Durante dos semanas, Lavalle fue el escenario de rodaje de la película Pistoleros. Escenario dialogó con los protagonistas

Bandidos rurales en el desierto

Por UNO

Isidro Velázquez fue uno de los últimos bandidos rurales argentinos. Vivió hasta el '67 en distintos pueblos del Noroeste, y de trabajador golondrina se transformó en una especie de Robin Hood vernáculo, que además de sufrir necesidades y hostigamiento policial, pasó hambre y sed de justicia y delinquió para satisfacerlos. Junto con su hermano Claudio constituyen una leyenda, sobre todo para los pobladores del Chaco, que los convirtieron en personajes dignos de veneración. Ese es el punto de partida, el disparador de la historia que cuenta Pistoleros, el largometraje de Nicolás Galvagno que se filmó hasta el viernes por la noche en Mendoza. Distintos distritos del secano lavallino se convirtieron en las locaciones de filmación y en el revuelo de pequeñas comunidades del interior de la provincia.La película, una especie de western argentino, protagonizada por Juan Palomino, Lautaro Delgado, María Abadi y el boxeador Sergio Maravilla Martínez en su gran debut actoral, marcará un antes y un después para los lugareños. Tanto es así que hubo más de 30 extras entre los pobladores.Escenario se trasladó a Laguna del Rosario, y además de vivenciar el mundo particular de un set de filmación, pudo entrevistar a Palomino, quien aportó su particular visión acerca de lo que han sido estos días de retratar las vivencias de bandidos y policías en el paisaje más desértico de Mendoza. La primera pregunta surge justo en una lonja de terreno ubicada en medio de la capilla y el cementerio de Laguna del Rosario. Con un ventisca que no cesaba de levantar tierra de fondo.-¿Cómo llegaron hasta aquí? -Fue hace tres años, cuando empezamos a pensar la película con Nico Galvagno; no queríamos que fuera el Litoral -la tierra donde originalmente ocurrió la historia de los Velázquez- sino el desierto el espacio donde contar la historia. No pensábamos que Mendoza podía tener un lugar así para filmar, con la infraestructura lista, no tuvimos que construir nada.-¿Los entusiasmó esto?-¡Claro! Encontramos lugares que parecían casi preparados para una película. ¿Cómo hubiéramos podido construirlo? Era imposible. Acá lo encontramos. Sólo tuvimos que hablar con los pobladores, integrarnos a su idiosincrasia y poder con mucho respeto utilizar sus espacios. Creo que Lavalle podría perfectamente convertirse en un espacio para filmar. -No es la primera vez que estás en Mendoza filmando...-Yo filmé dos cosas: Río Escondido, en Tunuyán, de Mercedes García Guevara, en 1998. Después hicimos una serie federal que se llamaba Ana y el vino. Este fue un encuentro con la forma de pensar y de vivir de los mendocinos. -¿Vos ibas a participar en la dirección?-Sí, pero después por una serie de temas laborales no lo pude hacer. Pero era un proyecto de los dos, de Nico y mío. Después yo pasé a hacer un personaje y a ser una especie de apoyo logístico detrás de cámara. -¿Cómo es tu personaje?-Maidana es un policía con ciertos valores. Transcurre en la dictadura de Juan Carlos Onganía, eso también marca una forma de nuestra historia de lo que sucedió. Mi personaje es un tipo que lo único que quiere es que la ley se cumpla, más allá de las órdenes que vienen de Buenos Aires. Hay un texto muy emblemático de Maidana que dice: "Los milicos de Buenos Aires se han olvidado que nosotros somos policías no represores de trabajadores". -¿Fue pensado para vos?-No, yo iba a hacer el personaje de Lautaro Delgado (Isidoro Mendoza), pero Lautaro reúne las condiciones del bandido que está muy tomado por las circunstancias personales.-Es una película para mostrar algo más que acción...-Es una reflexión sobre la violencia, sobre cómo una persona corrida por las circunstancias se pone al margen de la ley, acude a romper el esquema de lo que está bien o mal. También de cómo los pobres, los excluidos, lo tienen como un referente de algo que quisieran hacer pero no se atreven. Ese destino trágico de Isidoro Mendoza (Delgado) más que el de Claudio, su hermano (Maravilla Martínez) lo define como un hombre que a pesar de no tener un dogma siente en el cuerpo la necesidad de ayudar a los que menos tienen. -¿Filmaron en Buenos Aires también? -La película se filmó entre Buenos Aires y el desierto de Lavalle. En La Boca, Tristán Suárez y San Telmo. Hasta se montó un pequeño parque de diversiones. Pero la mayor parte ocurre en el desierto lavallino. -Hablando de la situación del país y puntualmente de la gestión cultural, ¿notás falta de apoyo a los proyectos audiovisuales?-Ha habido una merma, por ejemplo de las miniseries federales. Ese tipo de producciones me parecen fantásticas porque se genera una ficción que pertenece a una determinada región y que se puede contar desde ahí, no hace falta que todo venga enlatado desde Buenos Aires. Cada provincia tiene su musicalidad en la lengua, su particularidad en los paisajes. Que se pierde porque se ha bajado el apoyo, por ahora. -¿Ésta es una de las razones por las que hiciste paro el 6 de abril?-Desde la Asociación Argentina de Actores sabemos que el trabajo nuestro ha mermado en un 40 por ciento, la obra social también ha sido afectada. La Asociación Argentina de Actores tiene su objetivo claro que es defender las fuentes de trabajo. Creemos fervientemente que no tenemos que defender sólo el salario de los actores sino la idiosincrasia, la identidad de nuestro país.

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