Un diario, muchas vidas

Diario UNO celebra su aniversario con 33 historias que muestran el lado más humano del periodismo

A 33 años de su nacimiento, Diario UNO reconstruye 33 historias de quienes hicieron del periodismo un oficio lleno de pasión, afectos, temores y momentos insólitos

Diario UNO está hecho de noticias, fotografías, videos, títulos y palabras. Pero detrás de cada página, de cada cobertura urgente y de cada madrugada frente a una pantalla hay personas. Seres humanos que se enamoran, se asustan, discuten, se equivocan, ríen, se quedan dormidos y, a veces, terminan viviendo historias más sorprendentes que aquellas que salieron a buscar.

En sus 33 años, por esta redacción pasaron noticias memorables, pero también quedaron pequeñas escenas del periodismo cotidiano que nunca llegaron a publicarse. Charlas con presidentes, empresarios, gente de a pie, contactos con una osa violeta, una vaca que no esperó al fotógrafo, reporteros presos y coberturas que cambiaron de rumbo en un instante.

Estas 33 anécdotas recuperan algo de esa memoria íntima y colectiva: la historia de un diario contada no desde sus grandes titulares, sino desde las personas que le dan vida.

De aquel viejo periodismo de máquinas de escribir hasta ahora han pasado muchas cosas...

De aquel viejo periodismo de máquinas de escribir hasta ahora han pasado muchas cosas...

1. ¡Una máquina de escribir, por favor!

Una parte del plantel de Diario UNO venía del desaparecido Diario Mendoza. Esos colegas eran los más acostumbrados a la máquina de escribir y un tanto reacios a trabajar con las computadoras. Creían que algunas funciones sólo se podían hacer con las viejas Olivetti; como por ejemplo, la de escribir los títulos.

Es que lo usual era que el título de una nota se escribiera según la extensión de una línea de puntos sobre el papel. O sea, uno se encontraba con esto: ............................................................... y lo llenaba con letras. Y no había que pasarse de la medida.

Les costó un poco a los muchachos y a las muchachas entender que en la compu era más fácil. Por eso, cuando los ingenieros de sistemas pidieron que les pasen una lista de elementos necesarios para el laburo, unos cuantos pidieron "una máquina de escribir, por favor".

2. La verdad detrás de un mito urbano

En Mendoza circula un mito urbano que se resiste a morir. La leyenda dice que la noche del 26 de junio de 1993, cuando se ponía en marcha la rotativa para imprimir la histórica primera edición de Diario UNO (que salía a la calle el 27), el encargado de apretar el botón de arranque era el entonces presidente Carlos Saúl Menem. El mito, alimentado por la cultura popular que le adjudicaba al riojano una supuesta carga de mala suerte o "yeta", asegura que la máquina falló por completo y dejó a todos mudos durante largos minutos.

Es hora de derribar el mito: es absolutamente falso que la rotativa no arrancara, y es igual de falso que Menem estuviera ahí.

La realidad es menos esotérica. Aquella medianoche del 26 de junio, la rotativa arrancó a la perfección, en tiempo y forma. El olor a tinta fresca y el rugido de los rodillos llenaron el taller sin ningún contratiempo, marcando el nacimiento de una nueva era periodística en la provincia.

Ahora, ¿de dónde salió el invento? Como todo buen mito, tiene una pizca de verdad descontextualizada. Semanas más tarde -tal vez un mes después del lanzamiento-, el presidente Menem efectivamente vino a Mendoza, visitó las instalaciones de Diario UNO y se organizó una demostración del arranque de la maquinaria. Y ahí sí, la ley de Murphy hizo de las suyas: cuando llegó el momento de encenderla frente al mandatario, la rotativa no arrancó.

Hubo sudor frío entre los directivos y miradas de reojo, pero no fue por fuerzas místicas: a un operario, traicionado por los nervios de tener al presidente al lado, se le pasó presionar correctamente uno de los botones del tablero. Fueron apenas unos minutos de zozobra hasta que se corrigió el error y las bobinas empezaron a girar.

La coincidencia temporal fue el combustible perfecto para que el ingenio popular uniera los cables, mezclara fechas y acrecentara la leyenda de la "mufa" en la noche del debut. Una gran historia de fogón periodístico, pero que a 33 años de distancia vale la pena aclarar.

3. Perdón, ¿alguien quiere papas?

Una de las primeras -y sanas- costumbres que se adquirieron en el UNO fue la de ir a tomar algo después del cierre. Por entonces teníamos cerca la calle Colón y había bares para elegir. Se armaban mesas de hasta 20 personas, entre quienes estaba un petiso simpático de la sección scanner. Su clásica pregunta antes de iniciar el consumo era: "Perdón, ¿alguien quiere papas?". Sin esperar respuesta hacía el pedido de 2, 3 y hasta 4 porciones. Sin embargo, a la hora de pagar se hacía el huevón y sólo ponía la parte correspondiente a las cervezas, vinos o lo que fuere para tomar.

