Espectaculos Domingo, 16 de septiembre de 2018

"El arte es mi manera de estar en el mundo"

La artista plástica mendocina con proyección internacional, Nora Correas, hace un repaso por su carrera.

En cada lugar del mundo en donde esta pequeña mujer de enormes ideas ha estado, ha mirado, buscado, explorado, para encontrar objetos que sean disparadores de su arte. Recuerda dónde encontró ciertas muñecas, unos ratones blancos o unas cartas que ya no son como antes, sino que han adquirido un nuevo lenguaje, más simbólico, ya incorporados a sus trabajos.

Como los que forman parte de Ayer, aquí y ahora, la muestra que el pasado viernes quedó inaugurada en Espacio B del Museo Carlos Alonso Mansión Stoppel (Emilio Civit 348, Ciudad), que permanecerá habilitada hasta el 29 de octubre y que significa el regreso de esta artista plástica mendocina a su tierra, luego de algunos años de no exponer aquí. Quienes deseen acercarse a verla pueden hacerlo de martes a domingo y feriados de 10 a 19.

-¿Cómo definirías a "Ayer, aquí y ahora"?

-Está compuesta por dos muestras muy distintas. Una de ellas la presenté en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y se llamó Adiós, pero ahora ya no lleva ese nombre. Son cajas para incendios, completamente distintas, pero a la vez muy similares. Están a oscuras, el cuarto está negro y cada caja tiene una luz. A veces digo cosas horribles, pero son bellas.

-Eso me recuerda a una muestra anterior tuya, "Los chupasangre", que incluía el texto de un poema de Oliverio Girondo, "Hay que compadecerlos", donde lo horrible, la repugnancia y lo bello se entremezclan...

-Yo iba por la calle y de golpe miré una vidriera y estaba ese poema. Cuando lo empecé a leer dije: "esto es mío, es mío, es mío". Y lo incorporé en una muestra que hice en el Museo del Tigre. Le dije a la directora del museo que el poema tenía que ir en la pared, pero según ella, el poema era muy fuerte y se podía incluir sólo un fragmento, porque a la gente no le gusta leer. Le dije que yo no creía eso, porque cuando yo lo leí lo hice de cabo a rabo y varias veces...

-Y con el corazón agitado en varios fragmentos...

-¡Es que es tan bello y tan cierto! Entonces hice un hombre al que no se le ve la cara, pero se le ve el maletín y el poema iba intercalado en Los chupasangre, animales que le chupan la sangre al ser humano, junto a las armas que estaban preparando en ese momento para emplear en Siria. Son dibujos grandes y en el medio, como en una especie de cama, hay un esqueleto.

-¿Aquí está lo de decir cosas horribles de bello modo?

-¿Por qué no puede ser bello? El diablo no es muy desagradable... (risas). Hay venenos bellos que son mortales y hay gente muy atractiva que es una porquería. Es así. Eso yo lo tengo en mis trabajos.

-Esa teatralidad dada por la iluminación, ¿va a estar presente en esta muestra?

-La primera de las cajas va a tener esa iluminación. Primero fue un homenaje a mi abuela, a mi madre y a mi hermana, que ya han muerto. Adentro de varias de esas cajas hay tres muñecas pequeñas, iguales, vestidas de blanco, transparentes en sus cuerpos, son de resina. En una caja están las tres y arriba hay un pájaro con plumas, antes los sombreros que se usaban tenían estos elementos. Esa se llama El vuelo roto, porque las tres, como mujeres interesantes que eran, estuvieron limitadas por las convenciones de la sociedad. Es bello, pero lo que está diciendo es que no pudieron lograr muchas cosas.

<b>Referente. </b>Figura del arte nacional, Nora actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.
Referente. Figura del arte nacional, Nora actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.

-De tu infancia en Chacras de Coria, en el parque que hizo tu abuelo, ¿te quedó ese amor por la naturaleza, que vemos tanto en tu obra?

-Absolutamente y mi madre lo tenía también. Ella cultivaba flores en Chacras y ganaba premios con ellas. Recuerdo que había unas dalias enormes... Mi madre quería mucho las plantas y yo también: tengo cinco jardincitos en mi casa y los trabajo yo. Hay veces que termino destruida (risas).

-¿Qué historias hay en las otras cajas?

-En algunas aparezco yo. Cuando viajo siempre voy a los mercados, a ver qué encuentro y en uno de ellos encontré una muñeca chiquitita, le saqué el molde para hacerla y esa soy yo. Hay algunas cajas donde las muñecas están enteras o están haciendo cosas de hace tiempo. El tema de la droga aparece en dos cajas: una se llama Los tres tristes tigres y contiene cigarrillos, revólveres y unas ampollas para inyectarse. Otra se llama Las puertas del paraíso, donde hay un hombre vestido de negro con una cucharita, para sacar "ese polvo que te lleva al paraíso", y las puertas son sobres de cartas, como se hacían antiguamente, en la época de mis abuelos, que le hacían un marco negro cuando significaban que eran por el luto. También me he metido con la Iglesia, siempre me meto con la Iglesia (risas), a través de una botella. El arte popular, de los pueblos, me encanta, cuando está bien hecho. Me traje una botella de Chile, donde toda la historia de Cristo está representada en esa botella. Le puse un corcho y encima de él está el demonio, tapando todo. La gente puede interpretar lo que quiera.

-Si estas cajas fueran un libro, ¿serían las páginas de una misma historia?

-Sí, pero cada caja sería un cuento diferente...

-Triste, de humor, oscuro...

-Sí, totalmente. Hay 32 cajas y hay de todo un poco. Están los personajes y objetos que también hablan, para bien o para mal. Está mi primer cuaderno de clases, el que dice "mamá, mamá, mamá" y mi primer sonajero, que era de plata. En mi familia nadie tiraba nada. Y yo tampoco (risas). En el museo donde presenté las cajas también presenté instalaciones. En una de ellas está el cochecito que usamos todos mis hermanos y yo, que ahora es dorado. Yo lo conservo. La instalación tenía una alfombra dorada e hice sacar fotos a mi hijo, que tenía 9 años, a todos sus compañeros y chicos de varios colegios. Había que caminar por allí y al fondo había dos poemas que hablaban del mundo, uno de María Negroni y otro de Rudyard Kipling. Ese coche estaba dispuesto en dos bases doradas, llenas de lingotes de oro, pintados de oro, ¡no eran de verdad! (risas). La gente subía, miraba el interior del coche esperando ver un bebé, pero estaba lleno de cucarachas. La cucaracha no ha tenido modificación desde que está en el mundo y no va a morir fácilmente. Por eso todo el oro, los lingotes... van a terminar en cucarachas si seguimos así.

-Hay también en tu obra una cierta fascinación por los insectos...

-Es que cuando era chica yo no jugaba a las muñecas, tenía un museo.

-¿Cómo es eso?

-Tenía una vitrina, por ejemplo, con toda la historia de los sapos, desde el huevo al sapo e insectos, que los muchachos de Chacras me conseguían. Los pinchaba y los ponía en la vitrina. Para la muestra que incluía el poema de Oliverio Girondo hice 165 dibujos de insectos. Es una vuelta, otra vez a entrar.

-¿Esa vuelta es volver a la niñez, a Chacras?

-Hay muchas cosas de la niñez porque estoy hablando de personajes que me vieron cuando yo era chica.

-No conozco ninguna niña que tuviera un museo...

-De chica eran sólo animales, gente no (risas). Aún hoy todo lo guardo si me sirve. Ahora busco o vuelvo a encontrar objetos que me sirven para que yo pueda hablar a través de ellos.

-Es mantener la mirada constante en el arte...

-(Risas). Es que yo soy eso. Es mi manera de estar en el mundo. Cuando trabajo seis, ocho horas, no salgo y para mí eso es vivir. A veces alguien viene y me dice que salga, que pare de trabajar y no puedo, porque eso es lo que me ayuda a estar viva.