a cagarnos de hambre hasta que la

embocamos. Yo fui compañero de escuela de Finito Spadaro, que es un baterista que está radicado en

Alemania, y él iba al colegio sin dormir porque tocaba toda la noche con su banda en un cabaret... Y

siempre me fascinó la idea de ser el músico estable de un lugar.

–Lo extraño de su comentario es que quiere hacer lo que cientos de músicos están tratando de

dejar de lado para transformarse en tan famosos como lo es usted...

–Las cosas se me dieron de una manera, pero yo ahora tengo otras necesidades. A los chicos de

La Piedra les dije, yo sólo toco y me voy, no me voy a involucrar en los temas de producción que me

metía cuando estaba con Los Enanos.

–Y ahora se volvió un empresario, ¿qué tipo de emprendimiento está realizando en la

montaña?

–Mi viejo me inculcó mucho el amor por la montaña y hoy lo comparto con mi hijo mayor, que

está estudiando para guía de montaña. El proyecto lo empecé a idear cuando estaba de gira muy lejos

de la Argentina. Tengo ganas de irme a vivir a la montaña y estoy armando un complejo turístico con

el cual estoy muy entusiasmado. Va a tener cabañas y hostels, y será en el Valle del Sol. Hace un

tiempo empecé a trabajar muy fuerte en él, pero después me lo tomé con más calma porque vi la

necesidad que mis hijos tenían de estar conmigo y ahora le dicen a todo el mundo: "Por fin tenemos

un papá". De todas maneras, cualquier persona que me conoce sabe que estoy metido con este

emprendimiento destinado a turistas.

–¿Es cierto que también es el director de un jardín de infantes?

–(Risas) Con mi hermana Andrea somos dueños de Jardín de Piccolinos, los Antisopas. Mi

hermana tuvo jardín toda la vida y luego yo puse capital y terminamos siendo socios. Así tenemos el

jardincito que funciona en la Quinta Sección y estoy haciendo todo lo posible para que sea el mejor

de la Ciudad de Mendoza. Cuando estoy un poco bajoneado me voy al jardín y los chicos me levantan

el ánimo, tienen una energía increíble. Llego al jardín y me regalan dibujitos, me dan besos,

abrazos... El amor de los pibes es sincero y eso me hace bien. Claro que sólo me conocen los chicos

del turno tarde, porque a la mañana descanso (risas).

–¿Es una empresa familiar?

–Sí, sí. Uno de mis hijos es el profe de gimnasia, una de mis sobrinas es la encargada de uno

de los turnos...

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Daniel Piccolo.
Daniel Piccolo.
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Los Enanitos Verdes, cuando estaba Piccolo.
Los Enanitos Verdes, cuando estaba Piccolo.