Bradley Cooper no era un novato en la cocina cuando decidió asumir el papel del ficticio chef premiado con estrellas Michelin Adam Jones en Una buena receta, que está de estreno esta semana en los cines mendocinos.
El actor nominado al creció en el seno de una familia amante de la comida cerca de Filadelfia.
Algunos de sus recuerdos favoritos son de su abuela haciendo pizza y pastel de queso. Fue asistente de camarero en un restaurante griego, mozo en un lujoso establecimiento cerca de la Universidad de Georgetown, y ayudante de cocina en un local de comida italiana en Nueva Jersey.
Un día, contó que cortó y limpió 620 pollos y nueve cajas de pimientos y además hizo masas y salsas.
Pero no le contó nada de esto a nadie cuando comenzó a codearse con cocineros del calibre de la guía Michelin para prepararse para el rol.
"No les hubiera interesado", dijo Cooper, riendo. Además, necesitaba poner manos a la obra si iba a interpretar de manera creíble a este importante chef en busca de una tercera estrella de Michelin. No iba a poner a prueba de profesionales el dominio que tenía hasta el momento del cuchillo de cocina.
En Una buena receta, Adam Jones no es sólo un erudito en la comida; también tiene un problema de drogas que lo apartó del mundo de la alta cocina. Aunque el problema está bajo control por el momento, su temperamento es otra historia. ¿De quién iba aprender más que del tempestuoso Gordon Ramsay?
Cooper se entrenó con Claire Smythe, chef ejecutiva del Restaurant Gordon Ramsay en Londres, que tiene tres estrellas de Michelin, dijo el director John Wells.
"Todos los actores tuvieron que pasar tiempo aprendiendo de este arte, no lo suficiente como para servir 100 platillos, pero sí como para no parecerles ridículos al público", dijo.
Cuando llegó el momento de filmar, optaron por la autenticidad sobre la artificialidad: rodaron en una verdadera cocina y prepararon platos de verdad. Cualquiera que no fuera un actor era de hecho un cocinero de un restaurante reconocido por Michelin.
Completan el elenco Daniel Brühl, Sienna Miller, Emma Thompson y Uma Thurman.
Los actores sintieron el estrés y el dolor que implica trabajar en la cocina, a veces literalmente, con cortadas y quemaduras.
"Qué dulce. Pasé la mitad de la película con los ojos irritados. Todo era de verdad. Para un actor, eso es increíble. No hubo dobles. No se insertaron las manos de ninguna otra persona", dijo Cooper y agregó: "Soy yo siempre, para bien o para mal".
El rubio intérprete no ha parado un segundo últimamente. Filmó esta cinta justo después de haber terminado Francotirador y justo antes de su trabajo nominado al Tony en una puesta de El hombre elefante.
Con sus propias ambiciones de dirigir en el horizonte, él ha usado estos proyectos para aprender mientras decide cuál será su ópera prima.
"Estoy esperando la oportunidad perfecta", concluyó.
