Una tarde de marzo, un equipo de fútbol femenino con camisetas y medias rojas se enfrentó a un equipo masculino en Zhanjiang, provincia de Guangdong.

Atrajeron fácilmente la atención de los espectadores, porque el equipo es el único en la liga de fútbol amateur de la ciudad que está compuesto casi en su totalidad por mujeres, con la excepción del arquero masculino. Sin la presencia de otros equipos femeninos, siempre juegan contra hombres y generalmente ganan.

El año pasado, el equipo representó a Guangdong en el evento de veteranos de futsal femenino en los XIV Juegos Nacionales, que se celebran cada cuatro años, y ganó el título.

Se las conoce como el equipo de fútbol de mamás porque todas las integrantes son madres y tienen una edad promedio de 41 años. Jugaron fútbol juntas en su juventud, pero ahora la mayoría se dedica a actividades no vinculadas entre sí, como seguridad, ventas, trabajo de oficina, educación física y labor de ama de casa.

Después de casarse y tener hijos, estaban demasiado ocupadas para hacer deporte, por lo que el fútbol desapareció gradualmente de sus vidas. Sin embargo, hace unos años, se reencontraron.

“Nos trae alegría y sentimos el respeto de los demás”, comentó Tang Jingyi, la jugadora de mayor edad que también dirige los asuntos del equipo. Una figura delgada con el cabello muy corto, madre de dos hijos de 47 años, corría por el campo, luciendo como una adolescente desde la distancia.

Las mujeres aprendieron a jugar al fútbol en la década de 1980, cuando el deporte comenzó a incluirlas.

Todos los años, un entrenador de una escuela de deportes en Zhanjiang seleccionaba estudiantes de primaria en el distrito de Chikan para un equipo de fútbol femenino amateur. Se entrenaban y luego representaban al distrito o a la ciudad en diversas competencias.

A fines de los 80, Tang fue elegida para el equipo porque podía correr rápido. La talentosa jugadora se convirtió en capitana, llevando a su equipo a un campeonato provincial.

Sin embargo, cuando tenía 18 años, Tang se quitó los botines de fútbol y se puso tacones altos, ya que había decidido abandonar el juego cuando los técnicos quisieron entrenarla para transformarse en jugadora profesional. “De repente odié el fútbol, porque con el arduo entrenamiento físico sentí que ya no era divertido”, expresó.

Como de pequeña siempre le había gustado disfrazarse, Tang se convirtió en esteticista y abrió un salón de belleza. “Nunca les dije a mis clientas que había jugado fútbol en el pasado y tampoco lo habrían creído. Tenía el pelo hasta la cintura y vestía ropa de dama, que no era para nada deportiva”, comentó.

Xie Wenzhen también rechazó la oportunidad de seguir una carrera en el deporte. En cambio, estudió computación en una escuela vocacional después de jugar fútbol durante muchos años porque pensó que esta ciencia le ayudaría a encontrar trabajo.

Más tarde, se desempeñó como vendedora y cajera en una empresa de indumentaria.

La idea de volver a la cancha surgió en 2015 cuando le diagnosticaron urticaria. Había estado en tratamiento durante un tiempo, pero las pastillas la hacían sentir débil y no tenían ningún efecto beneficioso visible.

Pensó que jugar al fútbol podría estimular su sistema inmunológico, por lo que se puso en contacto con sus compañeras de equipo de su adolescencia y se sorprendió al descubrir que más de 10 estaban dispuestas a reunirse. Hacía años que no se veían, pero el fútbol las volvió a unir.

El primer día que se reencontraron, las mujeres, que apenas habían jugado al fútbol después de ser madres, charlaron mucho, preguntándose cuántos hijos tenían.

“Algunas no habían cambiado tanto, mientras que otras habían engordado y querían transpirar (para perder los kilos de más)”, señaló Xie. Durante su primer juego de práctica, las jugadoras estaban exhaustas y tenían que descansar cada cinco minutos.

“Sentí que no podía respirar. Mis labios estaban secos y pálidos, pero hacía mucho tiempo que no corría con tanta alegría. Nos reímos y bromeamos sobre perder la pelota a nuestros pies”, comentó Xie.

Desde entonces, las integrantes del equipo han jugado fútbol dos veces por semana. Gradualmente, su popularidad ha aumentado y su resistencia física fue mejorando.

Ahora, muchas de ellas tratan de encontrar el tiempo para jugar cuando los asuntos familiares lo permiten. Practican el deporte por diversión y se cuidan para evitar lesiones.

“En la cancha, me olvido por completo de todos los problemas de la vida”, señaló Xie.

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