En el ciclo Miércoles de Cine, se exhibirá la película Si Dios quiere, ópera prima del guionista Edoardo Maria Falcone, quien de un modo profundamente humano y genialmente entretenido, retrata a la perfección las inconsistencias de la tolerancia moderna. La cita es en el Auditorio del Círculo Odontológico de Paraná, Corrientes 218, a las 20.45, con acceso libre y gratuito.
El doctor Tommaso De Luca es un importante cardiólogo romano que se caracteriza por ser el mejor en su área y también por sus comentarios ácidos y a veces hirientes. En realidad tiene mucho de que estar orgulloso, de su destreza, de su genialidad, de su dinero, de su esposa perfecta y de sus hijos, que hacen justo lo que él espera de ellos. Ni más ni menos. Y no es que sea un ogro ni mucho menos, pero para Tomasso las cosas están perfectas como están y por lo mismo así se deben quedar.
En su perfecta vida familiar las noches transcurren con cenas en la terraza de su apartamento del centro de Roma, donde comparten mesa y conversaciones que por supuesto el padre dirige y aprueba. Él, que es un hombre astuto, sospecha que su hijo Andrea, que también estudia Medicina, les está ocultando algo y no quiere misterios. Y como cree sabérselas todas ha preparado a su esposa, su hija y su yerno para la noticia que seguro su hijo menor les dará: está seguro que les dirá que es gay. Pero lo que su hijo le dirá, lo dejará desconcertado: efectivamente sí ha encontrado el amor de su vida en un hombre, pero en uno que se llama Jesús a quien quiere entregarle su vida convirtiéndose en sacerdote.
Las noticias no pueden ser peores. Tomasso siempre se ha esforzado por ser un padre solidario, por eso desea apoyar a su hijo, pero en su cabeza no cabe la idea de un Dios, mucho menos que él vaya a desperdiciar su vida en alguien que no existe. Tampoco comprende de dónde sacó el muchacho esas ideas, si él y su esposa son ateos.
Si Dios quiere está construida con situaciones muy originales y no se conforma solo con el chiste superficial y los personajes ridículos. Al contrario, explora en un tipo de comedia más de caracteres e incluso pone un pie en el complicado terreno de las creencias sin convertirse en una película fanática ni religiosa.
Un trabajo que Falcone construye desde el guión y que apuntala con los dos grandes actores que lo acompañan como protagonistas. De hecho, las escenas que comparten estos hombres se vuelven divertidas y honestas con esa naturalidad que tienen las comedias europeas, alejadas de situaciones demasiado elaboradas.




