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Hugo Alconada Mon invirtió dos décadas en investigar uno de los fenómenos que atraviesan la sociedad argentina y corrompen su institucionalidad y credibilidad desde sus entrañas: la corrupción. El resultado de estos años de estudio los volcó en su libro La Raíz de Todos los Males, que presentará este viernes, a partir de las 20.30 en la Sala Malvinas Argentinas (San Miguel 1540, Las Heras), presentado por el periodista Andrés Gabrielli, como parte del ciclo de Escritores Grupo Planeta-Grupo América, con producción general de Franganillo/Comunicación y el auspicio de la Municipalidad de Las Heras.

Alconada Mon periodista, miembro de FOPEA (Foro de Periodismo Argentino) y abogado, charló sobre la génesis de su libro, las particularidades de la corrupción en la Argentina y el poderoso rol que los cuidadanos tienen para hacerle frente.

-¿Cuánto años te llevó la génesis de este libro? 

-La acumulación completa de material fueron 20 años, ir juntando como piezas de rompecabezas y materiales que fui guardando durante mucho tiempo. Luego el proceso en sí me llevó menos, pero incluyó escribir y reescribir el libro siete veces. Lo que el lector tiene en sus manos es el séptimo borrador del mismo libro.

-¿Por qué siete borradores?

-Porque el primer borrador tenía más o menos 600.000 caracteres y se lo di a seis personas de ámbitos muy distintos: un político profesional, un economista, un fiscal, un ex titular de la Oficina Anticorrupción, entre otros, para que lo despedazaran.

-Serían tus primeros lectores...

-Sí, pero críticos, personas con las que tengo mucha confianza, pero que al mismo tiempo sé que si encuentran alguna laguna, una inconsistencia, una contradicción, o lo que fuera, me lo van a marcar. Mi premisa era: prefiero que me lo digan ustedes y me ayuden a detectar cuáles son las falencias y no que después las encuentre el lector. Con sus correcciones, reescribí el libro y ahí se lo di a dos verificadores de datos que “peinaron” párrafo por párrafo. Después se lo di a tres abogados -cada vez que pasaba esto, lo iba reescribiendo- luego a la editora de Planeta y por último se lo di a mi padre, que es un abogado brillante, para que también lo despedazara. Finalmente, me senté a escribirlo y a hacer la microedición, mientras pensaba además cómo hacer un libro que fuera un poco más llevadero, dentro de lo tortuoso del tema, para darle la mayor agilidad posible a la lectura.

-¿Te llegaron cartas documento por el libro?

-Hasta ahora tengo cero juicio y cero cartas documento. Ningún reclamo.

-¿Y amenazas?

-No. Creo que en parte me ayudó que a todos los personajes más sensibles hice un esfuerzo por llamarlos antes, preguntarles antes, intentar entrevistarlos antes. Y todos es todos. Desde Cristóbal López a Lázaro Báez, Mauricio Macri, Sergio Massa, Daniel Scioli, todos los que te imaginés, los intenté abordar a ellos o a sus voceros o abogados, así que todos ellos no podían argumentar que los sorprendí. A Daniel Hadad lo busqué antes y a Jorge Lanata igual.

-¿Cómo hemos conseguido este enquistamiento y este perfeccionamiento de la corrupción, por otro lado tan transversal?

-Yo creo que hay procesos que toman años, décadas, generaciones y en ese contexto, salir de un proceso de corrupción sistémica también toma años o décadas, porque necesitás reformas, presión social, algunos juicios paradigmáticos y más allá de eso, aunque tengás un sistema que es casi perfecto, nunca podés descartar, como dijo una vez un juez, la estupidez humana. ¿Qué significa eso? Que terminás con un José López revoleando bolsos en un convento que no es convento. Si lo mirás desde afuera o lo escribe un guionista y lo lleva a una película, decís: “se fue de mambo”.

-¿Creés que llegamos al techo de nuestra corrupción o eso de la “estupidez humana” siempre nos permite vislumbrar un panorama peor?

-¡Nooo!, siempre se puede perfeccionar el sistema de corrupción y como dijimos, no se puede descartar la estupidez humana.

-¿Perfeccionar en cuánto a qué?

-Mejorar, por ejemplo, el control político sobre el Consejo de la Magistratura, ahondar la politización de determinados nichos del Poder Judicial, desarrollar mejores operadores judiciales para la extorsión, utilizar mejor los servicios de Inteligencia para el “apriete”...siempre se puede llegar más lejos en la debacle. ¿Cómo van aprendiendo los corruptos? Los piratas de Odebrecht detectaron que los lunes no convenía repartir bolsos llenos de dinero porque los valijeros los fines de semana por lo general se emborrachaban con cachaça y los lunes no estaban disponibles. ¿Para qué iban a correr riesgos los lunes con muchachos que tenían resaca? Mejor repartían los bolsos de martes a jueves, los viernes no, porque el viernes ya empezaban a chupar de nuevo (risas).