Pasaron muchas noches hasta que los demás se dieron cuenta de que la invitación a comer papas fritas era trucha. En nuestros libros de historia, hoy este buen compañero es recordado como "El papafrita".

4. Pasión por informar I

Mendoza, mayo de 1996. El pequeño Yoryi Godoy, de apenas 3 años, llevaba varios días desaparecido. La provincia entera estaba en vilo, y en la sección Policiales de Diario UNO el instinto nos decía que la versión oficial hacía agua: las sospechas apuntaban directamente a los padres.

Una noche, estando de franco pero con la cabeza metida en el caso, se me ocurrió una locura. Me fui hasta la plazoleta Barraquero, busqué un teléfono público y llamé directamente a la Dirección de Investigaciones. Con voz impostada, denuncié que en la plaza había "un sujeto raro vendiendo marihuana" y pasé la descripción exacta de la ropa que yo mismo llevaba puesta. Para sumar realismo, me quedé esperando con un cigarrillo de tabaco armado en la mano.

A los pocos minutos apareció "la chancha" -la clásica combi de Investigaciones-. Los policías bajaron, me palparon y, tal como lo había planeado, me subieron de inmediato. Terminé adentro de un calabozo.

Yo sabía que era cuestión de tiempo. Al rato, pasó por el pasillo un policía de civil que me conocía de mi rutina diaria cubriendo la calle para el diario. Al verme tras las rejas, frenó en seco y le preguntó al de la guardia: "¿Qué hace este acá? Es periodista de Diario UNO, sacalo ya". Tras comprobar que el famoso "porro" era solo tabaco, me abrieron la celda.

Ahí jugué la última carta. En lugar de irme, pedí permiso para ir al baño. Como conocía ese edificio de memoria por mi laburo, en un descuido me desvié por los pasillos internos y me metí directo en la División de Seguridad Personal. El ambiente estaba pesado; desde una de las oficinas se escuchaban gritos desgarradores de un interrogatorio al límite.

Cuando la puerta se abrió y salió uno de los efectivos de civil a los que yo frecuentaba, me tiró el dato de mi vida: Jorge Godoy, el padre de Yoryi, se había quebrado. Acaba de confesar que había matado al nene y que lo había enterrado a la vera del canal Pescara, en Rodeo de la Cruz.

Busqué un teléfono interno, llamé a la redacción y le avisé a mi jefa, Catherina Gibilaro. Ella reaccionó con la velocidad de los grandes editores: saltó de la silla, se subió al móvil del diario y voló hacia la ubicación que le pasé. Llegó al lugar exacto en el mismo momento en que la Policía y el padre empezaban a cavar. Minutos después, hallaron el cuerpo del chico.

Fue una primicia absoluta, trágica e inolvidable para Diario UNO. Una de esas noticias que se consiguieron embarrándose los zapatos, desafiando las reglas y pasando una noche en el calabozo por pura obsesión periodística (Juan Quibar, director de Diario UNO).

5. Pasión por informar II

Una de las coberturas que más me marcó ocurrió durante la madrugada del 29 de noviembre de 2016. Cerca de la 1 o las 2 de la mañana leí en Twitter que había desaparecido el avión que trasladaba al equipo brasileño Chapecoense. Me levanté, sintonicé una radio colombiana y empecé a escuchar cómo los medios de ese país intentaban reconstruir lo que había pasado. Decidí ponerme a trabajar y publiqué una primera nota, a la que se sumaron otras cuatro o cinco durante esas horas. Diario UNO fue el primer medio argentino en informar sobre el accidente.

Recuerdo la desesperación que me llegaba desde los periodistas colombianos. Mientras daban las primeras noticias, rogaban al aire que hubiera sobrevivientes y se aferraban a esa esperanza. La radio mantenía viva la posibilidad de un milagro, hasta que con el amanecer empezó a confirmarse que casi todos los ocupantes habían muerto.

Cuando mis compañeros llegaron para abrir el diario, cerca de las 6 de la mañana, ya había varias notas publicadas. Más allá de la primicia, aquella madrugada me quedó grabada por la angustia de escuchar una tragedia en tiempo real.

Y no me olvido más: me quebré cuando un militar de alto rango confirmó las muertes. Después miré el texto, respiré hondo y empecé a cambiar el título para que estuviera actualizado (Marcos Barrera).

