Por Gonzalo Ponce
Una aceitada selección de éxitos ejecutados prolijamente le bastaron a Andrés Calamaro para brindar un recital enorme en el Arena Maipú.
El concierto arrancó a las 21.40 del jueves (bastante puntual, si es que de rock hablamos) con A los ojos, tema compuesto por el Salmón y popularizado por Los Rodríguez en 1991.
El sonido no fue bueno desde el vamos y el resto de la noche no mejoró demasiado. Sin embargo, esto no opacó una actuación correcta que entusiasmó a las 3.500 personas (según la organización) que pagaron su entrada.
Sin mediar palabra, Calamaro lanzó el segundo tema de la noche: Todavía una canción de amor, bellísima composición de Joaquín Sabina, editada en el último disco de estudio de Los Rodríguez, Palabras más palabras menos (1995) con un estribillo glorioso que nadie se privó de cantar.
De ahí en más todos fueron éxitos. Crímenes perfectos, El Salmón y Mi enfermedad pero mechados con algunas canciones menos tribuneras como Mi bandera, Los aviones, Output - input, Mal en mí, que equilibraron la noche hasta que el recital llegó a su altura crucero.
Con el público bien arriba, volvieron los mega hits: La cumbiera (bersuitera) Tuyo siempre; Tres Marías, Mi gin tonic; una preciosa versión de Media Verónica, Loco, Para no olvidar, Me estás atrapando otra vez, Carnaval de Brasil, Estadio Azteca y Te Quiero. Imposible que no cantaran todos.
Sin respiro (y con más de medio siglo sobre el lomo) Andrés rockeó la noche como si tuviera 25 años con una poderosísima versión de Canal 69 y la aguijoneante Me arde.
Tramo final: más hits. Sin documentos, una mini versión de Volver, Flaca, Paloma y fuera luces.
Los bises no se hicieron esperar: Andrés y su banda (Julián Kanevsky y Baltasar Comotto en guitarras, Mariano Domínguez en bajo, Sergio Verdinelli en batería y Germán Wiedemer en teclados) regresaron para tocar Alta Suciedad y Los chicos, esta última canción es un homenaje del Salmón a sus amigos fallecidos y estuvo acompañada de un video en el que no faltaron las imágenes de Miguel Abuelo, Luis Alberto Spinetta, Pappo, Rodrigo, Luca Prodan o Julián Infante.
Pegadito a ese recuerdo, el cierre nada casual elegido por Andrés fue un furioso estribillo de De música ligera, canción emblema de Soda Stereo.
Si es que se le puede reclamar algo más a este gran recital fue algún tema de Los Abuelos de la Nada y quizás adelantar en vivo (no en Sound cloud) alguna canción del próximo disco.
Serám tal vez, para la próxima.