- Enrique Pinti cantaba en Salsa Criolla “pasan los gobiernos, quedan los artistas”. ¿Acá es “pasan los gobiernos, queda el sistema”?

-Hay jugadores que son propios de un gobierno -no estoy ahora hablando de corrupción-. Por ejemplo Carlos Corach quedó asociado al gobierno de Menem y  Axel Kiciloff quedó asociado al kirchnerismo -insisto, no estoy hablando de corrupción-. Ahora hay jugadores como vos decís, “que pasan los gobiernos...”, como este jugador, el operador que manejó la servilleta de los jueces de Carlos Menem, que después fue el hombre que se encargó de cerrar la investigación por enriquecimiento ilícito contra los Kirchner con Norberto Oyarbide y por último se encargó de encapsular el escándalo del Correo Argentino para Macri. Tenés un jugador, tres gobiernos, treinta años de historia.

-Estás hablando de Javier Fernández…

-Correcto. Si se lo decís al público, nadie lo conoce. Ese señor podría estar ahora tomando un café en este momento en la confitería más concurrida de Mendoza y nadie lo reconocería.

-Es el jugador perfecto: perfil bajo, nadie lo conoce y opera en “los sótanos”, como referís vos.

- Correcto. Esos jugadores empiezan a tener problemas cuando se convierten en personajes conocidos o peor aún que conocidos, se convierten casi en leyendas, que es el problema que tiene ahora Daniel Angelici. Que al final no tenés claro hasta dónde es un operador judicial y dónde es que incluso invocan su nombre en falso (“yo trabajo para”, “yo hablé con”), pero en definitiva termina siendo contraproducente, porque si hoy Angelici intentara caminar por los tribunales de Comodoro Py, encendería todas las alarmas y todas las luces de todos los periodistas acreditados.

-Vos decías que una manera de terminar con la corrupción es que aparezca un juicio paradigmático. ¿Podría llegar a ser la causa de los cuadernos?

-Podría llegar a serlo, pero al mismo tiempo corremos el enorme riesgo de que esa investigación termine en la nada y generando un retroceso institucional gigantesco para la Argentina. Porque si todo lo que salió a la luz allí queda en la nada es la certificación de “viva la Pepa” en la Argentina. Olvidate de los gobiernos, de los funcionarios, de Cristina Fernández de Kirchner, de toda la pata política: si en definitiva la investigación más importante, que más lejos pudo llegar sobre la corrupción dentro del sector empresario -porque tenemos cerca de 20 de los más importantes empresarios argentinos en esa causa- si esos empresarios quedan impunes, ¿qué señal mandamos al sistema? ¿Qué señal mandamos a la sociedad argentina? ¿Cómo va ser la próxima reunión del Coloquio de IDEA? ¿De qué van a hablar? ¿De ética? ¿De qué van a hablar en el próximo congreso anual de la Cámara Argentina de la Construcción? Es uno de estos puntos de inflexión donde esto nos posiciona mejor o nos hace retroceder. Dicho esto, en el libro yo menciono a un experto mundial en la lucha contra la corrupción, Robert Klitgaard, que ha escrito libros, manuales, artículos y ha asesorado a gobiernos sobre el tema. Él plantea, en dos tuits lo siguiente, que voy a tratar de reducir y es muy complejo, porque es difícil sintetizar tanto su obra: él dice que si se va a encarar una verdadera lucha contra la corrupción, hay que freir algunos peces grandes, no quedarse con los chicos. Pero los primeros peces grandes tienen que ser de la coalición gobernante o vinculados a la coalición gobernante, porque si no, genera la sospecha en la sociedad de que esto no es una lucha contra la corrupción, sino una persecución política contra tus rivales.

-Acá se plantearía un problema…

-Si Cambiemos quiere plantear una lucha contra la corrupción, impulsar la investigación de los cuadernos, el primero que tiene que desfilar tiene que ser, por ejemplo, Angelo Calcaterra, primo del Presidente y uno de los primeros condenados tiene que ser el primo del Presidente, si es que se lo merece según lo evalue el juez. Si por el comtrario los primeros condenados son funcionarios del gobierno anterior, legítimamente los adherentes al gobierno anterior te dirán que no es una lucha contra la corrupción sino una persecución política contra los míos y automáticamente pierde legitimidad popular esa investigación. Eso lo dice Klitgaard, en un abordaje general y concreto.

