China

China y ALC forjan un futuro compartido

Cooperación Sur-Sur como motor para la diversificación y el desarrollo sostenible ante la fragmentación geopolítica

Por UNO

Con el inicio de 2026, la economía global está cada vez más marcada por ajustes estructurales más que por una recuperación cíclica.

El crecimiento sigue siendo desigual entre regiones, provocado y profundizado por condiciones monetarias divergentes, restricciones fiscales y brechas de productividad, mientras que la fragmentación geopolítica y las “políticas industriales nacionalistas” continúan reconfigurando los flujos de comercio, inversión y tecnología.

La persistente reconfiguración de las cadenas de suministro, impulsada por preocupaciones de resiliencia y competencia estratégica, ha reemplazado las expectativas de una rápida normalización posterior a la pandemia.

El Sur Global enfrenta perspectivas de desarrollo cada vez más limitadas. La escalada de las guerras comerciales, la militarización de las finanzas internacionales y el uso creciente de sanciones, controles financieros y acceso a los mercados de capital como herramientas de competencia estratégica incrementaron la volatilidad y la incertidumbre para las economías emergentes y en desarrollo.

Al mismo tiempo, el debilitamiento de las instituciones multilaterales y de los marcos de cooperación ha erosionado la capacidad de resolución colectiva de problemas, reduciendo el margen de acción de las políticas y limitando el acceso a financiamiento estable y de largo plazo.

En este contexto, las relaciones entre China y América Latina ofrecen una perspectiva reveladora sobre cómo las economías del Sur Global navegan un escenario de crecimiento más lento, rivalidad estratégica y cambios en los patrones de la globalización.

América Latina enfrenta perspectivas de crecimiento modestas, limitadas por persistentes brechas de productividad, déficits de infraestructura y presiones fiscales. No obstante, se espera que la cooperación se mantenga sólida, cada vez más selectiva y concentrada en áreas donde la lógica comercial, las prioridades de infraestructura y la diversificación de exportaciones superan claramente las preocupaciones geopolíticas.

El comercio y la inversión continúan en sectores clave, con una diversificación gradual hacia nuevas industrias. Los productos básicos, incluidos los agrícolas, los minerales y la energía, siguen siendo centrales, pero comienzan a surgir diversificaciones en alimentos procesados, agrotecnología, manufacturas seleccionadas y servicios. El principal desafío para la región es aprovechar la demanda china para avanzar en las cadenas de valor, en lugar de retroceder hacia una reprimarización.

La inversión extranjera directa china ha pasado de los megaproyectos a iniciativas más focalizadas y guiadas por criterios comerciales en infraestructura, energías renovables, logística, manufactura y servicios digitales.

América Latina es vista cada vez más como una plataforma para la producción regional, con un papel creciente de las finanzas verdes y de las asociaciones con empresas locales y bancos de desarrollo.

Los sectores estratégicos ilustran vínculos económicos concretos. América Latina se ha convertido en un proveedor clave de materias primas y recursos que respaldan la producción industrial y manufacturera de China. Alrededor del 77% de las exportaciones de cobre de Chile se destinaron a China, mientras que el litio argentino y boliviano, fundamental para la producción de baterías, representa una porción creciente del suministro global proveniente del “triángulo del litio”, que concentra aproximadamente 40% de las reservas mundiales de este mineral.

La participación de China ofrece a América Latina oportunidades para asegurar inversiones de largo plazo, cooperación tecnológica y acceso a mercados. La estabilidad política, la coherencia regulatoria y políticas internas estables mejorarán la eficacia de esta cooperación, permitiendo inversiones mutuamente beneficiosas, la expansión del comercio y un crecimiento sostenible.

De cara al futuro, la relación entre China y América Latina en 2026 ofrece una plataforma para la transformación. Un compromiso pragmático y estratégicamente enfocado puede ayudar a la región a diversificar sus economías, fortalecer las cadenas de valor y mejorar la productividad.

Por ALESSANDRO GOLOMBIEWSKI TEIXEIRA. El autor es exministro de Turismo de Brasil, profesor distinguido de la Universidad Tsinghua y profesor de la Universidad China de Hong Kong (Shenzhen). Esta es una versión traducida y abreviada de un artículo publicado en China Daily. Las opiniones no reflejan necesariamente las de China Daily.

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