Desde 1928 y fundamentalmente desde 1945 hasta diciembre del 2023, el Estado fue aumentando su intromisión en la economía lo que generó aumento de gasto público, aumento de la presión tributaria, tanto nacional, provincial y municipal, con un cierre cada vez mayor de su economía que dio como resultado un comercio exterior (exportaciones más importaciones) cada vez menor, achicando la economía y disminuyendo los niveles de actividad. Cuando esto se produce, llega un aumento en los costos de producción, disminución en la calidad de los productos y servicios que se intercambian dentro del país y finalmente, disminución en la calidad del empleo.
Si además sumamos que el Estado, debido a lo anterior, fue reemplazando a un sector privado disminuido en calidad y cantidad en la generación de lugares de trabajo, el cóctel ha sido explosivo: se han generado muchos puestos de trabajo y muy pocos empleos.
Todo lo mencionado se conjugó con un sistema educativo donde también el estado hizo de las suyas, al preparar personas para ser trabajadoras pero no para ser empleados.
Diferencia entre trabajo y empleo
El origen etimológico de la palabra trabajar, casi que nos ayuda de manera definitoria a mostrar la diferencia sustancial entre trabajo y empleo.
Proviene del latín vulgar “tripaliare”, que significa “torturar” o “atormentar”. Este verbo se derivó del sustantivo tardío latino “tripalium” que significa “tres palos”. El tripalium era un instrumento de tortura en la antigüedad para esclavos y prisioneros. También surge de la palabra “laborare” del latín clásico, que curiosamente, también significa “esfuerzo” y/o “cansancio”. Por lo tanto, hablar de puestos de trabajo sería como decir “puestos para sufrir”.
Es decir, un trabajo requiere esfuerzo sin importar si dicho esfuerzo genera o no valor. Una economía como la de Argentina descripta más arriba, de los últimos casi 100 años, prácticamente sólo ha generado puestos de trabajo tanto sean privados y ni hablar si son estatales.
La palabra empleo proviene del francés antiguo “employer” y este del latín clásico “implicare” que significa “plegar” o “entrelazar”, y luego en el latín tardío se usó para señalar el “involucrar/emplear a alguien en algo”, por ejemplo un negocio. Claramente nos indica algo productivo, incluso cuando se la utilizaba para proponer una inversión, “emplear dinero”.
En síntesis, y usando terminología financiera moderna, trabajo es algo que no genera valor, mientras empleo es algo que genera valor.
Esta distinción etimológica, nos sirve para plantear también la diferencia en el plano estrictamente económico y financiero, sobre todo con la llegada de la (mal llamada) inteligencia artificial, la robótica, la blockchain, que están terminando precisamente con la mayor parte de los trabajos, es decir, los que no generan valor, requieren esfuerzo, rutinas, procesos repetitivos. En clases solía poner de ejemplo el puesto de “ascensorista” (para los más jóvenes, era una persona que se encontraba, sobre todo en organismos estatales, dentro del ascensor, sentado, y apretaba las teclas de los pisos); típico puesto de trabajo que, aunque cobraba un salario, no generaba valor.
El mundo económico hoy pide empleados no trabajadores
Las empresas, los negocios, en definitiva el sector privado, busca personas que sean empleables no que sean trabajadoras. Hoy se buscan personas que sean creativas, innovadoras, proactivas, que dentro de su rol no esperan indicaciones, directivas, sino que actúan, resuelven, generan.
Hace un tiempo viendo una entrevista que le realizaban a Elon Musk, le preguntaron qué tenía en cuenta antes de elegir a una persona para trabajar en sus empresas. Dijo que les hacía una sola pregunta, no le importaba si tenían títulos o no. Esa pregunta era: “Dime qué problema has resuelto en alguna otra empresa o negocio, y dime los detalles de cómo lo hiciste”. Por supuesto que evaluaba el tipo de problema, ya que, la solución tiene que tener aparejada la creación de valor, de lo contrario no sirve.
La IA está reemplazando trabajos rutinarios, búsqueda de datos, que impliquen procesos repetitivos; también la robótica está avanzando en esos planos pero algo más físico. La blockchain ha llegado a lugares increíbles como por ejemplo el derecho, la escribanía, la logística, lo contable (por ejemplo ya existe resolución de casos basado en blockchain). Podríamos decir que la nueva economía está volviendo al ser humano a su esencia que es crear, casi ser un emprendedor de sí mismo.
Adam Smith decía en su libro La Riqueza de las Naciones, que si se le saca el “velo monetario” a la economía (le sacamos la moneda), lo que hay detrás es intercambio de bienes y servicios por otros bienes y servicios. De ahí que el ideal de la economía (el sueño austríaco de alguna manera expresado por Ayn Rand en su novela La Rebelión de Atlas), es que todos sean empleados y no haya ni un solo trabajador, casi todos serían empresarios intercambiando bienes y servicios con otros empresarios; o más precisamente, intercambiando derechos de propiedad por otros derechos de propiedad. Todos creando valor.
Argentina y lo que se viene (mejor dicho ya está sucediendo)
El sistema de educación (en realidad mal llamado de educación siguiendo a Alberdi, que le decía sistema de instrucción, dado que la educación venía desde de la casa) es la clave en este proceso.
Todavía se utiliza el formato de aulas con pupitres en hileras, algo que viene del sistema educativo prusiano que implica disciplina y obediencia, y que luego lo tomara Ford para el armado de sus líneas de montaje que servían para el aprendizaje de cada función.
Se calcula que sólo en Vaca Muerta, se necesitarán entre 120.000 y 130.000 empleados hasta fines del 2027. A las empresas que ya están allí, les está costando mucho encontrarlos aún entre personas con títulos universitarios. Los acuerdos de libre comercio, y el crecimiento de la inversión y de la actividad económica, podrían requerir hasta el 2031 más de 10 veces esos números en empleos. Está Argentina preparada para cubrirlos? NO.
El sistema educativo prepara trabajadores y los condena a la pobreza. Argentina está pagando un error histórico. Buena parte del esquema conceptual actual del sistema, viene de la primera presidencia de Roca, cuando su ministro de educación era Sarmiento. Hubo en ese momento un gran debate sobre qué hacer con la educación. Sarmiento era partidario de “formar ciudadanos”, mientras Roca, siguiendo a Alberdi, era partidario de “formar emprendedores” (si utilizamos palabras modernas para lo que querían, que era formar personas para el comercio y la industria, en palabras de la época).
Lamentablemente ganó la postura de Sarmiento. Es crucial corregir ese error histórico y volver a la idea de Roca y Alberdi, sobre todo en las escuelas públicas, dado que las privadas sino ofrecen los contenidos que requiere el mercado hoy, se irán a la quiebra.
Si bien el ideal sería implementar un sistema de vouchers con todas escuelas privadas compitiendo por contenidos; al correr de la pluma y como un primer paso, podríamos decir que es fundamental que los contenidos básicos para las escuelas, tengan como mínimo lo siguiente, si lo que queremos es formar emprendedores, empresarios, empleados, creadores de valor:
- Inteligencia Emocional
- Inteligencia Artificial (cómo usarla)
- Educación económica y financiera (que no esté dada por bancos o influencers)
- Blockchain
- Robótica
- Marketing
- Matemática aplicada
- Emprendedurismo
Por supuesto adecuado para cada caso (no es lo mismo la primaria que la secundaria), con aulas flexibles, donde no hayan más de 20 alumnos por aula, mediante un sistema donde el profesor sea una guía y los alumnos tengan una participación activa leyendo material, preparando trabajos, ensayos, casos, etc., a partir de ese material (Flipped Classroom o Flipped Learning= Aula/Aprendizaje Invertido). Países como Finlandia (que dicen tiene uno de los mejores sistemas de educación del mundo, aunque eso siempre es subjetivo) ya trabajan de esta forma hace tiempo.
Vargas Llosa en su libro Contra Viento y Marea en el capítulo “El Elefante y la Cultura”, señala que un país que tiene Ministerio de Educación y Cultura, no tiene la menor idea de lo que es la educación y la cultura. Ya es tiempo que el estado se corra y deje que sean los privados quienes establezcan los contenidos que el mercado requiere (en última instancia que siga los requerimientos del mercado), y así dejar de condenar a las personas a ser pobres.