6. Pasión por informar III

Cuentan los memoriosos que uno de nuestros cronistas había ido junto con un fotógrafo a cubrir una carrera de bicicletas. El pelotón se venía acercando y el redactor comenzó a sugerir encuadres para las imágenes, cosa que no le gustó mucho al fotógrafo.

A tal punto llegaron estas "diferencias estéticas" entre uno y otro, que se agarraron a piñas. Después de la gresca, los dos se subieron al móvil juntos para volver a la redacción.

Entraron al diario casi simultáneamente, con la ropa rota y la cara machucada, y se pusieron a preparar la nota.

7. El periodista al que le perdimos el rastro y apareció... preso

En los años '90, la Liga Mendocina de Fútbol tenía Primera A, Primera B y Primera C. Diario UNO mandaba periodistas a todas las canchas. Uno de ellos, contento cuando recibió el carnet de libre acceso a los estadios, fue asignado para la cobertura de un partido. Pero resulta que nunca más supimos de él. No volvió nunca por la redacción.

Pasaron muchos años y de pronto el joven apareció... ¿Saben dónde? En las noticias policiales. Había matado a sus suegros y fue detenido y luego condenado. Esta historia es absolutamente real. Nos reservamos el nombre por cuestiones obvias.

Aquel cronista que nunca volvió ¡estaba preso!

Aquel cronista que nunca volvió ¡estaba preso!

8. Otro periodista preso, pero por error

Esta pasó hace poco. En un barrio popular de Mendoza se venían sucediendo tiroteos entre familias rivales. Entonces P., uno de los periodistas más jóvenes del plantel, propuso ir al lugar para conversar con los protagonistas.

Cuando llegó a la zona, se encontró con una guardia policial que empezó a sospechar de ese muchacho con cara de trasnochado que andaba dando vueltas por aquellas cuadras y haciendo demasiadas preguntas.

En un momento, incluso, lo quisieron detener y él tuvo que convencerlos de que no era un sicario sino un redactor. Le costó un buen rato.

9. Carne y periodismo

Llevaba apenas dos meses en la redacción de Diario UNO cuando el oficio me arrojó sin anestesia a la crudeza de la calle. Era marzo del año 2000. Una mañana de calor agobiante, un motorhome ocupado por una pareja de turistas franceses estalló por completo mientras cargaba gas comprimido en una estación de servicio de Godoy Cruz. El impacto fue seco y letal; las víctimas fallecieron en el acto y el panorama al llegar al lugar era de una desolación absoluta.

El asfalto y la vereda de la estación estaban regados de restos humanos. Con el correr de las horas, bajo un sol mendocino que no daba tregua, el calor empezó a cocinar la carne esparcida frente a nuestros ojos. La zozobra y el espanto me dominaron por completo, al punto de sentir que me descomponía.

Sin embargo, el reloj de la cobertura seguía corriendo. Pasado el mediodía, en medio del horror y tras horas de tensión ininterrumpida, el cuerpo reaccionó con una demanda tan natural como desconcertante: sentí hambre. Terminamos almorzando en el mismo buffet de la estación de servicio, conviviendo con el escenario de la tragedia a solo unos metros. Fue un instante de disociación extraña, pero necesario para blindar la mente y seguir trabajando.

Aquella jornada me dejó una marca imborrable y una profunda reflexión que me acompaña hasta hoy. Cubrir casos para el medio en el que trabajás te expone a menudo a situaciones espantosas, pero te obliga a construir una coraza. Nos hacemos duros no por indiferencia, sino por la responsabilidad de mantener la claridad, digerir el impacto y contar la realidad tal cual es, por mucho que nos duela (Paola Piquer, gerente editorial de Grupo América).

10. Radar con tecnología a leña

Los radares de los aeropuertos de Buenos Aires fallaban y ponían en peligro a varios aviones. La nota obligada en Diario UNO era buscar "la pata local", por lo que fuimos con el fotógrafo Miguel Cicconi al aeropuerto El Plumerillo.

Habíamos pactado una entrevista con un comodoro cuyo nombre no viene al caso, quien explicó que el radar del aeropuerto mendocino era viejo, pero de excelente calidad. "Fue fabricado en sociedad por dos empresas líderes: Alitalia y Selegna, por eso la marca es Alegna" -se pronuncia Aleña- aclaró. Acto seguido le dije al comodoro: "No me haga titular que los radares de Mendoza son a leña (Alegna) porque la gente se va a asustar".

Me pareció un buen chiste, pero al comodoro no. Hizo un silencio breve, miró con desprecio y siguió con su explicación. Detrás de la cámara, Cicconi simulaba sacar fotos para ocultar su cara, que no paraba de reírse. Yo miraba al comodoro seriamente, pero estaba tentado como un pibe de secundaria.