-Pero trasladado a la Argentina, con la realidad binaria que tenemos, con la llamada “grieta”, se ahonda muchísimo más…

-Correcto. ¿Qué le podés reclamar a Macri si los primeros que desfilan por tribunales son seguidores de él, donantes de sus campañas o familiares? Quedaría claro el mensaje para todos los demás, incluso para los funcionarios del propio gobierno.


-Dicho todo esto, ¿podemos salir de esta situación? ¿Cómo?

-Mi viejo, que es brillante, una sola vez me fue a ver a una charla y me dijo: “Muy bien m'hijito lo tuyo. Pero es deprimente...Para agarrarse los dedos con la puerta (risas). ¡Cerrá más arriba, con una cuota de esperanza!”(risas). Ahora, no estoy haciendo demagogia:  es posible mejorar. ¿Estamos cerca? Sí. Creo que así como tenemos retrocesos, tenemos avances. Un ejemplo a favor de este gobierno que se lo reconozco: la ley del arrepentido. ¿La figura es la ideal? No. ¿Es la mejor? No. Pero de algún modo, aplicada a los cuadernos de la corrupción, se armó el despelote que se armó. Lo mismo con la Ley de Responsabilidad Penal Empresaria. ¿Es la ideal? No ¿Le quitaron colmillos y garras mientras la debatían en el Congreso? Sí. Pero es un paso adelante. La Ley de Transparencia a la Información Pública. ¿Es la ideal? Claramente no. Pero es un punto a favor. Antes teníamos un decreto, ahora tenemos una ley. Son pequeños grandes avances en la dirección correcta.

-También hablás en el libro del rol que tienen los ciudadanos en todo esto. ¿La protesta ciudadana en contra de la decisión de la Corte Suprema para retrasar el juicio a Cristina- que después dieron marcha atrás- es un paso más en esa dirección?

-Sí, cuando ocurren este tipo de reacciones es cuando la sociedad les muestra un límite. Otro fue cuando la Corte intentó aquello del 2x1 para los genocidas y allí la sociedad (en sentido amplio, la sociedad civil, los medios de comunicación) dijeron que no, que hay algunos límites que no se deben cruzar. Eso es muy bueno. ¿Sin la movilización de “Ni una menos” hubiéramos impulsado todo lo que se impulsó, la reforma legislativa, pero también de concientización ciudadana sobre este flagelo? No. Ni se hubiera aprobado la figura del femicidio en el Código Penal ni tampoco se hubieran impulsado programas ni campañas como el 144 para proteger a las mujeres ni tampoco se hubieran concientizado un montón de varones sobre la situación que están viviendo sus hermanas, hijas. Es todo un proceso donde bienvenida sea la reacción ciudadana si te lleva a “Ni una menos”, pero también al debate sobre el aborto. Cuando convocaron a las audiencias sobre este tema los legisladores no iban porque consideraban que era uno más de tantos proyectos de ley que tiene el Ejecutivo. Cuando percibieron que la movilización ciudadana, a favor o en contra de la figura del aborto, incluía a millones de personas y que a cada uno cuando volviera a sus respectivos distritos los harían responsables de sus votos, a favor o en contra, se dieron cuenta que con ese tema no podían joder y empezaron a ir a las reuniones de comisión, a escuchar a los expertos y empezaron realmente a ponerse en el papel de legisladores. Ese tipo de presión social bien entendida obliga a la comunidad política a reaccionar y decir, más vale que nos peinemos porque nos van a estar esperando.

-Al final terminaste con un mensaje esperanzador...

-Te lo planteo en una fórmula matemática. Si dentro de la ecuación sistémica tenés a políticos, jueces, fiscales -no todos, por supuesto- muchos periodistas, muchos sindicalistas, muchos policías, etcétera, ¿por qué los beneficiarios e integrantes de esa ecuación van a querer cambiarla? Si cambian esa ecuación terminan presos y sin dinero. Ninguno de los factores de esa ecuación quieren cambiarla. Sólo es posible cambiarla por un factor que esté por fuera de la ecuación, del otro lado del signo igual. ¿Quiénes están por fuera? Los que están afuera somos nosotros, que no somos parte de ese circuito de corrupción e impunidad y somos los perjudicados. Hasta que nosotros, los perjudicados, no nos pongamos a reclamar, por qué los que se están haciendo ricos van a querer dejar de hacerse ricos

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