Gastón Ragazzone tiene 35 años y es abogado, pero también tiene viñedos en La Consulta, San Carlos, junto con su familia. Hace un par de años, cansado de tener problemas cuando iban a fumigar la viña porque las máquinas se rompían y daban dolores de cabeza, se le ocurrió una idea: ¿Y si fumigamos con un dron?
Gastón Ragazzone, el mendocino que un día compró un dron para fumigar y hoy es del más premiado
Él y su familia empezaron a investigar un poco, se metieron en Google, compraron el primer dron y de ahí no pararon más. Se dieron cuenta que lo que habían pensado como una alternativa para salir del paso en su propia finca podía convertirse en un emprendimiento para ofrecer el servicio en otros cultivos. Así armaron Uco Drone una empresa en la que participan también su padre Raúl, su tío Ricardo y Fernando Rodríguez. Ahora no dan abasto con los pedidos y piensan que para el año que viene se va a duplicar o triplicar la demanda del servicio que ofrecen.
Esta innovación le valió a Gastón convertirse en el Joven Empresario Argentino del Año 2021, una distinción que da la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) a nivel nacional. Primero había sido elegido como el joven Mendocino del año 2021 por la Federación Económica de Mendoza (FEM). Ahora también está postulado en la terna a mejor proyecto tecnológico para la premiación de la Asociación de Ejecutivos de Mendoza. (AEM). Compite en ese terceto con dos emprendimientos también exitosos: uno es Palta, la billetera virtual que creó el Gobierno de Mendoza, y el otro es Ohana, una startup que creó la mendocina Mariela Rerdanoski y que se expande a América Latina.
Las razonas del éxito
Las razones del éxito de este emprendimiento son varias. La primera es que en el 2018, cuando arrancaron, no había nadie en Mendoza que prestara este servicio. Eso hizo que al principio tuvieran que trabajar mucho para convencer a los agricultores de las facilidades que tenía curar los cultivos con un dron en lugar de usar la clásica máquina de arrastre que se traslada con el tractor.
La segunda razón que hizo crecer como la espuma el negocio es la ventaja económica que representa para el productor. Se ahorra mucha agua con este sistema porque en lugar de usar 1.000 litros por hectárea para fumigar, el dron sólo usa 10 litros. También se ahorra un 30% de funguida, productos que generalmente son importados y caros.
La tercera razón es operativa. Para los productores es más simple tercerizar el servicio de fumigación que someterse a los dolores de cabeza que significa tener la máquina de curar a punto, rogar que no se rompa justo cuando hace falta y depender de la mano de obra para hacerla funcionar. Con el dron se olvidan de eso. Además, actualmente para muchos productores se hace imposible comprar una máquina de curar que de base sale de $2 millones para arriba y si se rompe no se encuentran repuestos.
La cuarta razón por la que este emprendimiento prendió es que no resulta muy caro para un productor promedio. Según cuenta Gastón, por hectárea cobran $4.000 y el productor tiene el trabajo resuelto más rápido, con menos uso de agua y fungicidas, no necesita mano de obra y arruina menos el suelo porque no tiene que meter la máquina con el tractor entre medio de los cultivos.
El próximo paso es el robot terrestre
Dado el aumento de la demanda que ha tenido el servicio de fumigación mecanizado, el próximo paso de Uco Drone es adquirir un robot para que haga la fumigación por tierra. Sería una especie de máquina fumigadora automatizada que no requiere estar tripulada para cumplir su función entre las hileras de viña o entre los surcos de cualquier plantación.
El problema con el que se enfrenta esta pyme, como les pasa a muchas otras, es acceder a los insumos que necesitan para trabajar. Los drones y los repuestos son considerados un bien suntuoso y no una herramienta de trabajo y por lo tanto la burocracia para importarlos es más compleja aún.




