Analía Franchín se declaró una enferma de celos. "Yo fui una enferma de celos -dijo en efecto- no agresiva. Con un nivel que es agotador, sufrís un montón. Yo calculaba el (tiempo de viaje del) ascensor entre planta baja y el tercer piso. Pobre, mi marido es un santo", confesó la esposa del empresario Sebastián Eskenazi.
En plena catarsis, Franchín reveló: "Y de verdad tuvo que haber un punto límite para que tomara conciencia de que tenía que ponerme en manos de un profesional y resolver mi problemas de celos. Porque de verdad sufría y sufría. Lo que le pasó a Barbie Vélez con Laurita, a mí me pasó con una pobre señora, que ni voy a mencionar porque no es conocida, a la que le puse guardias, me puse pelucas, la seguí, todo. Le averigüé el teléfono y el DNI en Migraciones".
Ante la incertidumbre general de sus compañeros, Analía Franchín explicó cuál fue el detonante de su proceso de sanación: "Ibamos a hacer un viaje familiar todos, como treintaipico. La noche anterior calculé, el teléfono estaba apagado un segundo, y al segundo estaba prendido, me dijo que estaba en el ascensor. Busqué en qué piso estaba el restaurante, cuánto podía tardar, me metí en (el sitio de internet de) la marca del ascensor, y cuando llegó a mi casa, yo tenía un nivel de llanto, histeria y angustia de verdad. Por supuesto que iba controlando todo lo que la otra chica hacía, que estaba con su marido en su casa la pobre. Entonces, cuando llegó a ese límite del llanto y la desesperación, que reconozco que lo quise agarrar, me dijo 'the end, querida' (el final, querida). Me dejó acá y se fueron todos en el viaje familiar. Me dijo 'yo con una chica tan mal no voy'".
"Le prometí que iba a hacer terapia. Me curé, modifiqué actitudes. Era insoportable. Me decía 'yo te amo, pero no te soporto'", cerró Franchín con autocrítica.