En un momento, el militar propuso que pasáramos a la sala del radar para verlo en funcionamiento. En cuanto abrió la puerta, el destino se nos rió en la cara: en el medio de la antesala, había una enorme estufa a leña. El fotógrafo me miró sonriente, se dirigió a la estufa y le sacó una foto. Solo pude retomar la nota con el comodoro después de 5 minutos, cuando logré parar de reírme (Gonzalo Ponce).

11. Primicia

En agosto de 2002, Carlos Menem visitó Mendoza de la mano de Ana María Mosso, quien buscaba posicionarse para la gobernación. Tras una conferencia en La Vacherie Country Club, el expresidente se retiró a jugar al golf. Con la obsesión de volver a la redacción con una primicia, logré camuflarme entre el selecto grupo que lo acompañaba. Avancé por la cancha como una más de esa comitiva privada, hasta que encontré el hueco para encararlo a solas.

Menem estaba casado con Cecilia Bolocco. Con el grabador encendido, le pregunté si pensaba volver a ser padre, una fibra sensible tras la pérdida de Carlitos Junior. Me miró y, con total naturalidad, me soltó un rotundo: “Sí, lo estamos hablando”. Un año después, en 2003, nació Máximo. Aquello fue una primicia nacional que rebotó en todas las redacciones cuando la viralización era a puro pulmón y sin redes sociales.

Anécdota aparte: a Mosso no le gustó nada el desmarque y se quejó con mis jefes por haberme metido en la comitiva privada. Por suerte, ellos me defendieron sin dudarlo. Y el título en la tapa del diario quedó para siempre (Paola Piquer, gerente editorial de Grupo América).

12. La bella Catherina Gibilaro

Hermosa por dentro y por fuera, Catherina es una marca registrada de Diario UNO. Lo sigue siendo a pesar de que nos dejó en 2017. Marcó presencia en su fuerte, las noticias policiales y judiciales. Admirada y respetada por jueces, fiscales, comisarios, policías, funcionarios... no era de quedarse en la redacción para trabajar por teléfono.

Siempre elegante y de minifalda, la Cather transitó tribunales, comisarías, oficinas y, sobre todo, los barrios. Sin temor a concurrir a zonas conflictivas o peligrosas, empática y solidaria con víctimas de delitos y tragedias, se hizo querer. Y -vale reiterarlo- respetar.

Catherina Gibilaro, inolvidable compañera de Diario UNO.

Catherina Gibilaro, inolvidable compañera de Diario UNO.

13. La osa violeta

En mis primeros años como periodista en Diario UNO, recuerdo un domingo a la siesta haber llegado a la redacción y que me pidieran una nota del Zoológico. Era invierno. Tenía la página central color toda para mí.

Partimos con el fotógrafo pensando cuál sería el foco de la cobertura para no caer en lo de siempre. Mientras hacíamos el recorrido del paseo junto a un cuidador, nos detuvimos frente a uno de los sectores a charlar sobre el estado de los animales. Y fue en ese momento cuando observé a un oso con su pelaje color violeta ingresando a su jaula. Sí, literal.

Sólo atiné a mirar al fotógrafo para que no se perdiera esa insólita imagen. La alegría era total, ¡ya teníamos la nota! Cuando llegamos, le conté a mi editor lo que habíamos visto y el relato resultaba poco creíble. Pero las imágenes fueron contundentes. Fue la fotografía de tapa y la que recorrió decenas de medios provinciales, nacionales e internacionales en los días siguientes. Nos enteramos de que se trataba de una osa polar, de nombre Pelusa, que estaba en tratamiento con violeta de genciana por un problema en la piel. Fuimos los primeros en dar a conocer esa noticia que tanto impacto causó (Natalia Sosa Abagianos).

Pelusa, la osa violeta que se hizo conocida internacionalmente.

Pelusa, la osa violeta que se hizo conocida internacionalmente.

14. ¿Y usted, quién es?

En una época de Diario UNO, todos los trabajadores se llevaban un ejemplar a su casa. La pila estaba sobre un escritorio y de allí se retiraban. Había un señor, de saco y corbata, que aparecía por la redacción tipo 10 de la mañana y se llevaba uno, previo saludo -a viva voz y amablemente- a todos los presentes.

Pensábamos que era de la oficina de Personal (hoy Recursos Humanos). Habrán pasado 2 o 3 meses de verlo diariamente cuando nuestro primer director -Alejandro Gómez- le preguntó en qué sector se desempeñaba. Sincero, el hombre le contestó que no era empleado del diario, sino un abogado con la oficina cerca de la calle Pedro Molina, donde estaba el UNO.

