El mendocino Julio Le Parc se convirtió en una de las figuras de este año, con la inauguración del centro cultural que lleva su nombre.

El artista de 2012

Por UNO

Por Ramiro [email protected]

¿Por qué entrevistar a Julio Le Parc? Se suele leer con frecuencia que tal artista expuso aquí y allá, que obtuvo tal o cual distinción, pero muchas veces esos datos terminan siendo poco más que la parte aburrida de una biografía, quitándole el peso real a los logros. Le Parc nació en Mendoza, vive hace medio siglo en París y a los 84 años no sólo mantiene su actividad y creatividad, sino que ha trazado el planisferio con su arte, causando sorpresas por igual a un niño italiano, a un joven argentino, a un crítico parisino, a un abuelo estadounidense o a una curadora brasileña. Sus premios y exhibiciones contienen una historia a la que es imposible restarle entidad.

Un tiempo atrás, su hijo y asesor, Yamil Le Parc, dijo en una entrevista que con el reconocimiento mundial que estaban teniendo las creaciones de arte cinético de su padre, no podía ser que en su país de origen Le Parc no tuviera una obra en un espacio público. Ahora eso ha cambiado. Y Julio, quizá el único mendocino que aparece como una figura central en las enciclopedias, compendios y planes de estudio sobre la historia del arte, el arte contemporáneo y los movimientos del arte cinético y óptico, no sólo ya tiene una obra montada en un espacio público, sino que ese espacio lleva su nombre y está instalado en la provincia que lo vio nacer. La magnitud del espacio cultural Julio Le Parc ilustra, en cierto modo, la magnitud del artista que le da su nombre, entonces la pregunta inicial cambia de orientación: ¿por qué no entrevistar a Julio Le Parc?Porque a esta altura dar entrevistas no es una de sus actividades favoritas y menos si es telefónica, porque él está en Francia y las preguntas llegan desde Mendoza. Pero es a su Mendoza a quien le responde, porque es desde Mendoza que lo han considerado el artista más destacado del año y lo han elegido para que sus palabras hagan brillar las páginas de este último domingo de 2012. Entonces accede.

Mientras se prepara con emoción para una de sus más desafiantes exposiciones en el Palais de Tokio (París), empieza la charla reflexionando sobre la huella que sus creaciones han dejado en la historia del arte mundial.

“Yo he hecho un trabajo de experimentación de forma permanente y obstinada durante muchos años, y luego ese trabajo ha sido visto poco a poco. Al comienzo, en pequeños lugares. Después se fue difundiendo en lugares más grandes y al mismo tiempo, fui haciendo otros trabajos, otras experiencias, otras ideas y ahí fue adquiriendo mayor resonancia. De tal manera, que alguna gente pensó que era bueno incluirlo en una enciclopedia, en la historia del arte contemporáneo, en el movimiento del arte cinético y el arte óptico. Pero que haga yo mismo una evaluación sobre eso es muy difícil. El trabajo que estuve realizando desde el comienzo hasta ahora en forma permanente es en una posición de experimentación y una obstinación en la actitud de experimentar, buscar, indagar y confrontar.

–¿Cuál es el punto de partida de esa actitud?–El punto de partida era una constatación de que el arte contemporáneo desde su inicio era, y sigue siendo en la actualidad también, algo que estaba basado o prácticamente se apoyaba en el desconocimiento del espectador. La preocupación principal era ver de qué manera uno podía, con su trabajo cotidiano, buscar o experimentar para que lo experimentado pudiera crear una relación directa, dentro de lo posible, con el espectador, dejando de lado todas las exigencias que existían en aquella época y siguen existiendo con relación al espectador. Es decir, en general se le pide a la gente que sea cultivada, que tenga un cierto nivel para apreciar lo estético, que esté informada de lo que está viendo y que se adapte a las valorizaciones hechas por otros, no por ellos u otros espectadores, sino por un grupo muy reducido de gente que puede determinar lo que es bueno o no en la creación artística contemporánea.

