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La joven y talentosa actriz mendocina Federica Cafferata tuvo otro gran año con su presencia en Cannes. Sin embargo, su objetivo es llegar a ser líder humanitaria
El cine, un trampolín para la acción social
Federica Cafferata irradia belleza, pero no simplemente como imagen para aportar en fotogramas. Es su belleza interior la que entusiasma a soñar despiertos y revela que no hay imposibles cuando los anhelos surgen del corazón e involucran al otro para construir un mundo mejor. Desde su debut cinematográfico con Road July, hace cinco años, Federica ha tenido una promisoria carrera delante de las cámaras, que la llevaron a pisar algunas de las alfombras rojas más codiciadas del planeta.
Nueva York en su momento con la película de Gaspar Gómez y Cannes este año gracias a su protagónico en el cortometraje Sea Child sumaron exposición pública y más oportunidades de trabajo en la gran pantalla. De hecho, durante su estadía en Cannes fue contratada por un director para rodar allí otro corto.Sin embargo, Fede busca otro horizonte. De niña siente que su misión en esta vida, su verdadera motivación está en la acción humanitaria. Y ve al cine como un trampolín para conquistar ese máximo sueño.“Mi misión es hacer un cambio en las cosas que pasan en el mundo y que no me cierran”, confiesa y revela: “Lo que más me interesa es el derecho de las mujeres”.Más que las estrellas de cine, Nelson Mandela, José Mujica y Malala Yousafzai son sus referentes. Movilizada en este camino, la adolescente pasó dos semanas en la selva peruana conviviendo con comunidades aborígenes. “Fue en la reserva Madre de Dios. Con lo que cobré de Road July me fui ahí. Quería de algún modo devolver a la sociedad todo lo que me había dado con la peli. Fue una gran experiencia. Ellos luchan por no ser sacados del lugar, ya que ahí quieren explotar petróleo”, recuerda Cafferata.Fiesta de “15” solidaria Luego, más cerca en el tiempo, la actriz cumplió sus “15” en marzo pasado, y para su fiesta pidió a los invitados que en vez de regalos, donaran ese dinero a Cima, asociación civil que trabaja con los niños de asentamientos de Luján de Cuyo y en la cual ella es voluntaria.Como si nada la detuviera, Federica acaba de ser seleccionada para la fase final de UWC (Colegios Unidos del Mundo), organismo educativo que comprende un grupo de 14 centros de enseñanza en pueblos vulnerables de diferentes partes del mundo, cuyo fin último es promover el entendimiento internacional y una sociedad en paz a través de la educación multicultural. Su padrino de honor es Mandela.“Mariana Romano es una compañera del cole que este año vivió la experiencia en la India, donde muchas mujeres vive en permanente estado de vulnerabilidad, no sólo por la violencia de género. Me interesó mucho y me inscribí”, cuenta Fede y resume: “Justo este año aceptaban chicos de 15 años, empecé a rendir una serie de exámenes que abarca de todo, desde historia mundial, matemáticas y lógica, biología y ecología hasta literatura e idiomas. ¡Y quedé!”.A un paso de la gran oportunidad Eso significa que la mendocina compartió un campamento el último fin de semana largo junto a otros 38 chicos del país. La becas son por dos años o un mes y medio. El resultado de selección final se conocerá entre enero y febrero próximo.“Era la más chica del grupo, fue increíble, llegamos, nos sacaron los celulares y nos colgaron un cartel con nuestros nombres. A partir de ahí nos hacían hacer actividades de resolución comunitaria, cuestiones de vida personal como hitos que hayan marcado nuestras vidas... Ellos evalúan todo para saber si realmente tenemos esa inquietud humanitaria”, dice la joven.Cada participante debe además proponer una acción solidaria que se compromete encarar si resultara elegido. “Por ejemplo, surgió el tema de los refugiados”, explica Federica y al respecto se comprometió en la alfabetización de los niños refugiados. “Lo bueno es que todos los 39 elegidos somos diferentes pero nos mueve la misma inquietud de ayudar al otro, de cambiar algo del mundo que no nos gusta”, destaca.No habrá que perderle el rastro a Fede, porque en ella todo hace pensar que los sueños, cuando nacen con esta fuerza comunitaria, sí pueden cumplirse.