Este buen señor siguió un tiempo más con esa rutina y a veces llegaba con medialunas o tortitas. Un día no lo vimos más.

15. El arquero temperamental

Un campeonato de fútbol entre equipos de los medios de comunicación nos llevó un día a la cancha de Boca de Bermejo. No importa el rival, no viene al caso. Nuestro arquero, al que no vamos a nombrar para evitar el bulineo -pero que identificaremos como el Flaco Lagartija-, recibió una pelota y la empezó a picar contra el piso.

Repitió la acción 1, 2 ,3, 4 veces hasta que tentó al delantero rival, que se acercó para quitarle el balón. El Lagartija no tuvo mejor ocurrencia que darle una piña. Lo expulsaron y además fue penal.

Ese partido lo perdimos y al arquero no se lo perdonamos jamás.

16. Muñeco, despiértese

Uno de los periodistas de Diario UNO -encargado de las noticias internacionales- era de sueño fácil. Tomaba medio vaso de vino y se dormía. Así le pasó en una de las tantas fiestas de fin de año en la que se quedó mosca en un sillón.

Solidarios, lo llevamos hasta su casa, pero el tipo no se despertaba por nada del mundo. Ni con agua en la cara. Hubo que cargarlo entre 4 y tocar el timbre de la casa para llevarlo incluso hasta la cama.

Al otro día, el Muñeco ni se acordaba cómo había llegado ahí.

El

El "Muñeco", otro que marcó época en la redacción de Diario UNO.

17. Muñeco querido, despedido por todos, menos por uno

El Muñeco dormilón, el mismo de la anécdota anterior, se jubiló hace unos años. Le hicimos un asado de despedida en los quinchos del club Cementista. Cada uno dijo unas palabras de reconocimiento al querido compañero.

Fue todo muy emotivo, con unos cuantos que lloraron, hasta que uno de los presentes sorprendió al decir "no sé qué hago acá, si yo nunca le hablé ni me lo banqué al Muñeco". El asado terminó abruptamente. Nos fuimos todos.

Eso sí: Muñeco, te queremos. Y además, los protagonistas de esta pequeña historia, después de lo contado, se llevaron muy bien.

18. Una biaba bárbara

Algunos periodistas de Diario UNO trabajan para radio y tevé, siempre manteniendo el mismo compromiso con la noticia y la verdad. Fue así que durante la cobertura de una pelea de boxeo, el árbitro ingresó al ring para concretar los preparativos previos al encuentro. Era evidente que este referí se teñía el pelo, ya que a pesar de su avanzada edad sus cabellos se veían de un color forzado y juvenil: el tipo no tenía ni una cana.

Ante esto, el colega de UNO comentó mientras estaba al aire:

-¡Amigos, todavía no comenzó el combate y tengo que decirles que ya estamos viendo una biaba bárbara sobre el cuadrilátero!

Todavía hoy nos causa gracia aquel recuerdo.

19. El profesionalismo ante todo

De los 33 años del diario, casi la mitad los viví (porque es así, los viví) en la sección Deportes. El maestro Cacho Cortez nos enseñó e inculcó que el periodista deportivo no debe demostrar de quién es hincha porque, si lo hace, pierde credibilidad. Y es así.

Por eso traté de mantener a escondidas mi fanatismo por el Atlético Argentino.

Pero una vez, en cancha de Huracán, me tocó hacer la nota del partido del Globito con la Academia. Resulta que el Boli hizo un gol y yo claramente no lo pude gritar (ni lo debía gritar) en una platea colmada de hinchas de HLH.

Lo que no pude impedir fue un impulso: tiré una patada hacia adelante como tratando de ayudar al delantero de Argentino. La patada se la di a uno de Huracán, que me miró fiero y amenazante. No pasó más nada pero por las dudas me cambié de lugar, ocultamente contento por ese gol del Atlético (Gustavo De Marinis).

El Mono De Marinis es hincha del

El Mono De Marinis es hincha del "Boli" pero recomienda a los periodistas mantener la ecuanimidad (cuando puedan).

20. Virrey

Hay un entrañable periodista de Diario UNO que pesa como 100 kilos pero todos nombran con un diminutivo. En parte, porque se trata de un personaje que genera tanto respeto como ternura. Pero ese no es el asunto. El asunto es que una vez este colega estaba cubriendo un partido de Boca y le tocó ir a la conferencia de prensa.

Por entonces, el director técnico del xeneize era Carlos Bianchi, que estaba podrido de que le llamaran "virrey". "Antes de que empiece la conferencia -avisó el DT- quiero decirles que si alguien me dice virrey, me voy y suspendemos todo".