–¿Qué se logra si se da esa ruptura?–En la medida en la que el espectador se sienta liberado de esa sujeción, esa sumisión, a una valorización hecha por un grupo reducido de gente, y que pueda establecer un contacto, aunque sea muy elemental, pero por lo menos un contacto directo con propuestas de carácter visual, es una manera para el espectador mismo, pienso, de ser respetado. Lo que está viendo es lo que él ve, detrás no hay que buscar mucho. En el arte contemporáneo lo que uno ve es lo que es. La confusión viene cuando se trata de llenar la cabeza a los espectadores diciendo que tienen que ver de otra manera, entonces ahí se produce un divorcio donde la creación contemporánea se llena de explicaciones, justificaciones, teorías y una cantidad de cosas… Y sobre todo, la valorización comercial, que hace que la relación con el espectador esté viciada por todos esos niveles intermediarios.

–¿Qué lo estimula como creador?–Lo mismo de siempre. Estoy en el taller, donde puedo manejar los materiales, hacer pruebas, e inmediatamente en cada ocasión aparecen nuevas posibilidades en esa actitud de experimentación. Y al manejar el material, se pone en relación una nueva luz o un nuevo elemento, o con un lápiz y un papel. En la medida en que se pone en marcha esa actitud se van generando nuevas posibilidades. Cuando eso pasa, mi interés es inmediatamente absorbido por la posibilidad de que aparezcan nuevas cosas: como dije antes, ya sea con lápiz y papel, ya sea manipulando materiales, ya sea visitando obras antiguas y viendo las derivaciones que puedan tener. Es eso lo que más me estimula.

–¿Y como espectador, qué le ha llamado la atención últimamente? ¿Por dónde siente que van las vanguardias?–En ese caso hay dos actitudes o comportamientos. En general, si voy a una exposición como un simple espectador en relación a lo que está presentado, por el lado sensible sobre todo, si lo que estoy viendo me produce alguna vibración en el interior mío, alguna atracción, alguna curiosidad, en ese caso es cuando me detengo a indagar un poco más. En otros casos hay cosas que producen una reacción indiferente, a lo mejor porque no soy sensible a cierta forma de arte.

–¿Y el otro comportamiento?–La otra actitud, que prácticamente nunca adopto, sería la de analizar lo presentado. En ese caso, si me pongo a mirar las obras con una pretendida profesionalidad las estoy desnaturalizando. Prefiero mirar de forma lo más directa posible y sentir lo que pueda sentir. En ese caso la actitud mía en relación con la creación contemporánea, en general, no tiene barreras, es decir, no voy a apreciar únicamente lo que se parece a lo que yo hago o lo que está dentro de lo que la gente llama tendencia de arte cinético, sino que puedo encontrarlo en cualquier otra forma de manifestación, lo figurativo, lo imaginativo, lo abstracto no geométrico, la ordenación de colores, el dibujo, la línea, el tratado de una superficie. En fin, no tengo una actitud de capilla, de que al que no está dentro de mi tendencia no lo veo o no lo considero. En lo que se refiere a los jóvenes, puedo, aunque yo sea ya viejo, tener una actitud de juzgar o valorar la creación. Puedo pensar que la creación actual de un joven puede ilusionar, cambiar, transformarse. A veces me ha sucedido que he visto jóvenes que se inician y luego han evolucionado. Si me hubiera puesto a criticarlos en su comienzo, quizá hubiera obstaculizado la evolución natural de esas personas. Lo que depara el futuro es imprevisible. Lo que alguien puede sacar de algo a lo mejor en la primera mirada no es muy interesante, pero quien lo hace puede encontrar elementos interesantes que luego desarrolla, amplía, transforma y le da lugar a otras cosas. Por eso es muy difícil ponerse en actitud crítica, sobre todo con los jóvenes.

–¿Cuál es su próximo desafío?–Una exposición muy grande acá en París, un nuevo centro y uno de los más importantes para la difusión del arte contemporáneo. Sobre todo, es un centro que se dirige y apoya a los jóvenes, y han tomado la decisión de una vez por año presentar a alguien que ellos consideren, a pesar que tenga una cierta edad. Por eso el presidente del lugar me presentó como un “joven de 84 años”. Es una manera de darme un reconocimiento, una mirada hacia atrás de alguien que, según él considera, está mirando siempre para adelante. He hecho una manifestación importante, son 2.000 metros cuadrados en los que se verá una selección de mis obras más importantes y van a estar muy bien presentadas. Pongo todo mi empeño para que salga lo mejor posible porque sería prácticamente una de las mejores exposiciones que he podido hacer en este lugar, la más grande y más completa.