Es curioso escuchar y leer en distintos medios, redes sociales, etcétera, tanto de empresarios, comerciantes, y gente en general, que el Estado debe bajar los impuestos. Pero al mismo tiempo, señalan que está mal que bajen y/o eliminen tal o cual subsidio; o que necesitan que les “igualen la cancha”, en relación con importaciones; y si no se llega al punto de “que paguen más impuestos los ricos”, algo típico cuando no existe análisis sino simplemente una cuestión emocional (con mucha inocencia en algunos y con mala fe en muchos).
Existe la idea, equivocada, en muchos economistas, de que si se bajan impuestos o la presión tributaria, eso genera mayor recaudación y por lo tanto, aún sin bajar el gasto, en el mediano/largo plazo, el equilibrio fiscal se logra.
Esta idea surge de la famosa “curva de Laffer”. El economista Arthur Laffer la dibujó en una servilleta, para explicar que, si se suben los impuestos, la recaudación aumenta pero hasta un cierto nivel de presión tributaria. Pasado dicho nivel (el cual varía según el país, o la economía del lugar), la recaudación no sólo no aumenta sino que comienza a bajar por mayor elusión y/o evasión, es decir, el sector privado realiza un arbitraje entre pagar y no pagar impuestos.
Los dos errores de la curva de Laffer
Bastiat diferenciaba a un buen economista de un mal economista señalando que: “Entre el buen y el mal economista, hay una diferencia: el uno se limita al efecto visible; el buen economista tiene en cuenta el efecto que se ve y los efectos que hay que prever”.
La curva de Laffer responde plenamente a esta definición, ya que no analiza los efectos que hay que prever y tener en cuenta.
El primer error es que, si de verdad aumenta la recaudación impositiva, eso es una mala noticia para la economía, ya que más recursos salen del sector privado, único que genera valor, y van a parar al sector público, que no genera valor.
Es decir, sería algo ineficiente si ocurriera de esta forma, que no está claro incluso que ocurra.
En efecto, esta política se denomina “Supply Side Economics” (economía del lado de la oferta). La idea es que, si se baja la presión tributaria, el costo de pagar impuestos baja, con relación al costo de eludir y/o evadir impuestos, con lo cual, la recaudación aumentaría.
Laffer decía que, llegado a cierto nivel, la recaudación se estanca (incluso puede bajar) y -por lo tanto- hay que bajar impuestos hasta aquel nivel que permita volver a aumentar la recaudación.
Su idea fue aplicada por Ronald Reagan en sus dos gobiernos en EE.UU., entre 1980 y 1988, y de alguna forma por Margaret Thatcher en sus tres gobiernos en Inglaterra entre 1979 y 1991.
Si bien hubo diferencias entre uno y otro experimento, el resultado final fue que aumentó la recaudación pero no alcanzó a cubrir el nivel de gasto público, generando en el mediano plazo más deficit fiscal.
Reagan no tenía mayorías en el Congreso, lo que le impidió acompañar esa baja de impuestos con bajas en el gasto público (algo parecido a lo que le ocurre a Milei hoy en Argentina).
En el caso de Thatcher, sí logró tener mayorías en sus dos primeros gobiernos, y eso le permitió bajar algo el gasto público, aunque no lo suficiente (a los políticos de todo el mundo les encanta gastar y cortar cintas).
Ese mayor déficit fiscal genera más deuda pública o incluso emisión monetaria, con lo cual queda desvirtuado el propósito.
El segundo error es que no tiene en cuenta el nivel de gasto público, que como muy bien decían Hayek y Friedman, es el “verdadero nivel de presión tributaria”, debido a que el sector privado es el que debe pagar el gasto público, con impuestos presentes y/o futuros; si hoy no alcanza y el Estado decide cubrir dicho déficit con deuda y/o emisión monetaria.
Es decir, el problema es el nivel de gasto público, no el nivel de presión tributaria, porque son dos caras de una misma moneda.
