Economía China

Expertos descartan la narrativa de 'sobrecapacidad productiva'

Dicen que la falsa noción pretende sofocar el desarrollo manufacturero del país

China ocupa una posición importante en la cadena de suministro global debido a las decisiones de consumidores y empresas de todo el mundo, y no como resultado de las políticas del Gobierno chino, señalaron expertos y directivos.

La llamada narrativa de la “sobrecapacidad productiva de China” ha sido empleada por ciertos países occidentales, principalmente Estados Unidos, como una herramienta política para empañar y reprimir la economía china, dijeron los observadores. Detrás de la calumnia se esconde una agenda antiglobalización y de proteccionismo que en última instancia obstaculiza el comercio global normal y socava los intereses comunes de las naciones, afirmaron.

Durante su viaje a China a principios de abril, su segunda visita al país en nueve meses, la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, hizo el comentario de que China está saturando los mercados globales con productos baratos, particularmente en nuevas industrias verdes.

La narrativa se ha traducido en acciones concretas, como las investigaciones lanzadas por Estados Unidos y la Unión Europea sobre los vehículos eléctricos de China, basadas en acusaciones infundadas de subsidios estatales y con el objetivo de asfixiar el papel del suministro de productos ecológicos de China.

La noción de sobrecapacidad productiva no debe simplificarse ni atribuirse únicamente a un país, sostuvo el primer ministro chino, Li Qiang, al hablar con el canciller alemán, Olaf Scholz, en Beijing el mes pasado.

Desde una perspectiva de mercado, la cantidad de capacidad productiva está determinada por la relación entre oferta y demanda, y tener una producción moderadamente mayor que la demanda conduce a una competencia total en el mercado y promueve la supervivencia del más fuerte, indicó Li.

Desde una perspectiva global, cada país se concentra en desarrollar industrias en las que tiene una ventaja comparativa, mientras depende de otros países para sectores en los que carece de capacidad. Al reconocer y aprovechar sus respectivas fortalezas, los países pueden colaborar para un desarrollo compartido, añadió.

“En el futuro, China acelerará el desarrollo de nuevas fuerzas productivas de calidad y promoverá una transformación verde sostenible”, afirmó Lan Fo’an, ministro de Hacienda de China, en una reunión celebrada por el Comité para el Desarrollo del Grupo Banco Mundial en Washington el 19 de abril. “El país está dispuesto a compartir sus oportunidades de desarrollo y dividendos con el mundo”.

Albert Park, economista en jefe del Banco Asiático de Desarrollo, expresó que las preocupaciones sobre las exportaciones chinas en términos de sobrecapacidad productiva carecen de evidencia sólida. Señaló que la Organización Mundial del Comercio aborda las prácticas no competitivas con derechos antidumping y compensatorios, pero no hay pruebas contundentes de que esto se aplique a China.

Robin Xing, economista en jefe para China de Morgan Stanley, señaló: “Es injusto mencionar específicamente las políticas industriales de China y dar a entender que la ventaja competitiva de China está subsidiada por el gobierno”, ya que muchos países están asignando subsidios gubernamentales e introduciendo políticas industriales para impulsar las industrias estratégicas y la productividad.

Por ejemplo, la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos, la mayor inversión estadounidense jamás realizada en energía limpia y acción climática, fue promulgada por el presidente Joe Biden. Además, la Casa Blanca ha otorgado miles de millones de dólares en subsidios para la fabricación de semiconductores avanzados.

En el período previo a las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos, los políticos están recurriendo cada vez más a las cuestiones de sobrecapacidad productiva y desequilibrio comercial con otros países como herramientas de influencia política. Según observadores, las consideraciones políticas están prevaleciendo sobre las preocupaciones económicas genuinas.

Yao Yang, director del Centro de Investigación Económica de China en la Universidad de Pekín, señaló: “El gobierno de Biden afirma estar comprometido con una política comercial centrada en los trabajadores, pero sus recientes medidas, desde abordar el tema de la capacidad productiva hasta iniciar una investigación comercial contra China, parecen ser más gestos destinados a complacer y ganarse el favor de ciertos grupos de votantes, en lugar de priorizar consideraciones económicas”.

“Es probable que el gobierno estadounidense adopte una postura aún más dura hacia China a medida que se acerquen las elecciones presidenciales”, continuó Yao. “Sin embargo, China exporta pocos vehículos eléctricos o productos de acero y aluminio directa o indirectamente a Estados Unidos. Aumentar los aranceles sobre estos productos no solo no beneficiará económicamente a Estados Unidos, sino que también perturbará la seguridad y la estabilidad de las cadenas industriales y de suministro globales”.

“Si Estados Unidos está verdaderamente preocupado por el tema que está promoviendo en los medios, debería abrir más sus puertas a los inversores chinos en lugar de imponerles diversas restricciones. De esta manera, las empresas chinas con tecnologías avanzadas en vehículos eléctricos y energías verdes podrían invertir en el país y establecer fábricas para contribuir al empleo local y a los ingresos fiscales”, agregó.

Huo Jianguo, vicepresidente de la Sociedad China de Estudios de la Organización Mundial del Comercio, sostuvo: “Siempre y cuando las empresas chinas operen conforme a las normas internacionales y mantengan su competitividad mediante la oferta de productos de alta calidad y bajo costo, así como mejoras en el servicio al cliente, las medidas restrictivas solo generarán obstáculos temporales, sin impedirnos formar nuevas ventajas competitivas en áreas emergentes”.

Ouyang Shijia colaboró con esta nota.