Poco después comenzaron las preguntas. Una de las primeras -y quizá la primera- quedó a cargo del mencionado colega. Comenzó así: "Virrey, quería consultarte...".

Inmediatamente el técnico se fue, enfurecido. El resto de los periodistas casi acogotan al despistado. No obstante, al rato se reían por lo ridículo de la escena.

21. La vaca no esperó al fotógrafo

En una de esas vueltas ciclísticas de Mendoza, los pedalistas debían recorrer varias veces un circuito en la zona de El Challao. Fue entonces que sorpresivamente apareció una vaca en el camino, lo que obligó a los corredores a interrumpir la marcha, o frenar para esquivar al animal.

El periodista de Diario UNO le advirtió de la situación al fotógrafo, quien prefirió no apurarse y preparar con tiempo la producción de la imagen: "En la próxima vuelta, saco la foto", dijo, mientras alistaba la cámara.

Llegó la vuelta siguiente y el fotógrafo estaba listo para retratar a los ciclistas y la vaca. Pero la vaca, ajena a las necesidades del fotorreportero, ya no estaba.

22. ¿Periodistas o policías?

Viernes 12.45, hace unos años. Pagaron el sueldo con cheques y había que ir rápido al banco para cobrar. Si no, había que esperar hasta el lunes. Desesperados, cuatro muchachos de Diario UNO pararon un taxi en Patricias y Colón para ir con premura hasta la zona de los bancos en la plaza San Martín.

El tachero, muy amable con sus pasajeros apurados, empezó a los bocinazos y a pasar semáforos en rojo. Cuando llegó a destino preguntó: "¿Van a detener a alguien?". "No, vamos a cobrar", fue la respuesta.

Claro: después nos miramos y recordamos que uno del grupo tenía -tiene- pinta y cara de policía.

23. Ganaron todos, hasta los que perdieron

El joven y entusiasta periodista, recién recibido, quería hacer notas. Le preguntaron si se animaba a cubrir una competencia de hipismo y dio el sí. Se fue al Club Hípico un domingo a la mañana y a la tarde fue a la redacción a escribir el artículo. Le explicaron que encabezara la info con el ganador de la prueba.

"¡Pero si ganaron todos! A todos los caballos les pusieron una cucarda", aseveró el chico. Es verdad que a todos los participantes les colocaron cucardas, pero fue porque así se estilaba: que nadie quedara sin una distinción.

Lo que no advirtió el futuro cronista fue que las cucardas eran de diversos colores, según la posición que ocuparon. Él creyó que habían ganado todos. La nota nunca se publicó.

24. El enfermero mirón

Una compañera de la redacción se descompuso. Sufrió algo así como un desmayo en pleno trabajo. Requería ayuda médica y por eso se llamó al servicio de emergencia.

Llegó una médica con un enfermero y la chica fue acostada en una camilla. Tenía un escote pronunciado y el asistente de la doctora "se perdió" con la mirada en aspectos ajenos al juramento hipocrático.

"¡Eh, maestro, ayude a atender a la señorita y deje de mirotear!", le gritó un compañero. El hombre se puso colorado, volvió en sí y todo terminó como debía terminar.

25. "Fuiste manso delincuente"

"Te voy a extrañar hijo, fuiste manso delincuente". Lo que era un posteo de despedida en Facebook se transformó en una noticia de Diario UNO y en un inusual procedimiento judicial.

El Tarántula efectivamente, como decía su madre en las redes sociales, era "manso delincuente". Sus antecedentes ya no se podían contar con los dedos. Era tan bravo que en Las Heras lo conocían porque secuestraba a familiares de narcotraficantes y pedía recompensas en dinero o drogas. Claro, como las víctimas tampoco estaban tan limpias, no podían dar intervención a la Policía y terminaban agachando la cabeza ante la extorsión.

El Tarántula terminó fiel a su estilo. Baleado adentro de un Peugeot 206 negro y desahuciado cuando lo perseguían algunos de los otros delincuentes con los que había generado bronca.

Su crimen y la pesquisa posterior fue materia de seguimiento en Diario UNO. Como suele ocurrir en estos casos, una mini investigación en redes sociales dio con el perfil de su madre y el particular mensaje: "Te voy a extrañar hijo, fuiste manso delincuente". Pero no fue el único posteo. En otra publicación se regocijaba de que sus "fierros" los habían tirado al cajón durante la sepultura y la Policía jamás los iba a encontrar.

La nota de Diario UNO sobre esas llamativas frases no sólo tuvo eco a nivel nacional, sino también judicial. Una entonces fiscal de Las Heras ordenó la exhumación del cadáver en busca de las armas, al mejor estilo del mítico bandido rural Bairoletto. La medida se realizó. Los "fierros" no estaban. Pero quedó la anécdota.