El sector privado es el que financia el gasto público, con recursos que podrían haber destinado a generar valor, y van a un lugar donde no se genera valor. En el mejor de los casos, simplemente ayuda a que los privados lo puedan seguir generando, al darle servicios de seguridad, justicia (algo que está en discusión y no queda claro que sea lo más eficiente, pero lo dejamos para otra nota).
La versión anti Laffer
La Escuela Austríaca de Economía nos muestra lo que denominó “versión anti Laffer” de la curva de Laffer.
Esto implica que, si se baja el gasto público a un nivel que logre superávit fiscal sostenible, permitiría que se puedan bajar impuestos para disminuir la presión tributaria.
Al tener un gasto público (incluyendo pagos de deuda que permitan ir bajando el stock de la misma camino al largo plazo) menor que la recaudación, la presión tributaria real de largo plazo, en términos de Hayek y Friedman, esto es, el gasto del Estado, será cada vez menor por ambos lados, baja de gasto y luego baja de impuestos.
Cuando el sector privado proyecta esto, puede observar que su rentabilidad no se verá afectada por un potencial mayor costo del Estado en el futuro sino todo lo contrario, bajará su incidencia, promoviendo que el círculo virtuoso empleo-ahorro-inversión crezca cada vez más.
Recordemos que el Estado está dentro de los que en gestión de empresas y negocios se denominan “costos exógenos”, es decir, son aquellos costos operativos que no pueden controlar los managers o pueden controlar muy poco (con herramientas y estrategias financieras por ejemplo, por medio del armado de un escudo fiscal).
Si la verdadera presión tributaria -esto es, el gasto público presente y futuro proyectado- es menor, el flujo de fondos de los negocios es mayor, sin necesidad de aumentar el capital invertido (incluso baja, ya que, muchos impuestos terminan aumentando el capital invertido, como por ejemplo el IVA de exportación que se devuelve tarde en Argentina).
El resultado es un aumento de la rentabilidad por dos frentes:
1) aumento del Rendimiento sobre el Capital Invertido (ROIC): más flujo de fondos con el mismo capital invertido
2) baja del Costo de Capital: baja de la tasa de interés del mercado, lo que baja el costo en intereses de la deuda, y baja del costo del Capital Propio (costo de oportunidad) por baja del costo de invertir en ese país/sector/empresa.
Argentina intenta aplicar la versión anti Laffer
Observando lo que está haciendo el gobierno del presidente Milei, daría la sensación de que apunta a aplicar la versión anti Laffer, esto es, la versión austríaca de la curva.
Aún con las restricciones políticas, judiciales, de gobernadores, intendentes, del Congreso, busca generar la idea de mediano y largo plazo de menor gasto público y por lo tanto, menor presión tributaria.
El RIGI o mejor dicho, los RIGI’s, ponen en evidencia esto precisamente.
Hasta me atrevería a decir que es una limitante para que futuros gobiernos no puedan por mucho tiempo (30 años da el RIGI) aumentar impuestos.
Y si quieren aumentar el gasto en lugar de seguir bajándolo, deban aumentar deuda (algo difícil para el prontuario argentino) y/o volver a emitir dinero, lo que los argentinos ya saben cómo termina.
Una especie de “corset” fiscal.
Lamentablemente, el sistema vigente ralentiza el proceso y muchas veces lo obstruye (leyes que aumentan el gasto, cautelares que aumentan el gasto o no permiten bajarlo, gastos provinciales y municipales que aumentan y generan aumentos de impuestos y/o tasas, etcétera).
Es verdad que existen algunas cosas que se podrían haber acelerado, pero entiendo el lugar desde donde se toman decisiones.
De todas formas la clave es la tendencia.
Y la tendencia es, a la velocidad que se puede, hacia una versión anti Laffer.
¿Me gustaría que fuera más rápido? Obviamente.
Pero para que eso sea posible y la gente viera los resultados de manera más inmediata, el sistema debería ser: democracia directa, voto nominado, y posibilidad de “out option”.
Algunos dicen que es imposible, pero la aparición de la Blockchain, las Cryptomonedas, la IA, evidencian lo contrario.
El mundo va más rápido de lo que muchos piensan hacia esa posición.
No será. YA ES.





