Selva Florencia [email protected]
Paloma Herrera dialogó con Escenario mientras descansaba en la habitación de un hotel en Asunción, Paraguay. A esa capital la artista de 39 años llegó a principios de este mes para realizar una última función frente al público de ese país, que la celebró y aplaudió de pie en el marco de su despedida del ballet, género artístico que a lo largo de 25 años la vio pasar de niña prodigio a una de las figuras más reconocidas del mundo.Dos semanas han pasado de esta charla, pero la publicación de la entrevista llega para celebrar que quien fuera la bailarina más joven en convertirse en primera figura del American Ballet Theatre a los 19 años le concederá al público mendocino el honor de ofrecer su baile final en esta tierra.
Este histórico acontecimiento tendrá lugar en nuestra sala mayor, el teatro Independencia, el miércoles y el jueves próximos, a las 21. Estas funciones llegan luego de que Herrera fuera ovacionada una última vez en su querido teatro Colón el mes pasado. Ahora les tocó el turno a varias provincias, siendo Mendoza la parada final del viaje. En esta oportunidad, la intérprete protagonizará la versión completa de Giselle, de Adolphe Adam, junto con el primer bailarín del teatro Colón, Juan Pablo Ledo, y el ballet estable de ese organismo. La dirección y coreografías del espectáculo son de Maximiliano Guerra, actual director de esa compañía.–En octubre, te despediste en el que fue tu primer hogar: el Colón. ¿Esas presentaciones fueron más emotivas de lo que esperabas? –Por suerte, sentí cero nervios, pero fue superemotivo y lindo. De mejor forma no podría haberme retirado: hice Romeo y Julieta, fue en el Colón, el público estaba espléndido y no entraba un alma más en la sala. Fue maravilloso. Soy superconsciente de este momento porque anuncié el año pasado que me retiraba y fue ese el momento en el que sentí nervios. Usé la temporada pasada para irme retirando de mis roles principales en el American Ballet, como en Coppélia y La Bayadera, y de a poco me fui haciendo a la idea. Por eso, lo del Colón lo viví más relajada.–¿Por qué elegiste “Giselle” para estas funciones finales? –Giselle fue justamente el ballet con el que me despedí del American Ballet, en mayo pasado. Si bien en esta última gira también queríamos hacer Romeo y Julieta, esa es una obra que requiere de muchos cambios de vestuario y escenografía, lo cual hubiera sido imposible de llevar por el interior. Entonces, de los ballets clásicos que se pueden realizar con un cuerpo de baile completo, como el del teatro Colón, que era lo que yo quería, elegí Giselle. Se trata de una pieza maravillosa, muy apropiada para una despedida porque tiene muchísima técnica y requiere de mucha pasión e interpretación de parte de la bailarina. Creo que todo el mundo se puede identificar con la historia. Es un rol que llena muchísimo y la puesta ideal para hacer en este tramo final. –La de Mendoza será la última función de tu despedida nacional, ¿conservás recuerdos de esta provincia por tu anterior visita? –La última vez que estuve fue como parte de una gira del teatro Colón e hicimos un programa mixto. Me tocó tango y también hice Paquita. Fue una experiencia hermosísima, pero como siempre que bailo, lo hago a full, y son momentos que vivo con mucha intensidad. Toda mi carrera la he vivido sido así, hasta el día de hoy. En mis inicios pensé que en algún momento iba a dejar de ser tan obsesiva y me iba a relajar un poco. Sobre todo a esta altura de mi carrera, pero nunca pasó. Me acuerdo que en aquel viaje algunos de mis compañeros fueron a recorrer bodegas y a hacer el Camino de los Vinos, pero yo me la pasé todo el día dentro del teatro, ensayando (risas). –Pero esta vez, siendo tu gran final, vas a poder darte ese gusto... –¡Sí! Esta vez decidí quedarme unos días más para disfrutar finalmente de los vinos y de Mendoza. Me acuerdo del público y de la experiencia de la función, pero la verdad es que no vi absolutamente nada la última vez que estuve. A partir de ahora, voy a poder hacer todo aquello que durante tantos años no pude, como recorrer y visitar lugares. Sobre todo aquellos que he conocido, pero que no he podido recorrer por la dedicación que le di a mi trabajo. Adoro mi carrera y siento una gran pasión por lo que hago. Eso hace que esté tan orgullosa de mi carrera, porque ni en mi retirada he perdido la pasión. Siempre supe que esta era una carrera corta y por eso dejé poco tiempo para otros placeres. –¿Sentís que esa dedicación total es la que te llevó a los estratos más altos de la danza? –Sin duda, porque no tengo ningún pendiente. No me perdí de nada. Bailé en todos los lugares que quise, con