Editorial Lunes, 26 de noviembre de 2018

La política del deporte

La violencia en el fútbol representa una de las miserias estructurales de la cultura y la política argentinas.

"Se trata de un grupo de inadaptados", fue la muletilla en la que coincidieron los políticos con responsabilidades directas de haber prevenido que no explotaran la violencia y el caos en la final de la Copa Libertadores de América entre River y Boca, en Buenos Aires.

Era un partido que veía todo el mundo y que se daba a unos días del encuentro del G20, que reúne a los máximos mandatarios del mundo en esa misma ciudad, la capital de la Argentina.

También esa muletilla, la que pateó la pelota para otro lado acusando a los "inadaptados de siempre", la utilizaron varios funcionarios que parecen vivir en una realidad paralela o en un país de fantasía.

La violencia en el fútbol representa una de las miserias estructurales de la cultura y la política argentinas.

Son muchos los que piden un responsable, pero son muchos los responsables de ser cómplices de un sinfín de situaciones que naturalizan la violencia y los violentos, que no son unos "inadaptados", sino que son grupos de poder secular adaptados a operar en los márgenes amparados, apañados y hasta en muchos casos promocionados.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a un par de kilómetros, en Provincia de Buenos Aires, o a miles como en Mendoza hay cosas que se repiten desde hace décadas, por lo menos, más de tres. Volvió a salir a la luz el tema de las barras bravas. Está de más decir que son organizaciones mafiosas, pero muchos de los que ayer los señalaban son los mismos que los convocan (contratan) para sus actividades políticas para hacer número, seguridad, cuidarles una pared, controlarles un barrio o para el "folclore" en un acto con sus bombos y sus cantos.

En la gran mayoría de los clubes hay decenas y hasta cientos de "hinchas" que van todos los fines de semana a la cancha sin ni pagar la entrada. Hay un cupo para ellos y alguien que los comanda. Claro, otros se las consiguen y las distribuyen.

Qué hay a cambio, cómo opera la extorsión, quién lo permite, quién los protege. No se trata de marginales o inadaptados. Son personas que saben cómo funciona y opera el poder, dónde sacar ventajas económicas y cómo repartirlas para lograr seguridad.

La vergüenza del fin de semana futbolístico dejó al descubierto no solo inoperancias e impotencias, sino también un montón de añosos vicios que contaminan todas buenas intenciones de esas minorías que pujan por un fútbol mejor y por un país mejor.

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