Durante siglos, el arroz dependió del agua dulce. Sin embargo, el aumento del nivel del mar y la salinización de los suelos comenzaron a poner en riesgo millones de hectáreas agrícolas en todo el mundo.
Cultivaron arroz que crece con agua salada y abrió nuevas posibilidades para zonas costeras
El desarrollo de variedades de arroz que toleran la salinidad abre un horizonte productivo en zonas costeras afectadas por el cambio climático y el aumento del nivel del mar.

Frente a ese escenario, un grupo de científicos desarrolló variedades de este cultivo capaces de crecer en terrenos con altos niveles de sal, una innovación que podría ampliar las posibilidades de cultivo en numerosas zonas costeras.
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El avance fue posible gracias a décadas de investigación lideradas por el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI), con sede en Filipinas, en colaboración con centros científicos de India, Bangladesh y otros países asiáticos. Los investigadores lograron desarrollar variedades como BRRI dhan47, BINA dhan10 y CSR36, capaces de tolerar concentraciones de sal que normalmente impedirían el crecimiento del cultivo convencional.
La necesidad es cada vez mayor. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más de 830 millones de hectáreas de tierras en el mundo están afectadas por distintos niveles de salinidad. En regiones costeras de Bangladesh, India, Vietnam o Myanmar, el agua del mar invade los campos durante marejadas, ciclones o inundaciones, reduciendo drásticamente la producción agrícola y obligando a muchos productores a abandonar sus tierras.
El arroz que resiste el agua salada y podría cambiar la agricultura en las zonas costeras
Las nuevas variedades no crecen directamente en agua de mar, sino que soportan niveles mucho más elevados de sal en el suelo y en el agua de riego que el arroz tradicional. Gracias a esa característica, pueden desarrollarse en zonas donde antes las cosechas fracasaban por la acumulación de sal, permitiendo recuperar superficies agrícolas que habían quedado inutilizadas.
Los resultados ya comenzaron a reflejarse en el campo. En Bangladesh, donde cerca del 30% de las tierras cultivables se encuentra en áreas costeras vulnerables a la salinidad, miles de agricultores incorporaron estas variedades resistentes. Ensayos realizados por institutos nacionales mostraron incrementos significativos en la producción respecto de los cultivos tradicionales bajo las mismas condiciones de estrés salino, además de ofrecer una mayor estabilidad frente a eventos climáticos extremos.