26. Una Vendimia agitada

"Año 2000. Durante semanas insistí a mi jefe: quería cubrir la Vendimia, sacarme la espina. Dale, el sábado vas al Carrusel, me dijo, harto de mí. Y allá fui. Saco sport, zapatos y camisa blanca.

Pero los planes habían cambiado de un plumazo: el comienzo del hoy célebre motín vendimial me tuvo aquel sábado, de la mañana hasta la madrugada del domingo, atento a lo que sucedía en la cárcel de Boulogne Sur Mer desde una acequia, luego desde Playas Serranas y finalmente, ya de madrugada, en la redacción, con la atención puesta en la Vendimia, con De la Rúa en el anfiteatro, y cientos de gendarmes en las puertas del penal. El alivio llegaría el domingo a las 6 de la tarde cuando todos los rehenes fueron liberados" (José Luis Verderico).

Verderico salió a cubrir el Carrusel de la Vendimia y terminó escondido en una acequia, reporteando un motín carcelario. Esta es una tapa de aquellos días.

Verderico salió a cubrir el Carrusel de la Vendimia y terminó escondido en una acequia, reporteando un motín carcelario. Esta es una tapa de aquellos días.

27. Embarazada en pandemia

Disney lanzó un nuevo canal en julio de 2009. Invitó a Diario UNO a Buenos Aires en un evento con las figuras centrales, como en ese entonces era Topa. Yo estaba embarazada de cinco o seis meses.

Al aterrizar, la persona de Disney que me trasladaba al hotel cinco estrellas me preguntó como al pasar: ¿Estás embarazada? Mi panza era elocuente, le dije que sí. De inmediato me respondió: a partir de hoy el gobierno decretó cuarentena por gripe A, así que pondré una persona de guardia para lo que necesites; pero no vas a poder salir de la habitación hasta tu vuelo de regreso.

Mi cobertura consistió en encierro por 48 horas, con material de prensa que armaron en el momento para salir a tiempo en el diario, entrevista telefónica con el gerente que daría el anuncio en el evento y comida, mucha comida que dejaban detrás de la puerta de mi habitación en el lujoso hotel. Pisé Mendoza, me encerré en mi casa y recién un mes después pude volver a la redacción. Disney se comunicaba día por medio conmigo para saber cómo estaba. Terror tenían de que hubiera contraído la enfermedad" (Carolina Baroffio).

28. Embarazada, en la nieve, y haciendo dedo

Un sábado a la mañana, en pleno mes de julio de 2001, llegué a la redacción y el editor avisó que había un helicóptero en la IV Brigada que nos iba a llevar al centro de esquí de Penitentes para mostrar cómo venía la temporada. Éramos tres periodistas; los otros dos pusieron excusas, por lo que no me quedó otra opción que aceptar, pese a que estaba embarazada.

Partimos de inmediato hacia la alta montaña junto con el fotógrafo, Juan Manuel Ábalos. Ninguno tenía previsto ese día ir a un centro de esquí con un metro de nieve. Así que, después de unos minutos por el aire, pisé el paisaje nevado con chatitas, pantalón liviano, una chaqueta de cuero y un suéter finito.

Antes de bajar del helicóptero, le avisé al piloto que terminaría la cobertura en unas dos horas para emprender el regreso. El piloto me dijo que no volvía hasta el lunes y yo pensé que era un chiste. Pero no. Era real. Hicimos la cobertura y empezamos a pensar en cómo volver. No había celulares ni transporte alguno porque el tránsito por la ruta estaba cortado debido a las nevadas.

Alguien nos convidó un plato de lentejas al mediodía y, preguntando por todos lados, conseguimos una camioneta de Gendarmería que nos dejó en Uspallata. Ahí nos metimos a una cabina telefónica y llamé a la redacción. Recién en ese momento, cerca del atardecer, se enteraron de que no teníamos cómo volver.

No había muchas opciones. Nos ubicamos en la rotonda de Uspallata e hicimos dedo hasta que pasó una vieja Dodge gris de doble cabina de Vialidad Nacional que nos llevó hasta la puerta del diario en calle Pedro Molina. Llegamos cerca de las 22, completamente helados tras el largo periplo.

Aprendí mucho de ese fiasco. Si la cobertura de una nota es improvisada, si nadie más quiere ir y te mandan a la montaña sin ropa adecuada ni viáticos, el primer paso es preguntar y no dar por sentado que a tu jefe se le ocurrió averiguar cómo ibas a volver (Sara González, subdirectora de Diario UNO).

