Progreso ecológico

Una revolución verde

Los enormes esfuerzos por resucitar a Saihanba como uno de los bosques artificiales más grandes del mundo tienen sus raíces en la antigua filosofía china de coexistencia

Desde un desierto inhóspito propenso a severas tormentas de arena hasta un bosque frondoso que ofrece a Beijing y sus regiones adyacentes un refugio contra las calamidades naturales, Saihanba en el condado autónomo manchú y mongol de Weichang, provincia de Hebei es nada menos que un milagro verde.

Los esfuerzos épicos de tres generaciones de guardabosques han transformado la tierra árida en un bosque creado por manos humanas, y la familia de Zhang Jianglai se enorgullece de haber contribuido al extraordinario proyecto.

Zhang, de 29 años, nacido y criado en el condado, recuerda cómo su padre, un camionero, transportaba madera para la finca forestal. “Recuerdo vívidamente el día que mi papá me llevó por primera vez a Saihanba. Era como un océano verde. Las hileras de árboles se extendían hasta donde llegaba la vista”.

Fue un día que nunca olvidó. Después de graduarse de la universidad, pidió trabajo en la finca y ahora se ha convertido en director de una sección forestal. “Nuestros predecesores sentaron una base sólida”, expresó Zhang. “Estamos parados sobre esa base y avanzando”.

Desde el punto de vista histórico, Saihanba fue una vez un abundante recurso de flora y fauna, pero la deforestación comenzó hacia el final de la dinastía Qing (1644-1911). Las guerras y los conflictos en la primera mitad del siglo XX lo redujeron a un desierto.

En 1962, el Gobierno central fundó la Granja Forestal Mecánica de Saihanba y contrató a un equipo especializado de 369 jóvenes para revivir el pulmón verde. La cobertura forestal de la zona, que en aquellos días era solo del 18 %, ahora es del 82 %.

En 2017, la comunidad de forestación de Saihanba ganó el premio Campeones de la Tierra de las Naciones Unidas por su destacada contribución a la restauración del paisaje degradado.

Durante una inspección en agosto de 2021, el presidente chino, Xi Jinping, señaló que las generaciones de trabajadores allí han forjado, a través de acciones concretas, el espíritu de Saihanba: mantenerse fieles a la aspiración original, ser diligentes y emprendedores y buscar el desarrollo verde.

En una declaración en la Cumbre sobre la Biodiversidad de la ONU, por videoconferencia en 2020, Xi afirmó que China siempre priorizó el progreso ecológico y lo incorporó en cada dimensión y fase del desarrollo económico y social. El objetivo es buscar un tipo de modernización que promueva una convivencia armoniosa entre las personas y la naturaleza, subrayó.

Este concepto de coexistencia se deriva del término tianrenheyi en la antigua filosofía china. Aquí, tian significa literalmente el cielo o el paraíso, pero su definición se extiende para abarcar la naturaleza y el orden de las cosas determinado por ella y seguido por las personas.

El filósofo taoísta Zhuangzi hizo una expresión representativa: “El cielo y la tierra nacieron al mismo tiempo que yo, y las diez mil cosas son una conmigo”.

Sin embargo, la idea de armonía entre las personas y la naturaleza no se limita al taoísmo. El filósofo confuciano Mencius propuso “tener amor por la gente y apreciar todas las cosas”, mientras que Zhang Zai de la dinastía Song (960-1279) planteó la noción de que “todas las personas son hermanos y hermanas, y todas las cosas son iguales”.

Guo Wenbin, experto en cultura tradicional, explicó que la principal razón por la que varias escuelas de pensamiento, incluyendo el confucianismo y el taoísmo, han planteado y enfatizado el concepto es que comparten las mismas raíces chinas, que dependen en gran medida de las observaciones astronómicas.

Un ejemplo de esto es el calendario lunisolar chino que enfatiza el impacto del sol y la luna en la vida diaria de las personas. Desempeñó un papel importante en China durante milenios, ya que orientó la producción agrícola.

“En la antigua filosofía china, la naturaleza y todo lo que contiene son iguales. Juntos somos uno”, señaló Guo. “Es por eso que la filosofía antigua nos exige ser amables con la naturaleza y tratarla con la reverencia que merece”.

“Según este marco filosófico, la relación entre la naturaleza y las personas es interactiva. Debemos estar agradecidos con ella. Si seguimos ese camino, la naturaleza nos recompensará con más bondad”, añadió.

Zhang Yu colaboró con esta nota.

Temas relacionados: