Tradiciones y costumbres

Las culturas étnicas recogen sus frutos

Las tradiciones ayudan a revitalizar las economías locales

La artesana Roza Erbolat hábilmente ensartó una aguja a través de un tapiz multicolor, agregando otra capa bella a su último trabajo.

Sentada en su estudio lleno de otros objetos meticulosamente hechos a mano, como bolsitas de lana de oveja y muñecas, la mujer del grupo étnico kazajo de 38 años sostuvo que sus creaciones, populares entre turistas y visitantes, son expresiones de su hogar y herencia. “También enseño a otras personas cómo hacer estos artículos. Ayuda a compartir nuestras tradiciones y costumbres”.

Los esfuerzos de la residente de Aktiketche, una aldea en el condado de Yumin en la Región Autónoma Uygur de Xinjiang, reflejan los últimos logros en la preservación y promoción de la cultura étnica en medio de medidas para revitalizar la economía local a través de industrias fundamentales como el turismo.

Hay más de 200 hogares kazajos en el pueblo, donde el pastoreo, repartido en 16.000 hectáreas, forma tradicionalmente una parte importante de su estilo de vida.

Las partes interesadas en el turismo local del pueblo reportan un negocio lucrativo, gracias a la proximidad de la aldea a la carretera nacional 219 de China, una arteria principal para el área de Tacheng y sus lugares pintorescos, que están rodeados de montañas cubiertas de nieve y praderas vírgenes. Tacheng recibió un récord de 6,9 millones de visitas turísticas en la primera mitad de este año, informaron las autoridades locales.

Ma Guilian, que dirige un equipo de cinco personas en su restaurante, señaló: “Llegué aquí y abrí este restaurante en mayo en medio del creciente número de turistas en esta localidad. Recibimos buenos pedidos, hasta 10.000 yuanes (U$S1.480) por día de nuestras especialidades, como los platos de cordero y pollo”.

Ma, de 52 años, integrante del grupo étnico hui, también trabaja con sus vecinos de una variedad de etnias en el negocio de catering, y sus asociaciones destacan la armonía social entre la comunidad étnicamente diversa, que también incluye a miembros de grupos étnicos han, uygur y mongol.

En la aldea cercana de Qianjin, Wu Ming, de 36 años, un agricultor de trigo, solía ganar unos 68.000 yuanes al año con su parcela de 4 hectáreas.

A principios de este año, aprovechando los incentivos y el apoyo del gobierno local, instaló un alojamiento turístico con cuatro habitaciones, con un patio con parrilla y un jardín para el cultivo de productos orgánicos. Desde entonces, los ingresos de su hogar de tres miembros han aumentado en al menos 6.000 yuanes al mes durante la temporada alta de turismo, afirmó. “Recibimos capacitación en higiene, servicios y otras industrias, lo que también ayuda a mejorar la aldea en general. Juntos, nuestras vidas son cada vez mejores”.

Las autoridades regionales han preparado infraestructura e inversiones relacionadas en el sector, incluidos un nuevo aeropuerto, que abrió sus puertas en junio, y nuevas carreteras y líneas ferroviarias.

También hay más de 380 hoteles valorados en estrellas y más de 5.600 casas de familia en toda la región, según cifras de la industria.

En Tacheng, Zaitunna Karmuwa, miembro del grupo étnico tártaro, atrae multitudes de turistas a su panadería a través de transmisiones en vivo, publicaciones de viajes en línea y el boca a boca, lo que le ayuda a ganar aproximadamente 1,2 millones de yuanes al año vendiendo comida tradicional y otras especialidades. También invita a los viajeros a su casa para participar en celebraciones relacionadas con los tártaros y otras actividades.

Zaitunna, de 57 años, ha ganado varios reconocimientos, incluida su designación como heredera del patrimonio cultural intangible a nivel nacional, por su trabajo para ayudar a preservar y promover las tradiciones y costumbres de su grupo étnico.

Los tártaros, con una población de menos de 5.000 habitantes en toda China, la mayoría de los cuales vive en Xinjiang, constituyen uno de los más pequeños de los 56 grupos étnicos del país.

“Estamos muy contentos de poder seguir practicando nuestra cultura”, señaló Zaitunna, cuya historia familiar en la zona se remonta a más de un siglo. “Puedo mantener vivo nuestro legado cultural y ayudarlo a prosperar enseñando a los visitantes de casa y más lejos cómo hornear nuestro pan, dulces y otras delicias. Aprenden más sobre nosotros aquí: cómo vivimos juntos en armonía y compartimos los frutos del progreso”.

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