Algunos de los periodistas de Diario UNO: Natalia Sosa Abagianos, Juan Quibar, Analía Doña y Sara González.

Algunos de los periodistas de Diario UNO: Natalia Sosa Abagianos, Juan Quibar, Analía Doña y Sara González.

29. Información sensible

Muchas veces les pasa a los periodistas que hay datos o información que las fuentes piden no revelar. Y es como agarrarse los dedos con una puerta y aguantar el grito. Porque algunos de esos detalles pueden ser más jugosos que la nota en sí.

No hace mucho, nos dedicamos a anotar esas historias en un papel con el objetivo de reverlas a fin de año y evaluar si las fuentes aflojaban y hacíamos una nota entretenida.

Entre esas anécdotas está el relato de un policía sobre una mechera que había robado jamones en un supermercado, cuya descripción de la requisa no tenía desperdicio: el uniformado envió un audio a sus superiores describiendo cómo el jamón había quedado atrapado entre la ropa interior de la sospechosa. El mensaje del efectivo terminaba con un "ay, Dios mío, comisario, usted no sabe lo que es esto... es muy profundo".

Algunas de estas expresiones quedaron como broma interna de la redacción. Pero hasta el día de hoy la fuente no permite revelar ese audio desopilante.

30. La época de la codiciada página 2

Era sabido por el mundillo político que cualquier funcionario de Mendoza podía ser figura de la conocida página 2, en la ya vieja edición impresa. "Ver, oír y contar". Eran chismes cortos sobre alguna situación detectada por algún periodista.

Cuando los "cabezones" salían allí y se encontraban en ese breve espacio, era seguro que levantaban el teléfono para llamar a su periodista de confianza y averiguar quién lo había deschavado.

Muchas veces el autor se hacía cargo, pero en otras regía ortodoxamente el cuidado de las fuentes y no se revelaban nombres.

En esas comunicaciones, en algunos casos los expuestos se mostraban molestos, pero la mayoría de las veces se lo tomaban bien, con gracia y humor.

31. La última tapa de papel

Una de las características de Diario UNO es su voluntad de conservar la mística del periodismo sin perder la capacidad de adaptarse a nuevos tiempos. Por eso la última tapa en papel, en 2018, sigue en la memoria de todos los que formamos parte del equipo: fue una movida audaz en medio de una época de grandes cambios, que de alguna manera tiene similitudes con el presente.

Tanto en aquel momento como ahora sostenemos una certeza: no hay que temer a los cambios, sino a quedarse quieto.

La última edición en papel de Diario UNO.

La última edición en papel de Diario UNO.

32. Masón e hijo del demonio: ¿para qué más?

Era el 2013, dos represores de San Juan se habían fugado en Buenos Aires. La investigación señalaba a la pareja de uno de ellos y a los contactos que podía tener el hijo de uno de los acusados, sacerdote en ese entonces y en la actualidad.

No era la primera vez que escribía sobre esos temas. Tiempo antes había investigado a un grupo de jueces federales y hasta había recibido un mail amenazándome por ello, pero cuando me tocó escribir sobre estos dos represores y aquel hijo, me llegaron unos mails que por momentos me dieron risa más que preocupación, gracias a sus acusaciones:

"Estimado periodista: me dirijo a Ud con el objetivo de informarle que Ud miente en muchos aspectos. Ud trabaja para la masonería que le dicta palabra por palabra (...) Sin más que comunicarle, me resta decir que la mentira es hija del demonio y Ud y sus jefes masones anticatólicos también lo son".

En el medio de la acusación me invitaba a ejercer la violencia en mi contra si yo volvía a hablar del sacerdote hijo de represores o de la orden religiosa a la que esta persona pertenecía. Luego hubo otros correos con la misma persona, pero este en donde me acusaban de ser masón y un hijo del demonio siempre quedó en la memoria (Daniel Calivares).

Durante las 24 horas de los 365 días del año contamos noticias. Pero también somos un grupo de personas, con pasiones y manías, que ha vivido sus propias historias.

Durante las 24 horas de los 365 días del año contamos noticias. Pero también somos un grupo de personas, con pasiones y manías, que ha vivido sus propias historias.

33. Son buenas: ¡truco!

A los pocos meses de la salida de Diario UNO, un ejecutivo de otra empresa de medios fue advertido sobre el rápido crecimiento de nuestro diario. Nos contaron nuestros amigos que el hombre dijo: "Primero, que duren 2 años. Después vemos".

Pasaron los 2 años y seguimos. "Vamos a ver si llegan a 20", dijo entonces el agorero empresario. Los 20 los superamos holgadamente.

Vamos por 33. ¡Quiero retruco!

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