Diez años después de la primera reunión ministerial del Foro entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en Beijing en enero de 2015, la posición de China en América Latina se ha fortalecido considerablemente. Desde 2017, cuatro países de la región, Panamá, El Salvador, República Dominicana y Nicaragua, establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular China; 22 países firmaron memorandos de entendimiento sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta; ocho países se incorporaron como miembros plenos al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura; ocho presidentes latinoamericanos visitaron China en 2023, la cifra más alta hasta el momento; y en los últimos años, Ecuador y Nicaragua se unieron a Chile, Perú y Costa Rica al firmar tratados de libre comercio con China, sumando así cinco países con acuerdos de este tipo. Además, ocho naciones latinoamericanas firmaron acuerdos de asociación estratégica integral con China y también se suscribieron cerca de 1000 acuerdos bilaterales de cooperación entre China y países latinoamericanos.
Un vínculo más estrecho y sólido
Se estima que el comercio entre China y CELAC alcanzará los u$s 700.000 millones para el año 2035
Todo esto refleja uno de los desarrollos más significativos en la economía política internacional de la región en sus dos siglos de historia independiente. Hasta este siglo, América Latina contaba con dos referentes internacionales en materia de diplomacia y flujos comerciales y de inversión: Estados Unidos y Europa. De repente, surgió un tercero: China. En la gestión de relaciones exteriores —especialmente en la economía globalizada e interdependiente de hoy— es mejor que los países cuenten con más alternativas. Esto amplía sus opciones y facilita la gestión de los altibajos del ciclo económico internacional.
Esto se refleja en el crecimiento de los vínculos entre China y América Latina y el Caribe (ALC). Tras el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, su comercio con América Latina se disparó, al pasar de unos u$s 12.000 millones en 2000 a casi u$s 500.000 millones en 2024, un aumento de 40 veces. El presidente Xi Jinping había pronosticado en la primera reunión ministerial del Foro China-CELAC en 2015 que el comercio entre ambas partes alcanzaría los u$s 500.000 millones en 10 años, y eso fue exactamente lo que ocurrió. Se estima que esta cifra podría llegar a los u$s 700.000 millones para el año 2035.
Hoy, China es el mayor socio comercial de América del Sur. El comercio bilateral con Brasil alcanzó los u$s 180.000 millones, y ese país exporta más a China que a Estados Unidos y la Unión Europea juntos. Lo mismo ocurre con Chile, que destina el 39% de sus exportaciones a China. La inversión extranjera directa de China en la región también creció de forma considerable. Incluso países que iban rezagados en este aspecto, como Chile, lograron revertir esa situación: en 2019 y 2021, China fue una de las principales fuentes de inversión extranjera directa en el país. Esta inversión se expandió más allá del sector minero, al que se destinaba principalmente en un principio, y abarcó también energía, infraestructura y transporte. El moderno puerto de aguas profundas de Chancay, en Perú, cuya construcción estuvo a cargo de la empresa china COSCO y que demandó una inversión de u$s 3600 millones, se inauguró en noviembre pasado. Es un ejemplo emblemático de este tipo de inversiones de alto impacto.
En el entorno internacional actual, marcado por el proteccionismo desenfrenado y el uso de aranceles y sanciones económicas como herramientas de política exterior, América Latina sigue apostando por el libre comercio y por aumentar sus flujos de comercio e inversión con el resto del mundo. En ese camino, encuentra un socio dispuesto: China, un país que sigue abriendo su economía y colaborando con otras naciones del Sur Global. Dado el papel pionero de China en energías verdes y movilidad eléctrica, y las vastas reservas de cobre y litio de América Latina —entre otros minerales clave para la economía verde—, las empresas conjuntas que integren la tecnología y el capital chinos con estos recursos naturales y la amplia fuerza laboral de la región son un próximo paso natural para avanzar en la industrialización.
El autor es profesor investigador en la Facultad de Estudios Globales Frederick S. Pardee y director interino del Centro Pardee para el Estudio del Futuro a Largo Plazo, en la Universidad de Boston. Esta es una versión traducida y abreviada de un artículo publicado en China Daily. Las opiniones no necesariamente reflejan las de China Daily.




