Por Carolina [email protected]
Leonardo Pittella Lahoz tiene 18 años y está a punto de encarar una nueva gira europea donde tocará en el festival de Martha Argerich.
Cuando las teclas vuelan sin techo
Sin dudas, maestros como Bruno Gelber o Daniel Rivera tienen razón: el talento del mendocino Leonardo Pittella Lahoz no tiene techo.Tras consagrarse en el Torneo Internacional de Música, en París (Francia), hoy, un año después, la carrera de este joven pianista, que en marzo cumplió los 18 años, parece haber “explotado”. Acaba de cumplir su máximo sueño: tocar el Steinway en el Independencia junto con la Orquesta Filarmónica de la provincia. Y su nuevo reto es otra gira por Europa, donde lucirá sus habilidades con las teclas nada menos que en el Martha Argerich Project (MAP), festival “cazatalentos” que se desarrollará desde la semana que viene en Lugano (Suiza).
“Es una oportunidad muy buena para tomar clases con maestros que trabajan con Martha, además de tocar, de ofrecer conciertos ahí”, nos cuenta Leo con entusiasmo.Pero el músico no se quedará solo con la contemplación de los Alpes suizos, encantando al exigente público europeo con sus interpretaciones en piano. También continuará sus estudios en el conservatorio que su maestro Daniel Rivera ofrece en Livorno (Italia).“Quiero tener una experiencia con él allá, lo conozco hace un par de años y decidí estudiar con él. Veremos cómo me va”, arriesga Pittella Lahoz sobre el rosarino, quien instalado en Italia, es hoy una de las personalidades más relevantes de la música de piano de Argentina.El primer concierto de Pittella Lahoz en esta gira europea será el domingo 7 de junio, en Montserrat.“Es en el marco de un festival federal que tiene como objetivo darles lugar protagónico a jóvenes músicos, tocando en pueblos chicos”, detalla Leo acerca de estos conciertos que se realizan en iglesias, monasterios o castillos.“Es gente del pueblo la que va a verte. Es muy lindo también llegar a ellos que no tienen tantas posibilidades de asistir a recitales de música clásica o académica”, destaca.Aunque pocos años han pasado en su vida, muy atrás quedó el teclado Cassio usado que le regaló su mamá, Graciela, cuando vio que el “nene” a los 9 ya tenía su futuro marcado. Luego llegó su primer piano, un centenario instrumento que pudo remplazar por uno de media cola gracias al aporte de sus abuelos.“Es muy exigente el ámbito de la música académica. Si uno se quiere quedar sólo con difundir la música, está bien, pero si uno aspira a metas mayores, por momentos hasta se hace ingrato”, suelta y sin dudarlo aclara: “La crítica es feroz en este mundo, sobre todo porque hay muchos pianistas como yo, pero bueno, son las reglas del juego”.Y en el juego se mueve como pez en el agua. Para su gran debut en el Independencia y con la Filarmónica, Pittella Lahoz no iba a tirarse de cabeza. “Me dejaron elegir repertorio y elegí Franz Liszt. Es un compositor que me gusta mucho y que me resulta fácil, más natural para tocar, lo tengo bien estudiado”, explica.El joven pianista ingresó este año en la Escuela de Música de la UNCuyo y ahí va compartiendo teorías con clases prácticas con su maestro, Roberto Urbay.Pero él baja el tenor dramático al asunto. “No es que te pasás todo el día sentado al piano. Para nada. Cuando hice el torneo en París, iba a la secundaria y eso obligadamente me ayudaba a desenchufarme, porque después me pasaba todas las tardes estudiando”, relata y advierte: “Si uno está concentrado, no va a estar 12 horas tocando. A mí me pasa que no soy de concentrarme mucho y recién ahora voy haciendo mi rutina para no estar todo el día frente al piano”.Y para organizarlo un poco más está su mamá, que lo lleva o lo trae de la facultad así “no pierdo tanto tiempo arriba del micro”, afirma Leo y lamenta que el ámbito académico “acá no está tan bien planeado como en Europa, yo me paso horas en la facultad y tal vez en todo el día no toqué el piano”. Debido a su viaje, ahora dejó el cursado de lado y se dedica a tomar clases con Urbay.Es que el músico diferencia un pianista de un guitarrista, por ejemplo. “En los pasillos de la facultad están los chicos tocando sus guitarras, practicando todo el tiempo. Yo no lo puedo hacer”, dice quien se lleva mejor con la música clásica, pero también admira otras músicas, de hecho ha integrado la banda Yes Spirit, tributo a Yes.“Soy más duro con la música latinoamericana o argentina, aunque me encantan Piazzolla, Ginastera o Guastavino”, remata.Arma sus valijas y solo, parte al Viejo Continente. No sabe cuándo volverá. Va cargado de expectativas y ganas de aprendizaje, buscando más estímulos de los que le ofrece su Mendoza natal.“Se va con un pasaje de ida, que él se sienta libre de elegir, él es muy responsable y sabe que su mamá y su papá lo apoyamos en todo lo que decida”, agrega Graciela con la voz un tanto quebrada.


