Más de 12.500 turistas llegaron a la isla de Juzizhou, provincia de Hunan, en uno de los últimos fines de semana: cinco veces más que hace un mes. Las ferias rurales regresaron a la provincia de Gansu después de haber estado suspendidas durante la mayor parte del año pasado, brindando una gran ayuda a los vecinos que compran regalos y refrigerios para la próxima Fiesta de Primavera. Jóvenes con barbijo hicieron fila en Shanghai para ver películas, sin preocuparse por la fecha de vencimiento de sus pruebas de ácido nucleico.
La nación adopta un nuevo enfoque
De hecho, el ajetreo y el bullicio perdidos hace mucho tiempo regresaron a algunas partes del país antes de las celebraciones del Año Nuevo chino.
Desde mediados de noviembre, las autoridades centrales han ajustado constantemente la estrategia antiepidémica de la nación. Dejaron de rastrear los casos de Covid-19 y sus contactos estrechos, y permitieron que las personas eligieran si deseaban aislarse en casa o en instalaciones financiadas por el gobierno. Los requisitos de prueba se redujeron para escenarios cotidianos, como tomar el subte, cenar en restaurantes y viajar fuera de la ciudad. Se permitió que los gimnasios, los bares de karaoke y otros lugares de entretenimiento reanudaran sus actividades.
Sin embargo, para Liu Han, un joven de 21 años que aún no se había infectado con Covid-19, todavía había mucho en juego si enfermaba. El estudiante de último año de la Universidad de Estudios Internacionales de Beijing nunca había estado más cerca de realizar su sueño de convertirse en intérprete simultáneo.
Liu y sus maestros creían que tenía buenas posibilidades de aprobar el Examen Nacional de Ingreso para Graduados y ser admitido en una de las mejores universidades de Beijing para estudiar interpretación en chino-inglés-español.
La parte escrita del examen se realizó el 25 y 26 de diciembre, y solo aquellos que sobresalían podían obtener un lugar para la segunda ronda del examen en las escuelas de sus sueños en marzo o abril.
Los estudiantes infectados en el campus en su mayoría mostraron síntomas leves, como fiebre alta, tos, fatiga y pérdida del olfato y el gusto, y no se les impidió rendir el examen ya que se les asignó un aula “solo para infectados”.
Pero aún así, Liu dijo que sentía que era imperativo tomar precauciones adicionales contra el virus hasta después del examen.
Durante los últimos tres años, Bian Siqian se acostumbró a que le asignen “tareas de prevención de la epidemia” además de sus deberes como pediatra en el Cuarto Hospital de Xi’an en la provincia de Shaanxi, como la recolección de muestras en las cabinas de prueba de Covid-19.
En noviembre, el empleador de Bian la envió a ella y a 53 colegas, todos médicos y enfermeros, a trabajar en un centro de aislamiento temporal en un suburbio del este en medio de un aumento de los casos locales.
Más de 7.000 personas han estado en cuarentena allí desde que abrió. “Al principio, había demasiados pacientes y muy pocos miembros del personal, por lo que el almuerzo rara vez llegaba a tiempo”, señaló Bian.
Luego, después de que el aislamiento centralizado se hizo voluntario a principios del mes pasado, el número de residentes comenzó a disminuir y finalmente se estabilizó en 1.000.
“Los que se quedan son reacios a irse porque la comida, los medicamentos y las pruebas están disponibles aquí”, sostuvo la médica.
Bian aún no se ha infectado, pero dijo que la mitad de los trabajadores médicos que conoce sí lo están, y aquellos con síntomas leves se quedaron en el trabajo para ayudar a lidiar con una oleada de pacientes en los hospitales.
Muchas de las tareas de control de la pandemia que se le encomendaron pronto serán historia. “En el último año, pasé poco tiempo ejerciendo como pediatra debido a las tareas de control de la epidemia. Planeo rendir exámenes en mi campo de estudio si llego a tener tiempo más adelante”, señaló.
Durante la mayor parte del año pasado, Zhang Hang había dado sus conferencias a través de un micrófono y una cámara. Sin una reacción inmediata, como sucede en las clases presenciales, no sabía si sus alumnos seguían su ritmo.
“Aunque no tengo que trasladarme a la escuela, soy más propenso a sentirme abrumado por una sensación de agotamiento total después de cada clase”, señaló Zhang, profesor universitario e intérprete independiente en Beijing. El joven de 29 años señaló que los brotes provocados por Omicron habían interrumpido su carrera docente.
Los alumnos no pudieron disfrutar de la vida en el campus durante todo el semestre de primavera del año pasado, y un aumento en los casos este invierno derrumbó sus planes de enseñanza.
“Cambiar a la enseñanza en línea es un proceso de adaptación lleno de baches para todos, pero aún más para los maestros mayores”, sostuvo Zhang. “Anhelo volver al salón de clases en forma presencial”.




