Espectaculos Sábado, 16 de junio de 2018

Buena detective, pero con muchos secretos

Marcella. La segunda temporada de la serie llega con nuevos desafíos para la protagonista: debe atrapar a un asesino serial de niños, mientras su vida personal y su salud mental se quiebran cada vez más.

El pasado 8 de junio la plataforma Netflix estrenó la segunda temporada de Marcella, la serie protagonizada por Anna Friel, quien nuevamente nos involucra en el seguimiento de varios homicidios, pero con un giro mucho más sensible -y escabroso- porque se trata de un asesino serial de niños.

La estructura de esta producción posibilita que haya muchas más temporadas, pero que puedan verse independientemente, porque al tratarse de casos diferentes, la narración comienza, se desarrolla y concluye en la misma temporada, sin caer en esa "trampa" -tan habitual en otras series-, que finalizan con más preguntas que respuestas, ya asegurada la temporada siguiente. De todos modos, con cierre narrativo de por medio, el final de esta segunda temporada cuenta a gritos que nos preparemos para la que viene.

En la temporada anterior quedó claro que Marcella Backland posee una gran capacidad de investigación que la hace muy buena en su trabajo. Pero no es muy apegada a las reglas y su vida personal es un completo desastre, después de la muerte de su hijita menor y enfrentando un divorcio.

Además, las lagunas mentales que sufre -una tipo de amnesia transitoria- en esta segunda parte puede advertirse que se van agravando, situación que lleva a su esposo a solicitar la custodia de los dos hijos que tuvieron en común.

Es decir que la vida de Marcella es un completo caos. De allí que el inicio de esta temporada sea muy significativo: ella está en la terraza de un edificio, a punto de saltar al vacío y a partir de ese momento comienzan a desarrollarse los sucesos de los días anteriores, en los cuales se la ve lidiar con una investigación apremiante, porque el asesino en serie sigue cobrándose víctimas, mientras sus estados de ánimo se van tornando casi inmanejables.

Marcella rompe con su línea argumental muchos estereotipos: el de la mujer que prioriza la familia o la maternidad por encima de todo -claramente no es el fuerte de esta detective- y que si el mundo personal se derrumba, el profesional puede seguir funcionando, ya que la protagonista, con sus problemas a cuestas, su amnesia temporal y sus impulsos a veces ingobernables, logra resolver el caso.

Es más, no por ello es una heroína: es capaz de cometer actos deleznables por revancha o por celos. Es una detective brillante que como persona, deja mucho que desear. Incluso ella misma descubrirá un secreto oculto en la amnesia que padece, que pondrá todo su mundo de cabeza.

Marcella es atrapante y mantiene el suspenso. Dos buenas características que uno siempre busca en una serie policial.

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