La prestigiosa soprano local está protagonizando esta versión de la obra que se ve en el gran teatro porteño.

Cangemi: el punto más alto del Idomeneo en el Colón

El teatro Colón presentó su nueva producción de la Ópera Idomeneo (Idomeneo, re di Creta, o Ilia e Idamante) de Wolfgang Amadeus Mozart, con un reparto encabeza do de manera impecable por la soprano mendocina Verónica Cangemi, acompañada por un elenco internacional.

El “dramma per musica” en tres actos, K 366 (Munich, 1781), con libreto de Giambattista Varesco, fue dirigido musicalmente por Ira Levin, mientras que la concepción y dirección de escena le correspondió a Jorge Lavelli.

A la altura de las exigencias

Cabe recordar que Idomeneoes una obra larga –de unas tres horas y media de duración– que contiene abundante música sinfónica (obertura, intermedios, marchas, ballet), coros de gran importancia y un elenco de voces solistas con brillantes números, coloraturas y adornos de muy difícil ejecución, por lo tanto, era de esperar que esta nueva propuesta reuniera un conjunto de artistas a la altura de las exigencias de Mozart.

Y fue así. Sin embargo no podemos decir, como en otras ocasiones, que los protagonistas hayan sido todos.

El martes pasado, día del estreno, fueron tres los protagonistas: Mozart, Cangemi y el Teatro Colón, con su acústica perfecta, su belleza y su maquinaria. En este último nivel, un claro ejemplo fue el canto, proveniente del cielo, del Gran Sacerdote de Neptuno.

El escenario lució minimalista: con imponentes paneles de tela, colores puros y claros y un conjunto majestuosos de farolas que ascendían y descendían proporcionando luz cuando resplandece el texto.

La idea general fue muy buena aunque habría que rever la escena de Ilia dentro de su “apartamento” en el Palacio Real, ya que durante buen tiempo, tanto ella como los otros personajes, quedan ocultos por los paneles. Tal vez la solución esté en desplazar el apartamento unos metros hacia el fondo del escenario, o en ampliar el frente.

Parte del vestuario admitiría, en general, un análisis más profundo.

Los pequeños grupos corales envueltos en una sola túnica amplia, se movían con dificultad. La idea fue buena pero la consecución, un tanto torpe. Esas túnicas tenían como objetivo concentrar y unificar en pos de la intensidad de la interpretación, y al no ser dominadas, jugaron en contra.

En general hubo un marcado estatismo que llevó a la monotonía. Esta uniformidad se notó en el plano del movimiento escénico y en los matices de la obra en general. Es como si todo se hubiese desarrollado en un mezzoforte.

La mendocina, lo más destacado

Con Ilia, el papel protagónico femenino, Verónica Cangemi volvió al escenario del Teatro Colón después de varios años, como parte de una ópera escenificada. Recordemos que su presentación anterior fue precisamente hace dos años, en junio de 2012, pero en esa oportunidad, con una versión concertante de Rinaldo, interpretando Lascia ch’io pianga, emotiva hasta las lágrimas.

El difícil personaje de Ilia está siempre presente, desde que se abre el telón con el aria Padre, germani, addio!y en el tercer acto, es de destacar la bellísima aria Zeferetti lusinghieri. Para cada aria, precedida por su recitativo, Cangemi encontró el justo valor expresivo y musical, al que le sumó su gran ductilidad escénica.

Tibios aplausos

Fueron previstas cinco funciones, una de ellas con otro elenco. El elenco de solistas que acompañó a Cangemi se completó con Richard Croft (Idomeneo), Jurgita Adamonyté (Idamante), Emma Bell (Elettra), quien gustó en el segundo acto, Santiago Ballerini (Arbace) e Iván Maier (Gran Sacerdote de Neptuno).

Más allá de lo señalado, esta versión fue interesante. El público no se mostró tan animoso. No hubo algarabía ni aplausos estruendosos, sin embargo se notó la diferencia al saludar Cangemi, quien conmovió y cautivó con su arte, como siempre.

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