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El camino "milagroso" de la vacuna

La publicación oportuna de información sobre el nuevo coronavirus facilitó en gran medida la investigación y el desarrollo de las vacunas contra el COVID-19 en todo el mundo

Cuando Wu Guizhen y sus colegas del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, siglas en inglés) de Beijing recibieron su primera muestra de un virus desconocido el 2 de enero del año pasado, se apresuraron a identificarlo.

La muestra se tomó de un paciente con neumonía en Wuhan, provincia de Hubei. “Si no se puede obtener una imagen clara de un virus cuando se lucha contra una enfermedad infecciosa es similar a cuando no se puede ver al enemigo durante una batalla”, explicó Wu, experta jefe en bioseguridad del CDC de China.

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En los primeros días del brote del COVID-19, cuando la enfermedad se conocía como “neumonía por causas desconocidas”, Wu y otros virólogos del Instituto Nacional para el Control y la Prevención de Enfermedades Virales del CDC de China trabajaron día y noche sin descansar.

En menos de una semana, el 7 de enero, aislaron con éxito un nuevo coronavirus de la muestra. Al día siguiente, un equipo de expertos de la Comisión Nacional de Salud dio la confirmación inicial de que el nuevo coronavirus era la causa de la epidemia en Wuhan. El 9 de enero, China pasó la información a la Organización Mundial de la Salud (OMS). “La identificación preliminar de un virus nuevo en un corto período de tiempo es un logro notable”, sostuvo la OMS en un comunicado el mismo día. “La determinación preliminar de un virus nuevo ayudará a las autoridades de otros países a realizar la detección y respuesta de enfermedades”.

Desde el CDC de China comenzaron a hacer públicos los datos sobre el virus y la secuencia de su genoma se puso a disposición para el acceso global a través de la Iniciativa Global para Compartir Todos los Datos de la Influenza (GISAID, por sus siglas en inglés) el 10 de enero, indicó Wu. Durante los días siguientes, otros dos institutos chinos, la Academia de Ciencias de China y la Academia de Ciencias Médicas de China, también pusieron a disposición de la plataforma datos sobre la secuencia del genoma del virus para su intercambio global, agregó.

La publicación oportuna de información sobre el nuevo coronavirus facilitó en gran medida la investigación y el desarrollo de las vacunas contra el COVID-19 en todo el mundo, lo que ha hecho posible “el milagro” de la aprobación comercial de las vacunas dentro de un año de la identificación de una enfermedad, sostuvo Wu. “Tras la publicación de la secuencia del genoma, todos los países pudieron producir kits de prueba para el virus o investigar y desarrollar vacunas”.

Por ejemplo, BNT162b2, que fue una de las primeras vacunas contra el COVID-19, se desarrolló poco después de que se hiciera pública la información. La vacuna de ARN fue desarrollada por la compañía farmacéutica Pfizer y la compañía alemana BioNTech, y se aprobó para uso de emergencia en Reino Unido en diciembre. “El desarrollo de BNT162b2 se inició el 10 de enero de 2020, cuando el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades publicó la secuencia genética del SARS-CoV-2 y la difundió globalmente por la iniciativa GISAID”, según un artículo publicado en el Diario de Medicina de Nueva Inglaterra en diciembre.

Wu Zunyou, epidemiólogo en jefe del CDC de China, señaló que la rápida identificación del patógeno por parte de China y el desarrollo de kits de prueba tuvieron un papel importante en la rápida contención de la epidemia en el país. El intercambio global de la secuencia del genoma también contribuyó en gran medida a la lucha mundial contra la pandemia. “No pedimos patentes para la investigación y, en cambio, la hicimos gratis para el bien de todos”, señaló Wu.