todos los coreógrafos que admiraba y todas las compañías que me gustaban. No puedo pedir más. Ahora tengo la posibilidad de hacer y gozar de otras cosas en esta nueva etapa. –Además, vas a encarar nuevos proyectos, como tu línea de ropa... –Ese es uno de los tantos proyectos que tengo. El principal y fundamental es el de dedicar más tiempo a dar clases, que es algo que vengo haciendo desde hace cinco años. He dado muchas clases y me ha gustado mucho, pero siempre lo hice en mis vacaciones. Es algo que me ha parecido muy gratificante. Es un placer poder transmitir las experiencias y todo lo que me enseñaron mis maestros. Tengo muchas ganas de tener mi propio estudio de danza, pero lo voy a hacer más adelante, dedicándole el tiempo que requiere algo así.–Fuiste una niña prodigio en el mundo del ballet y tu carrera marcó muchos hitos a temprana edad. Con toda esa experiencia, ¿cómo analizás el presente de la danza y de las mujeres en este rubro, como es el caso de tu compañera en el American Ballet Misty Copeland? –A Misty la conozco muchísimo porque estuvimos juntas en la compañía. En su autobiografía (Life in Motion: An Unlikely Ballerina), ella habla muchísimo de mí, la conozco bastante y tengo una relación superlinda con ella. Justamente, a los pocos meses de leer su libro yo anuncié que me retiraba porque se dieron varias situaciones por las cuales entendí que era el momento. Primero, porque siempre me quise retirar joven y porque me pareció divino cumplir 40 años empezando una etapa nueva. Siempre quise que el público se quedara con los mejores recuerdos míos y dando todo sobre el escenario. Todavía siento como si tuviera 15 años cuando estoy arriba del escenario y me quise despedir así. He visto generaciones de bailarines que manifiestan frecuentemente que están cansados o que no tienen ganas de ensayar y eso a mí nunca me pasó. No quería llegar nunca a eso tampoco. En segundo lugar, al leer el libro de Misty sentí que la había marcado tanto a ella, que me cayó la ficha de que si inspiré a una persona, ya está, ya cumplí con mi trabajo. Porque yo también lo vivo desde el otro lado y por eso amo tanto el arte.–Pero en estos 25 años de carrera, inspiraste a generaciones enteras de artistas, ¿siempre fue ese tu objetivo? –Claro, porque cuando voy a un teatro o leo un libro, busco que sean experiencias que me marquen para el resto de mi vida. Si yo pudiera hacer eso mismo por otro sería la persona más feliz, y eso es lo que me ha pasado en esta última etapa. O lo que sentí cuando leí el libro de Misty, por ejemplo. Ya estoy hecha y siempre supe que el talento debía hablar por sí solo, sin tanta aparición en los medios o estrategias de marketing. –Es decir, que el presente de las artes y la influencia de las redes sociales también tuvo que ver con tu decisión de retirarte... –Totalmente. Porque el mundo entero va hacia un producto rápido, light, donde todos quieren aparecer y figurar. Yo no comparto eso y tampoco puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar mi carrera. Por eso decidí bajarme en un momento en el que para mí todo aún es glorioso, sin sentirme como sapo de otro pozo.De niña prodigio a referente mundial Paloma Herrera cumplirá 40 años el próximo 21 de diciembre y se retira de los escenarios habiendo realizado una carrera pocas veces vista en el ámbito de la danza argentina e internacional. La bailarina, dueña de un talento excepcional desde temprana edad, es una de la principales figuras del ballet argentino graduada en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.Tras formar parte del cuerpo de baile de esa prestigiosa institución argentina, con tan sólo 15 años fue contratada por el American Ballet Theatre, que es la compañía de Ballet Oficial de Estados Unidos, y a los 19 años se convirtió en la artista más joven en ser nombrada primera bailarina de la compañía en sus 75 años de historia. En ese rol, la bonaerense dio la vuelta al mundo interpretando obras clásicas, como La Bayadera y La bella durmiente del bosque, y obras contemporáneas como Apolo y Americans We. Fue elegida líder del milenio por la revista Time y el canal CNN y en 2001 recibió el Immigrant Achievement Award, en Nueva York, por su contribución como inmigrante. Fue nombrada una de los 30 artistas que transformarán las artes en los próximos 30 años por el diario New York Times, que la puso en la tapa de su revista.Ficha técnicaCuándo miércoles 18 y jueves 19, a las 21Dónde Teatro Independencia (Chile y Espejo, Ciudad)Entradas de $250 a $1.200, en www.tuentrada.com y en la boletería de la sala, de lunes a sábado de 10 a 14 y de 18 a 21 más datos en facebook.com/showproargAuspicia Diario UNO


